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Regreso

El Inclusero vuelve a torear a sus 80 años: "Busco un instante de felicidad"

Compartimos una jornada de entrenamiento con el maestro en el Monte Tossal y junto a su banderillero de confianza, Sergio El Pisa, antes de hacer el paseíllo en Alicante: "No tengo miedo ni preocupación, pero sí existe la responsabilidad"

Gregorio Tébar Pérez, 'El Inclusero' torea de salón con Sergio El Pisa en Alicante.

Gregorio Tébar Pérez, 'El Inclusero' torea de salón con Sergio El Pisa en Alicante. / R.Peris

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Jaime Roch

Jaime Roch

Alicante

Gregorio Tébar Pérez, 'El Inclusero', volverá a hacer el paseíllo esta tarde en la plaza de toros de Alicante a sus 80 años. Un presagio hecho, más bien, de anhelos e ilusiones de quien fue uno de los toreros más respetados por la afición de Madrid, y que él mismo anunció en primicia en la entrevista publicada en el Extra de Fallas de Levante-EMV, durante la Feria de Fallas, cuando se cumplía el sesenta aniversario de su alternativa, celebrada el día de San José de manos de Antonio Ordóñez y con el toro 'Jovenzuelo' del Marqués de Domecq: "Siento que debo volver a torear, nunca me retiré", afirmó en ese momento.

Y ese sentimiento lo cumplirá esta tarde, cuando vuelva a torear en la plaza de Alicante tras 20 años sin hacerlo. La última vez, vestido de luces, fue el 19 de junio de 2006 ante la exigente ganadería de Cebada Gago en ese mismo ruedo, cuyo vestido tabaco y oro se encuentra en el Museo Taurino de allí, también junto a aquel 'Jovenzuelo': "Hace 60 años de mi alternativa y justamente también 20 de la última vez que toreé en Alicante, la que es una de mis plazas junto a Las Ventas", señala.

El renacimiento emocional

El maestro conserva intacto el deseo de ponerse delante del animal bravo, de sentir la llamada definitoria de la ilusión por volver a torear y experimentar una especie de renacimiento emocional de un hombre que camina de frente y por derecho con un concepto clásico del toreo tan indudable como de obligada vigencia.

Un gran natural de El Inclusero durante su entrenamiento.

Un gran natural de El Inclusero durante su entrenamiento. / R. Peris

Así que esta tarde desempolvará su expresión, como quien rescata un tesoro, para volver a mostrarla ante la afición de Alicante dentro de un tentadero público con reses de Zacarías Moreno junto a sus amigos y maestros como Carlos Escolar, conocido como Frascuelo, Antonio Sánchez Puerto y Juan Antonio Esplá, además de algunos alumnos de la Escuela Taurina de Alicante.

La visita a su madre

Sus rutinas no cambiarán. Este domingo, el maestro se levantará a primera hora, como siempre, a las ocho de la mañana y, antes de ir a la plaza a torear de salón para "soltar las muñecas", pasará por el cementerio de Alicante para ver la tumba de su madre, quien nunca le vio torear vestido de luces, pero ya aventuró que iba a ser torero de niño, cuando pegaba pases con las toallas en casa: "Fui torero por mi madre, porque ella lo decía. Al año de morir, debuté en Alicante como becerrista, con 15 años. Mi gran pena es que no me vio torear", dice.

El Inclusero ha preparado el día como siempre se preparó: con pocos tentaderos y muchas horas de toreo de salón. Él siempre ha entrenado en una pinada, en el Monte Tossal de Alicante, donde la evolución técnica y expresiva de un gran reserva de pureza como él impacta a los que pasean por al lado.

Junto a su banderillero de confianza, Sergio El Pisa, quien hará el paseíllo esta tarde con él, ha preparado el compromiso. Aunque en un primer momento se ofreció él mismo para torear en la próxima Feria de Hogueras, la opción no llegó a concretarse. Él nunca ha dejado de entrenar, está bien físicamente y quería un toro para abrir plaza, al modo en que lo hacen los rejoneadores. Pero, a sus 80 años, los empresarios Nacho Lloret y Luisma Garrido optaron por la cordura finalmente y montaron este homenaje al lado de maestros contemporáneos.

"Busco un instante de felicidad", asegura con los trastos en la mano. Ese es su único propósito: "Que las reses medio nos ayuden... y nos reencontremos con esa felicidad".

El Pisa embiste con los pitones y al maestro le fluye el toreo como una forma natural de expresión, casi como una manera de respirar. Solo en el toreo de salón, el maestro ofrece un recital de muñecas. "Habrás visto -nos dice- que, sin retorcerme, he mandado la embestida muy lejos".

Y es cierto. Apenas con el juego de sus muñecas hizo literalmente lo que quiso. La precisión y la suavidad de los toques, la colocación exacta, el compás de la cintura y esa personalidad vertical, honda y misteriosa desembocaron en un toreo deslumbrante.

El maestro Inclusero y el banderillero Sergio El Pisa

El maestro Inclusero y el banderillero Sergio El Pisa / R. Peris

El dominio de los trastos

Así que el maestro torea mucho de salón porque el dominio de los avíos que exhibe sigue siendo magistral a los ochenta años. "No tengo miedo ni preocupación, pero sí existe la responsabilidad del nombre, de lo que uno ha sido como torero porque van a venir muchos amigos a vernos", aclara.

Cada torero es distinto por su manera de sentir. Ahí es donde se eleva la dimensión del toreo, donde se revaloriza y alcanza la expresión más amplia de su concepto. En el caso del maestro El Inclusero, con esa singularidad nace de la unidad de un estilo clásico, del ejercicio de una forma de torear largamente asentada en su interior y, sobre todo, de la pureza con que interpreta cada suerte. Mucha suerte.

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