La Fira del Llibre certifica el auge de las librerías de barrio en València: “En diez días hemos facturado como en dos meses”
La Fira del Llibre de València confirma la tendencia del auge de las librerías independientes y el interés por géneros como la literatura romántica en una edición sin récord de ventas por las lluvias

Colas, lluvia ligera y presentaciones simultáneas: la Fira del Llibre mantiene el tirón del domingo / Eduardo Ripoll

La Fira del Llibre de València ha cerrado una edición calificada como “positiva” por su organización, tras superar los 500.000 visitantes y mantener unas ventas globales en torno al millón de euros. Pese a no haber superado el récord de ventas de la edición anterior, el balance tiene todavía más valor si se tiene en cuenta que la lluvia obligó a cancelar actividades en jornadas clave, como el 1 de mayo o la mañana del último sábado. Pese a ello, el certamen volvió a demostrar su capacidad de resistencia y confirmó una tendencia que gana peso en la ciudad: el papel cada vez más relevante de las librerías independientes de barrio.
La Fira continúa consolidándose como la cita cultual más importante de València, con invitados internacionales como Leïla Slimani o Zülfü Livaneli y una programación que ha vuelto a atraer a miles de lectores a los Jardines de Viveros. Pero, junto a los grandes nombres, esta edición ha dejado otro síntoma significativo: el debut de siete librerías de distintos barrios de València abiertas en los últimos años. Arribada, Terramar, La Librería de Campanar, Durindaina, Pueblo Lector Contexto Queer y La Madriguera se han incorporado por primera vez al certamen, reforzando el carácter librero de una feria que, según su director, Pau Pertegaz, basa buena parte de su singularidad en el protagonismo de los proyectos independientes frente al peso habitual de los grandes grupos editoriales.
Arraigo y ventas
Situada en el barrio de Arrancapins, La Madriguera abrió sus puertas en diciembre de 2023 pero sus fundadoras, Miriam Bisbal y Bárbara Pérez, no habían formado parte aún a la Fira porque se sentían todavía “muy novatas”. El año pasado aún tuvieron la sensación de que el salto podía quedarles grande. Pero esta vez decidieron apostar fuerte. “Este año ya sí que sí, este año teníamos que ir con todo”, explica Bisbal.
La experiencia, asegura, ha superado sus expectativas. “Ha sido muy chula, no solo a nivel de ventas o de facturación”, señala. Para La Madriguera, la Fira ha funcionado como una prueba de arraigo, ya que muchas personas que acuden habitualmente a la librería fueron expresamente a buscarlas a su caseta, pese a estar en una zona del recinto algo más apartada. “Nos ha dado mucha alegría ver que sí se nos conoce en el barrio y que sí se nos aprecia”, afirma Bisbal. También ha servido para llegar a lectores que viven cerca del local pero que todavía no sabían de su existencia: “Cuando les decíamos dónde estábamos, nos respondían: ‘Uy, si sois del barrio’”.
La dimensión económica tampoco es menor. Para una librería pequeña, participar en la Fira implica una inversión considerable de tiempo, energía y recursos. En el caso de La Madriguera, la presencia en Viveros obligó a cerrar durante esos días el establecimiento físico. Aun así, el esfuerzo ha compensado. “En diez días has hecho la facturación quizá de dos meses”, resume Bisbal. Para un proyecto joven, esa inyección puede marcar la diferencia entre la mera supervivencia y la posibilidad de consolidarse. “Por nuestro primer año ha sido impresionante. No tenemos con qué comparar, pero estamos contentísimas”, añade.
El auge del nicho romántico
La Madriguera nació con una apuesta clara por la literatura romántica, la fantasía y el llamado romantasy, géneros que en ocasiones siguen siendo mirados “por encima del hombro” desde determinados sectores culturales, pero que hoy movilizan a una parte muy importante del público lector, especialmente joven. La Fira ha vuelto a evidenciarlo con firmas multitudinarias de autoras como Joana Marcus o la valenciana Alice Kellen, capaces de reunir colas durante horas. “Muchas veces se mira este tipo de literatura con recelo en cuanto a nivel literario, pero mueve muchísimo dinero y muchísimo público”, defiende Bisbal.
Para la librera, el éxito de estos géneros no puede explicarse solo como una moda comercial. Hay, sostiene, una búsqueda de evasión, pero también de identificación emocional y de comunidad. “Es una vía de escape”, apunta. A su juicio, se trata de libros escritos de una forma “más sencilla, más accesible y más atractiva”, con protagonistas con los que los lectores jóvenes pueden empatizar. Frente a una enseñanza literaria que a menudo ha presentado los clásicos como una obligación, estas lecturas ofrecen una puerta de entrada más cercana. “Cuando en el colegio se ha metido la literatura a piñón, mucha gente acaba pensando que leer es aburrido”, reflexiona.
Bisbal considera que ese auge lector también está relacionado con la dimensión social que se ha creado alrededor de estos libros. Las redes, las recomendaciones entre amigas, las firmas de autoras y los clubes de lectura han convertido la lectura en una experiencia compartida. “Hay mucha gente que ha empezado a leer para sentirse parte de este fenómeno”, señala. Igual que otros jóvenes encuentran comunidad en el deporte, la música o las fiestas populares, otros la encuentran ahora en los libros, en las sagas y en las conversaciones que se generan alrededor de ellas.

José Manuel López
"Bajar los decibelios"
Esa idea de comunidad está en el centro del proyecto de La Madriguera y, según Bisbal, ayuda a entender por qué están surgiendo nuevas librerías de barrio en València. No se trata únicamente de abrir comercios, sino de construir lugares donde bajar el ritmo. “Creo que surge un poco de la necesidad de bajar los decibelios”, explica. “Nosotras no nos planteamos la librería como un sitio de consumo sin más, sino como un lugar de encuentro”. En su local tienen una zona de lectura de acceso libre, donde no es necesario comprar ni consumir. El objetivo es que cualquier persona pueda entrar, sentarse, leer o charlar.
Pese al cansancio acumulado tras diez días de feria, La Madriguera ya piensa en la próxima edición. “Ha sido una experiencia muy cansada, pero muy gratificante”, admite Bisbal. Tanto, que en la librería apenas han necesitado unos días para imaginarse de nuevo en Viveros. “Una semana de descanso y enganchamos otra”, dice.
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