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El Palau de la Música estrena una Medea inmersiva: “El público no saldrá igual que ha entrado”

El compositor Sánchez-Verdú redefine la figura de Medea a través de textos de Chantal Maillard, explorando el mito desde una perspectiva contemporánea y femenina

José María Sánchez-Verdú, Vicente Llimerá y Nieves Pascual en la presentación de "Medea".

José María Sánchez-Verdú, Vicente Llimerá y Nieves Pascual en la presentación de "Medea". / Palau de la Música

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

El Palau de la Música acoge este viernes a las 19.30 horas, en la Sala Iturbi, el estreno absoluto de Medea, una obra encargo del auditorio valenciano al compositor José María Sánchez-Verdú, residente de la temporada 2025-2026. La partitura, que se escuchará en la segunda parte de un programa que se abrirá con la Sinfonía n.º 1 en Do mayor, op. 21 de Beethoven, supone una de las grandes apuestas del Palau por la creación contemporánea y por una forma de entender el concierto como experiencia escénica, física y sonora.

Aunque lo sencillo sería presentar Medea como una ópera, sus responsables han insistido este martes en la rueda de prensa en que no debe entenderse como tal. Nieves Pascual, subdirectora de Música del Palau, ha sido clara al definirla como un “monodrama”, es decir, una obra para una sola figura en escena, la soprano Ángeles Blancas, y una orquesta que no acompaña de forma tradicional, sino que actúa como una suerte de coro griego. “No es la historia del asesinato, sino el monólogo interior de Medea después de él”, ha explicado Pascual. Llamarla ópera, ha añadido, sería “simplificar” y reducir una propuesta que parte de la voz, del cuerpo, de la memoria y de la expansión del sonido por toda la sala.

Todas las caras de Medea

La obra, de unos 43 minutos de duración, se adentra en la figura de Medea a través de los textos de la poeta y filósofa Chantal Maillard, cuya mirada permite proyectar el mito “desde otro lugar”, según ha señalado su compositor. Sánchez-Verdú, profundo conocedor y amante de la antigüedad grecolatina, ha explicado que su trabajo suele nacer del diálogo con fuentes de pensamiento y tradiciones culturales diversas. En esta ocasión vuelve al mundo griego, a “las raíces de la gran tradición europea de la tragedia”, pero lo hace a través de una lectura contemporánea en la que Medea mira hacia atrás desde una especie de futuro o de más allá.

La protagonista ya no aparece únicamente como la asesina fijada por la tradición. Es extranjera, maga, amante, mujer traicionada, víctima y verdugo; un personaje icónico sometido a una nueva lectura. Ángeles Blancas ha destacado precisamente ese acercamiento “muy femenino” al texto de Maillard y a una figura atravesada por el dolor. “Medea no es solo una asesina”, ha subrayado la soprano, que ha descrito la obra como un viaje de enorme exigencia vocal y emocional. Su papel no se limita al canto: la voz también, habla, susurra y respira, se encarna en el cuerpo y en el desplazamiento por el espacio. Blancas, en palabras del propio Sánchez-Verdú, es “el centro de la obra”.

Una propuesta inmersiva

Una de las claves de Medea será precisamente su dimensión inmersiva. No se trata de una obra planteada para que el público contemple desde fuera, sino para que se sienta dentro de un espacio escénico ampliado que ocupará toda la Sala Iturbi. La cantante se desplazará por el auditorio y también lo harán algunos instrumentistas. Varios metales se moverán durante la tercera parte, otros músicos estarán situados en la primera fila del anfiteatro y cuatro oboes se ubicarán junto al órgano, para que funcionen como evocación de los “aulós”, la antigua flauta griega de dos tubos. “El público tendrá la sensación de estar en un espacio escénico inmenso que es toda la sala”, ha afirmado Pascual.

Sánchez-Verdú concibe la música como una reflexión sobre el espacio. Por eso la orquesta se transforma y se expande, que no solo produce sonido desde el escenario, sino que genera trayectorias, presencias y rituales de movimiento. En distintos momentos, los instrumentos pueden sugerir una rueca, un carro alado o una materia sonora que rodea al espectador. Medea, según la lectura del compositor, vuelve del mundo de los muertos y al final abandona el espacio. La orquesta, entonces, se convierte en ese carro alado que la acompaña en su salida. “El público se queda dentro porque los instrumentos salen fuera”, ha resumido Sánchez-Verdú al describir el efecto buscado.

La Orquesta de València ensayando con la soprano Ángeles Blancas.

La Orquesta de València ensayando con la soprano Ángeles Blancas. / Palau de la Música

Esta experiencia, ha defendido Pascual, busca alterar la escucha habitual de una formación sinfónica. “El público no va a escuchar el sonido sinfónico sino los instrumentos tradicionales escuchados de otra manera”, ha señalado. De ahí que la propuesta vaya más allá del concierto convencional y plantee una relación distinta entre música, escena y auditorio. “Esto va a tocar al público, no saldrá igual que ha entrado”, ha asegurado la subdirectora del Palau.

Entre los elementos más singulares de la partitura destaca la presencia del carnyx, un instrumento celta de la Edad del Hierro, descrito por Sánchez-Verdú como “prehistórico” y asociado a un sonido capaz de causar pavor a los enemigos en la batalla. Para este estreno se ha traído una reconstrucción fidedigna del instrumento, inspirada en hallazgos vinculados al mundo celta. Su aparición no es un simple exotismo tímbrico, sino parte de esa búsqueda de una sonoridad arcaica, ritual y perturbadora que conecta con la violencia simbólica del mito.

Compromiso contemporáneo

El director gerente del Palau, Vicente Llimerá, ha enmarcado el estreno dentro del compromiso del auditorio con la creación contemporánea y con la figura de Sánchez-Verdú, a quien ha definido como uno de los compositores más importantes del país. “Sin creación contemporánea la cultura se quedaría estanca y seríamos una institución del pasado”, ha afirmado. Para el compositor, la residencia en el Palau tiene además un valor especial porque la figura del compositor residente no está asentada en España como sí ocurre en otros contextos europeos. La ha calificado como una apuesta “loable” y una oportunidad para que el creador dialogue con una institución, con sus músicos y con su público.

Medea es la tercera gran presencia de Sánchez-Verdú en esta residencia. La temporada comenzó con el estreno en España de Mural, en el primer concierto de abono, y continuó con la interpretación de Paraíso cerrado dentro de Cambra al Palau. Alexander Liebreich, director titular y artístico de la Orquesta de València, ha celebrado la presencia de Sánchez-Verdú como compositor residente y vinculó este proyecto con una tradición europea en la que los grandes compositores forman parte de la vida musical ordinaria, no como excepción sino como necesidad. En cuanto a Medea, Liebreich ha admitido que se trata de una obra de gran complejidad, con una orquesta muy amplia y una disposición poco habitual, pero ha defendido que la formación está preparada para asumir el reto. “Es mi pasión la música contemporánea”, ha afirmado.

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