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Festival

Miguel Torres, copropietario del Bigsound: "Hemos sentido un abandono total por parte del Ayuntamiento de València"

Los promotores del Bigsound defienden que la limitación acústica de la Ciutat de les Arts hacía inviable el festival, descarta devoluciones al no considerar sustancial el cambio de recinto y asegura que Torrent ofrece más espacio, mejores condiciones técnicas y garantías de movilidad.

Miguel Torres

Miguel Torres / Bigsound

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

¿Por qué ha tomado el Bigsound la decisión de trasladarse desde València hasta Torrent?

Porque nos sentimos desamparados jurídicamente. No tenemos ninguna garantía ni un pronunciamiento del juez, ni tampoco del propio recinto, de que el festival se pueda realizar allí con normalidad. Hasta el momento, la única normativa que nos han comunicado es la de los 85 decibelios. Hemos consultado con artistas, equipos técnicos e ingenieros de toda Europa, y la respuesta es la misma: eso no son condiciones para un evento musical; directamente, no se puede hacer. No podíamos esperar más por un tema de permisos, proveedores y respeto al usuario.

¿Se exploraron otras alternativas dentro de la ciudad de València?

Sí, pero la realidad es que en València ciudad no existen recintos con esta capacidad. La Marina Sur está en obras y el espacio disponible solo permitía 11.000 personas, y aunque nos ampliaba 6.000 más si la juntábamos con la Marina Nord, el puente para unirlas no se podía abrir hasta las 19.00 horas. El estadio del Levante solo permite 9.000 personas de pie y el resto en gradas, lo que cambia la esencia del festival. Miramos otros solares como el de los Docs del puerto, pero son de uso privado y no aceptaron o no reunían los metros necesarios. Torrent es el que más metros tiene, el más cercano a València y el que mejores accesos facilita.

El desplazamiento fuera de la capital es la mayor preocupación de los asistentes. ¿Cómo van a garantizar que puedan ir y volver de forma segura?

Hemos conseguido medidas excepcionales. El metro abrirá hasta las 3:30 de la mañana, algo que ni siquiera se había hecho para eventos en la Ciutat de les Arts. Además, habilitaremos autobuses lanzadera en colaboración con la Generalitat y vamos a dar un descuento de 10 euros a todos los compradores para servicios de taxi, con una parada especial en el recinto. Para quienes prefieran el coche, dispondremos de 4.000 plazas de parking gratuito. Queremos que la gente lo tenga lo más fácil posible.

¿Por qué no habrá devolución de entradas para quienes no acepten el cambio de ubicación?

Al consultarlo con abogados y organizaciones de consumidores, nos indican que no se abrirá un periodo de devolución porque no se considera un cambio sustancial. Es un cambio derivado de una imposición judicial para poder dar el producto que la gente compró, que es un festival que se escuche bien. Se mantienen los días, los horarios y los artistas. No obstante, hemos habilitado una plataforma en nuestra web para que la gente pueda vender sus entradas de forma segura y el cambio de nombre será gratuito hasta junio.

¿Será Torrent la sede definitiva del Bigsound?

La intención es quedarnos y fijar este recinto. En València, la normativa acústica actual no permite desarrollar un festival como consideramos que debe ser. Torrent es la mejor opción: es la más grande y cercana. Pasamos de un recinto de unos 25.000 m² a uno de 40.000 m². Es lo que ocurre con grandes sedes en Madrid o Barcelona, que se sitúan en municipios cercanos a las afueras donde hay espacio para grandes eventos.

¿Qué cambios notará el público en cuanto a la producción del festival?

El cambio es brutal. Teníamos tres escenarios (dos principales y uno pequeño) y ahora ampliamos a seis. El recinto va a parecer Disneyland Paris cuando la gente vea el plano, organizado por zonas. Habrá muchas más zonas de restauración, más baños, zonas verdes y de descanso que en Cacsa no teníamos, y puntos de agua potable ya instalados. Mantenemos a todos los artistas y añadiremos algunos DJs y sorpresas más para estos nuevos escenarios.

¿Cómo han reaccionado los artistas ante el cambio de ubicación?

La disposición ha sido total porque ninguno quería tocar en Cacsa con la normativa de los 85 decibelios. Muchos de los grandes artistas tienen por contrato un mínimo de sonido de entre 96 y 104 decibelios. Ayer mismo hablaba con los managers de Bisbal y me decían: "Tío, cambiaros, qué necesidad hay de estar limitados". Saben que con 85 decibelios la gente no escucharía nada y sería un caos.

¿Cómo ha sido vuestra relación con el Ayuntamiento de València y la Generalitat desde que se publicó la sentencia por las molestias a los vecinos?

Por parte del Ayuntamiento sentimos un abandono total. No han accedido a sentarse con nosotros ni han intentado mediar con los vecinos o acogerse a la excepcionalidad. Es una pena que no se valore el impacto económico y turístico que traemos a la ciudad; parece que no les importa perder esa facturación para hoteles y hostelería. Con la Generalitat ha sido distinto: aunque ha habido un silencio en las dos últimas semanas esperando al juez, ellos sí se han sentado con nosotros y nos han ayudado activamente con el tema del metro y las lanzaderas.

¿Y qué tal ha sido el recibimiento en Torrent?

La predisposición de la alcaldesa y su equipo ha sido total desde el día uno. Valoran el efecto positivo de un festival así y están muy contentos de que estos nombres internacionales lleguen a su municipio. Además, hemos firmado un acuerdo para que todas las contrataciones de personal se hagan a través de su empresa pública de empleo para favorecer a los desempleados de Torrent.

Después de cinco ediciones en la Ciutat de les Arts, ¿qué siente al marcharse de ahí?

Siento tristeza y decepción porque València no ha sido capaz de proteger esto ni de valorar su impacto. Pero como promotor, siento la alegría de ir a un municipio que sí nos quiere y donde vamos a poder ofrecer las condiciones de sonido y espacio que el público se merece. Al final, hemos peleado por tener taxis, metro y todo lo necesario para que la gente esté bien.

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