Museo de la Ciudad
El Museo que recupera la luz con Sorolla
La restauración integral de la Sala La Serre, con el cambio de su cúpula y la mejora de la fachada, devolverá la luz natural a este espacio emblemático del museo valenciano

Esteban San Canuto / Fernando Bustamante

Hay edificios que no solo acogen obras de arte. Guardan memoria, silencios, huellas de otras épocas. El Museo de la Ciudad, instalado desde 1989 en el Palacio del Marqués de Campo, es uno de esos lugares. En pleno corazón histórico, en la plaza del Arzobispo, el antiguo palacio ultima su puesta a punto para convertirse, aunque sea de manera temporal, en la casa de más de 200 obras de Joaquín Sorolla procedentes de la Hispanic Society of America.

Fachada del Museo de la Ciudad / Fernando Bustamante
El día de hoy invita, además, a mirarlo con otros ojos. Mañana, 18 de mayo, se celebra el Día Internacional de los Museos, una jornada que reivindica el papel de estos espacios como lugares de memoria, conocimiento y encuentro. Y pocas oportunidades parecen tan adecuadas como esta para redescubrir este espacio.
La llegada de la obra de Sorolla, prevista para los próximos meses y que se podrá contemplar en el último trimestre del año, supone mucho más que una exposición. Es un reencuentro. Más de un siglo después de la muerte del pintor, València volverá a mirar de cerca la obra de uno de sus hijos más universales. Sorolla regresará a la ciudad que lo vio nacer, a la luz que marcó su pintura y a los escenarios que inspiraron muchas de sus obras. Ya no hará falta viajar a Nueva York o a Madrid para contemplar parte de ese legado: la obra del maestro de la luz se instalará en su tierra.

Sala La Serre, unos de los espacios en los que se expondrá la obra de Sorolla / Fernando Bustamante
Pero antes de abrir sus puertas a Sorolla, el museo ha tenido que cuidarse a sí mismo. Las obras de conservación, mantenimiento y restauración de la Sala La Serre y de otros espacios del edificio se están ultimando con una inversión municipal de 350.841,07 euros, adjudicada a la empresa Llop Proyectos Integrales S.L. La actuación, con un plazo previsto de cinco meses, coincide con la llegada de los fondos, que por esas casualidades que la vida ofrece, se exhibirán en el Museo de la Ciudad mientras se habilita el Palacio de Comunicaciones, futura sede definitiva del Museo Sorolla en València.

concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno / Fernando Bustamante
El concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno, explica que las obras afectan, por un lado, a la fachada y al patio interior, con un objetivo “más estético y de consolidación” para mantener en buenas condiciones un edificio que es Bien de Interés Cultural. Pero subraya que la intervención más relevante se concentra en la Sala La Serre, donde se acomete una reforma integral, con el cambio de la cúpula y el acondicionamiento del espacio.

Patio interior del Museo de la Ciudad / Fernando Bustamante
El objetivo, resume Moreno, es mejorar este palacete “tan emblemático” y hacer que “el museo se ponga guapo” para recibir a los Sorolla. La idea, añade, es que el espacio esté en mejores condiciones y que los valencianos “se sientan más orgullosos de sus museos, de sus espacios expositivos y de esa gran exposición”.
La intervención tiene algo de gesto simbólico: arreglar la casa antes de recibir al invitado ilustre. O, como plantea el propio edil, prepararla para el regreso de una suerte de hijo pródigo. “Un poco sí”, admite Moreno. Aunque matiza que, más que el pintor, lo que vuelve es “la obra pródiga”, piezas que han permanecido en Estados Unidos y que ahora regresan de alguna manera a casa. Muchas de ellas, recuerda, han estado muy pocas veces en València, e incluso algunas nunca, lo que permitirá seguir descubriendo a Sorolla como “un referente artístico, cultural y social” para la ciudad.
Obras en una pieza patrimonial de gran valor
El Palacio del Marqués de Campo, declarado Bien de Interés Cultural en 2007, es una pieza patrimonial de gran valor. Su arquitectura señorial combina la memoria barroca de la fachada, el patio y la escalinata con cúpula decorada por esgrafiados, y el eclecticismo clasicista diseñado por el maestro de obras Manuel Ferrando. Para Moreno, esa solera convierte el museo en un lugar especialmente adecuado para acoger esta etapa temporal del legado sorollesco. El palacete, apunta, tiene “más historia” y forma parte de la propia historia de la ciudad. Por eso, sostiene, es un espacio que “marida muy bien” con este tipo de pintura, del mismo modo que ya lo han hecho otras exposiciones recientes como las dedicadas a Vergara o Benedito.

Sala La Serre donde se expondrán piezas de Sorolla / Fernando Bustamante
En ese edificio monumental, la Sala La Serre ocupa un lugar especial. Es uno de los espacios más singulares y, al mismo tiempo, más desconocido del museo. Durante años, las filtraciones de agua han dañado su cubierta y han amenazado tanto al edificio como a las obras que custodia. El proyecto técnico señalaba que la cubierta exterior había perdido prestaciones y presentaba goteras importantes, hasta el punto de poner en riesgo la conservación de cuadros de gran formato procedentes de la iglesia de Santa Rosa de Lima. Por eso, los trabajos que ahora encaran su recta final no son solo una mejora arquitectónica. Son una operación de cuidado. El objetivo ha sido detener los daños provocados por el agua, evitar un deterioro mayor y devolver dignidad a un espacio llamado a recuperar protagonismo. El pliego técnico subrayaba la necesidad urgente de intervenir para reparar las entradas de agua que afectaban tanto al inmueble como a las obras de arte, además de corregir grietas, fisuras y otros deterioros mediante criterios de conservación preventiva.
La principal actuación se ha centrado en la renovación de la envolvente exterior de La Serre. La antigua cubierta de placas de poliéster reforzado con fibra de vidrio ha sido sustituida por una nueva cobertura de paneles metálicos tipo 'sándwich' con aislamiento, una solución pensada para mejorar la estanqueidad y proteger la sala de futuras filtraciones.

Cubierta de la sala La Serre / Fernando Bustamante
Pero quizá uno de las partes más vistosa sea la recuperación de la cubierta interior original de La Serre, formada por piezas de vidrio curvado y viguetas de madera. Durante años, este techo acristalado permaneció oculto tras una lona, casi como una joya escondida dentro del propio museo. Ahora, con los trabajos prácticamente culminados, esa estructura vuelve a ponerse en valor y la sala recupera una parte esencial de su identidad.
En un museo que va a acoger a Sorolla, esa recuperación de la luz tiene una fuerza especialmente poética. Moreno lo expresa en esos términos al recordar que la cúpula acristalada y translúcida de La Serre “va a recuperar ese origen, ese esplendor que debería tener” y la luz natural que originalmente entraba por ella. La sala, deteriorada y sucia durante años, volverá así a abrirse a una claridad que dialoga con la pintura del maestro valenciano.

Fachada acristalada / Fernando Bustamante
También se está actuado sobre la fachada acristalada de La Serre. La anterior, ejecutada en 1988, presentaba más de un 25% de vidrios rotos, sellados deteriorados y problemas de estanqueidad. La solución prevista ha sido instalar un nuevo muro cortina acristalado, de imagen similar pero técnicamente más eficiente, para conservar la estética del edificio protegido y mejorar el aislamiento térmico y acústico de la sala. Además, el proyecto incorpora un sistema de oscurecimiento regulable para adaptar la luz a las necesidades expositivas.
La puesta a punto ha alcanzado también otros puntos como la reparación de grietas y fisuras en la fachada recayente a la calle Harina, la consolidación de cornisas, balaustradas y elementos de remate de la fachada principal, la restauración de las carpinterías de madera del mirador del patio interior y de las ventanas de la primera planta, así como la limpieza y repintado de la cerrajería de forja de los portones de acceso.
El gran reto del museo
Ese es, precisamente, uno de los grandes retos de esta nueva etapa: que los valencianos redescubran el Museo de la Ciudad. Porque el centro no solo será la sede temporal de los Sorolla durante aproximadamente un año largo, también es depositario de un patrimonio municipal de enorme valor, con colecciones históricas, artísticas, arqueológicas y etnográficas que explican el devenir sociocultural de València. Su colección pictórica, integrada en buena parte por artistas valencianos desde el siglo XV hasta la actualidad, permite recorrer siglos de temas, estilos y miradas sobre la ciudad.
La llegada de Sorolla puede actuar como revulsivo. Puede atraer nuevas miradas hacia un museo que, pese a ser considerado una joya municipal, todavía aspira a ser más conocido. El 'efecto Sorolla' ya empieza a sentirse y son muchos los visitantes que se acercan al museo atraídos por la futura exposición.

Primera planta ya preparada para acoger la obra de Sorolla / Fernando Bustamante
Para José Luis Moreno, Sorolla “nunca se ha ido” de la cultura valenciana. Ha estado siempre presente en exposiciones, conferencias, publicaciones y en el imaginario colectivo de la ciudad. Pero esta llegada supone “un impulso más” y, sobre todo, la recuperación de un viejo anhelo: una casa estable para Sorolla en València. El edil sostiene que el futuro Palacio de Telecomunicaciones permitirá materializar “esa anhelada casa, ese anhelado Museo Sorolla” que la ciudad ha deseado durante mucho tiempo.
Los fondos procedentes de la Hispanic Society of America incluirán óleos, guaches, dibujos, fotografías, esculturas y correspondencia personal del artista. La intención es ofrecer un retrato íntimo y poco común de Sorolla: no solo del pintor consagrado, sino también del hombre, de su mundo afectivo, de sus viajes, de sus vínculos y de la influencia que proyectó más allá de España.
Una veintena de salas ya esperan para acoger y exponer los dos primeros lotes, 'Sorolla Español' y 'Sorolla Americano', mientras el tercer 'dormirá' en el altillo del museo pero se expondrá directamente en el Palacio de Comunicaciones. Sin embargo, Moreno recuerda que algunas piezas vinculadas a Sorolla y propiedad municipal, como el busto del pintor y alguna obra del Ayuntamiento, sí permanecerán en este museo con lo que el paso de Sorolla por el Palacio del Marqués de Campo dejará huella.

Escalinata interior para conectar las salas / Fernando Bustamante
Mientras tanto, el Museo de la Ciudad apura los últimos detalles. Sus muros han sido reparados, sus cubiertas protegidas, sus carpinterías restauradas y su Sala La Serre vuelve a recuperar la luz que tenía escondida. Lo que empezó como una intervención urgente contra el deterioro se ha convertido también en una forma de respeto: hacia el edificio, hacia las colecciones que custodia y hacia los visitantes que pronto lo recorrerán.
Este 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, la invitación parece clara: entrar en el Museo de la Ciudad no solo para contemplar lo que guarda, sino para entender lo que representa. Un palacio que también ha sobrevivido al tiempo, que ha sido casa señorial, memoria urbana y museo municipal. Un espacio que, aunque de forma temporal, ahora se prepara para recibir a Sorolla como merece.
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