Concierto
El reto sinfónico de La Habitación Roja: "Va a ser difícil contener las lágrimas"
La banda de l'Eliana se prepara junto a los músicos de la Orquesta de València bajo la batuta de Daniel Abad para un concierto único este viernes en el Palau de la Música

Francisco Calabuig

Han pasado unos cuantos años y unas cuantas cosas desde aquel invierno de 2003 en el que La Habitación Roja se subió al escenario de la sala Joaquín Rodrigo del Palau de la Música para interpretar su repertorio acompañada por una violonchelista. Han pasado discos, giras, canciones, glorias y miserias del oficio, tres décadas de independencia y una fidelidad obstinada a una manera de entender la música. Este viernes la banda regresará al Palau, pero ya no a la Joaquín Rodrigo, sino a la sala Iturbi, y no con un chelo como aliado, sino con los más de 60 músicos de la Orquesta de València bajo la dirección de Daniel Abad.
El primer contacto este miércoles entre los miembros del grupo de l'Eliana y los maestros de la orquesta ha tenido algo de encuentro entre dos especies animales que se observan y se calibran porque han de compartir territorio. A Jose Marco, el batería, le ha tocado encerrarse entre paneles para que el golpeo no desconcierte a los violinistas. Endika Martín, pianista de la banda y músico de conservatorio, parece moverse con algo más de naturalidad en ese entorno que Jorge Martí, Pau Roca y Marc Greenwood, que empuñan guitarras y bajo rodeados por atriles, partituras y una liturgia sonora muy distinta a la del rock. “Crear siempre es mejor que destruir”, anuncia el director. No es una reflexión filosófica, sino el título de una canción. La música arranca y de pronto parece que las dos especies han estado siempre destinadas a convivir.

Partitura con los arreglos orquestales de una de las canciones de La Habitación Roja. / Francisco Calabuig
El primer día de ensayo
El aterrizaje, reconoce Martí, no ha sido sencillo. La banda necesitaba cajas acústicas, monitores y una mezcla que le permitiera encontrar su sitio dentro de una maquinaria sinfónica en la que nada puede quedar al azar. “Son 60 músicos y ellos lo llevan todo por partitura; tiene que estar todo cuadrado a la perfección. No es como nosotros, que si queremos meter un compás más no pasa nada; aquí si te saltas lo mínimo, todo se descuadra”. Esa es quizá la primera gran lección para un grupo acostumbrado a la elasticidad del directo: con una orquesta, la emoción también se mide con precisión. Cada nota y cada silencio deben estar fijados. Y pese a eso, en medio de los ajustes, aparece la emoción.
El día anterior, los miembros de La Habitación Roja asistieron al ensayo de la orquesta sola, escuchando sus canciones sin ellos. “Nos emocionamos mucho”, reconoce Jorge. Habían dado libertad total a Daniel Abad para trabajar los arreglos y la sorpresa, según el cantante, ha sido comprobar que, lejos de desvirtuarlas, el director “ha enaltecido” las canciones. En “Crónico”, por ejemplo, el riff de guitarra aparece ahora armonizado por la orquesta. En “Las olas”, la guitarra española se transforma en arpa y adquiere, dice Martí, un aire “como de banda sonora de Danny Elfman para Tim Burton”.
El secreto que ya estaba
Para Daniel Abad, el secreto estaba ya en el material original. El director describe las canciones de La Habitación Roja como un dibujo “muy bonito” al que le han dejado añadir colores y texturas. “Las melodías y armonías son muy ricas, con segundas melodías y contrapuntos que me han ayudado a orquestarlas con un lenguaje sinfónico de manera muy natural”, explica. Durante cerca de tres meses, Abad y Martí han hablado por teléfono cada vez que nacía un arreglo nuevo. La voluntad, insiste Abad, no era crear dos bloques separados -banda por un lado, orquesta por otro-, sino un hilo conductor capaz de convertir el concierto en “un viaje musical y emocional” por los 30 años del grupo.
Ese viaje tendrá momentos íntimos, casi de cámara, y otros de gran despliegue, con toda la orquesta. Para Abad, incluso las canciones más rockeras han encontrado su lugar en el lenguaje sinfónico. “Estamos sorprendidos positivamente de cómo, incluso desde el primer día, ya sonaba casi como una banda sonora”, afirma. La actitud de los músicos de la OV también ha ayudado. “Se enfrentan a estilos no habituales con agradecimiento porque, al final, la buena música siempre es atractiva para cualquier músico”.
Martí esto lo ha percibido de cerca. Algunos intérpretes se han acercado para felicitar al grupo y al propio Abad por los arreglos. “Al final la música se abre camino”, dice. Para él, la experiencia ha servido también para entender de otra forma la figura del director de orquesta. “De pequeño pensaba que el director solo movía la batuta para lucirse, pero me he dado cuenta de que es el personaje principal, el que unifica todo para que fluya. Es como un entrenador”.

Jorge Martí y Daniel Abad. / Francisco Calabuig
"Va a ser difícil contener las lágrimas"
La comparación futbolística no se queda ahí. El concierto del viernes tiene para Martí una dimensión casi reparadora. En la sala estará Ingrid, su mujer, que no le ve actuar desde hace diez años. Ella, que sufre el síndrome de fatiga crónica, le había dicho que si alguna vez tocaba con una orquesta iría aunque después se encontrara mal durante varios días. “Va a ser difícil contener las lágrimas porque es como el chavalín que ha jugado al fútbol toda la vida y de repente debuta en Mestalla”.
El promotor Quique Medina también habla de sueño cumplido. El germen, recuerda, nació en 2019, tras una experiencia similar con el grupo Second y Daniel Abad. Aquello le dejó una idea fija: había que hacer algo así con “el grupo valenciano más emblemático del indie rock”. Se lo propuso al Palau y la respuesta fue inmediata. También encajaba con el deseo de la institución de atraer a públicos distintos. “Como promotor, ha sido un proceso diferente y muy bonito donde no miras el dinero, sino el decir 'lo vamos a conseguir'”.
El viernes se cerrará un círculo que comenzó hace más de dos décadas en una sala más pequeña del mismo Palau. Entonces bastaba un chelo para sugerir otra dimensión posible. Ahora, esa intuición se despliega con toda una orquesta. La Habitación Roja no llega a la música sinfónica como quien se disfraza para una ocasión solemne, sino como quien descubre que sus canciones guardaban dentro más habitaciones de las que parecía. Una actitud que les hace enfrentarse a la ocasión con una mezcla de orgullo, nervios y gratitud: “A medida que uno se hace mayor, vive estas cosas más intensamente”.

La Habitación Roja y la Orquesta de València. / Francisco Calabuig
Suscríbete para seguir leyendo
- Dos hermanos daneses se enamoran de los riuraus y compran y restauran el del Ferrandet de Benissa, del siglo XVII
- Una técnica de la CHJ declara ante la jueza de la dana que Emergencias debía consultar los caudales: 'Cualquiera podía ver los datos
- Un grupo de menores patea brutalmente a un feriante en Algemesí
- Algemesí lidera un repunte de la delincuencia en la Ribera que tiene en Sueca la única excepción
- El colapso de las residencias en la Safor deja 6.789 personas en lista de espera
- El segundo Gulliver del viejo cauce estará sentado en un castillo y abrirá a principios de 2027
- Valencianos en la gigafactoría de Volkswagen en Alemania: 'Estamos ante una oportunidad única
- La Audiencia de València confirma la imputación de Jorge Bellver, exconcejal de Rita Barberá en el caso Azud