Estreno
Dentro del Circo del Sol: la maquinaria humana que sostiene 'Alegría. Bajo una nueva luz'
La compañía canadiense instala en València la última parada europea de 'Alegría. Bajo una nueva luz', la reinvención de su espectáculo más emblemático. La gigantesca estructura itinerante donde trabajan un centenar de artistas, músicos, técnicos y cocineros que convierten cada función en una maquinaria milimétrica de acrobacia, teatro y fascinación visual para sostener uno de los mayores espectáculos del entretenimiento contemporáneo

Francisco Calabuig

No hay final para la sorpresa que produce ver a otro ser humano haciendo algo excepcional. Trepar, lanzarse al vacío, dar vueltas en el aire, jugar con fuego o sostener el equilibrio donde parece imposible. Todas y cada una de las disciplinas del circo se construyen precisamente sobre esa capacidad de desafiar los límites del cuerpo, y ahí reside la magia de un entretenimiento centenario que sigue apelando al asombro más primario. Ahí es donde el Circo del Sol -Cirque du Soleil, en su acepción original- se convirtió hace décadas en el gran motor de la industria. La compañía canadiense lleva más de cuarenta años perfeccionando un modelo de espectáculo coordinado al milímetro, donde con acrobacias, guion y música funcionan con una precisión casi quirúrgica para construir un universo capaz de fascinar al público de cualquier parte del mundo. Ahora recupera uno de sus montajes más emblemáticos, 'Alegría', en una versión renovada: 'Alegría, bajo una nueva luz'. El espectáculo clásico renovado para volver a sorprender.
El primer show en València será el día 22 de mayo, pero su estancia en la capital se prolongará hasta el 28 de junio. Esta residencia temporal en la ciudad mediterránea es simultánea a otros 17 espectáculos que este viernes se realizarán por todo el mundo, muestra de la potencia del entretenimiento en la que se han convertido, una revolución en el espectáculo contemporáneo que comenzó en las calles liderados por Guy Laliberté y ha terminado llenando recintos Arenas y ocupando todas las ciudades del mundo. Es la combinación perfecta entre teatro, música en directo, danza, acrobacia y narrativa visual, siendo pioneros además en la eliminación de los animales. Aquí solo hay personas que, en ocasiones, parecen superpersonas.
Son 45 artistas los que pasan por el escenario, pero el equipo completo que viaja por el mundo con 'Alegría. Bajo una nueva luz' son 119 personas, a las que se añaden 150 trabajadores más en cada ciudad que visitan, todos locales. Así, a lo largo de una mañana con ellos, uno puede escuchar varios idiomas, aunque es el inglés la lengua vehicular que une a venezolanos, estadounidenses, canadienses, franceses, ucranianos o españoles. Alrededor de la mitad del equipo fijo es el mismo que desde 2021, cuando la compañía atravesó una grave crisis financiera, se saneó y volvió a las carpas, donde ha renacido tanto o más fuerte de lo que fue en los años 90 y con el mismo relato, que sigue funcionando más de treinta años después: la lucha entre un viejo orden en decadencia y el impulso transformador de quienes buscan recuperar la esperanza y la alegría en medio del caos.
Un universo dentro de la carpa
Parte de la magnitud de esta compañía ha sido su capacidad para crear experiencias inmersivas y deslumbrantes. Lo dice el responsable de Publicidad del Circo del Sol, Francis Jalbert, quien acompaña a este diario a conocer por dentro el espectáculo. "Bienvenidos al mundo de Alegría', mientras abre las cortinas que dan paso a la gran circunferencia que forman las 2.500 butacas que se llenan en cada espectáculo. En medio, dos escenarios, a dos alturas, que esconde trampolines, trapecios y todo tipo de disciplinas circenses que se desarrollarán en el show.
La apuesta por volver a 'Alegría', explica Jalbert, es precisamente la de recuperar la esencia de lo que fue en sus inicios en 1994. Su mezcla de estética barroca, música coral y números acrobáticos de gran exigencia convirtió la producción en uno de los mayores éxitos de Cirque du Soleil, hasta el punto de ser vista por más de 14 millones de personas durante sus casi dos décadas de gira. También tuvo un peso simbólico en España: fue el primer espectáculo de la compañía que se representó en Madrid y Barcelona, en 1998, iniciando una relación especialmente estrecha con el público español.
Entre bambalinas del Circo del Sol en València: conoce el espectáculo por dentro / Francisco Calabuig
Sin embargo, para su renacimiento actual, el espectáculo ha sido sometido a diversas operaciones estéticas para renovar el guion, la puesta en escena, los vestuarios y hasta la música que, aunque se mantiene parcialmente igual, se han introducido mejoras para adaptarlas a 2024, cuando comenzaron a rodar con este espectáculo. "Se hacen en torno a 300 funciones al año -explica el canadiense- por diferentes países, salteados. Después de València iremos a Brasil, pero desde hace dos años hemos estado en Alicante, Barcelona, Sevilla, Madrid y Bilbao".
Así, el equipo fijo que viaja por el mundo con el Circo del Sol no lo vive como un trabajo, sino como una forma de vida. Es el caso de Brian Lucas Núñez, argentino de 27 años, y Dandino Tuniziani, venezolano de 51. Ambos son trapecistas; el primero es el volador y el segundo el 'portor', es decir, quien recoge al que vuela. Ambos son primera y tercera generación de familia circense, respectivamente, nacidos y criados en el circo con sus padres.
Son dos de la decena de trapecistas que actúan en la función. Todos coordinados al milímetro para que las piruetas y saltos salgan bien: "La clave es estar presente, conectados y en la misma sintonía", dice Brian, quien añade que la amistad es fundamental, porque permite "el buen desarrollo de todo el grupo, estar concentrados y confiar unos en otros". Dandino añade que la comunicación es la otra clave que no puede faltar, y la coordinación, "como todo, viene de la práctica".

Dandini Tunziani y Brian Núñez, trapecistas, en el escenario de 'Alegria. Bajo una nueva luz'. / Francisco Calabuig
Hablan con este diario apenas unos minutos después de haber ensayado su número, el último que cierra el espectáculo, colgados de sus trapecios a varios metros de altura. Como si nada, bajan, se cambian y atienden a los medios de comunicación. "No salimos a trabajar, es otra cosa, el trapecio es lo más clásico del circo, lo más antiguo y extremo, lo pasamos bien y sobre todo recibes la recompensa del público, sus aplausos y su cariño", asegura Dandino.
El equipo que forma 'Alegría. Bajo una nueva luz', es diverso también en las edades: el más joven puede tener 20 años y el más mayor, en torno a 50 años. En el caso de los acróbatas, muchos vienen directamente del circo tradicional, como el caso de Dandino y Brian, pero otros son gimnastas exolímpicos que redirigen su carrera al espectáculo mientras que otros directamente se formaron en escuelas circenses.
Los payasos toman el pulso al público
Tan clásico como el trapecio es el papel de payaso en el circo. En este espectáculo, uno de los dos 'clowns' que hacen las delicias del público es Pablo Bermejo, de Murcia, que lleva más de diez años dentro del Circo del Sol en diferentes espectáculos. Es, seguramente, uno de los responsables de tomar el pulso a cada ciudad a través del público, porque como él mismo explica, "hay un gran trabajo detrás de cualquier payaso; tienes que saber qué hace reír en general, pero también en particular, aterrizado en cada país". "En España nos gusta la comedia y cualquiera es gracioso, pero no pasa lo mismo en Japón, donde las expresiones faciales dicen poco de si están disfrutando o no... hasta que les dices palabras en japonés, que les encanta y divierte", explica Bermejo.

Pablo Bermejo, uno de los dos payasos de 'Alegría. Bajo una nueva luz'. / Francisco Calabuig
Como payaso, la otra gran responsabilidad es hacer reír a un niño pero también a un adulto. Ahí está la magia, que encuentra en las cosas más básicas del ser humano. Su papel es el de aristócrata en este mundo de fantasía donde la clase conservadora quiere mantener el statu quo y los jóvenes quieren la revolución hacia un mundo mejor. Pablo es uno de los personajes anclados en el pasado, desnortado, "completamente atontado, sin enterarnos de nada", lo que les permite jugar al humor más básico de caerse y hacer reír a un niño o el más sofisticado de hacer una broma narrativa con sentido dentro de la función dirigida a los mayores.
La meticulosidad del vestuario
No sería el mismo espectáculo sin que los personajes fueran caracterizados como habitantes del mundo Alegría. El barroquismo es el eje vertebrador de toda la colección de vestuario, que Estíbaliz Corral coordina como técnica de vestuario. Es la responsable de que cada artista tenga en perfecto estado su ropa, su tocado, su peluca o cualquier complemento necesario para la función. Son cuatro personas fijas en el departamento y otras cuatro que se contratan en cada localidad donde se asientan para garantizar que todo está en buen estado para cada día, además de lavar todas las noches las prendas y que al día siguiente estén en perfectas condiciones, revisándolas una a una.

Estíbaliz Corral con uno de los peinados postizos que preparan en vestuario. / Francisco Calabuig
Mientras arregla una de las pelucas que usa una de las bailarinas, Corral explica que todo el vestuario llega desde Montreal y en cada espectáculo se adaptan al intérprete que las va a llevar. "Todos los tejidos son cómodos para acompañarles en cada movimiento, y las máscaras, por ejemplo, son de látex para que no pesen y no molesten. Algunas van atadas a la cabeza para que no se caigan mientras giran", explica.
Todo coordinado, de nuevo, al milímetro para que el margen de error sea el más pequeño posible. En 'Alegría. Bajo una nueva luz', hay a lo largo del espectáculo nueve actuaciones de acrobacias que duran entre 5 y 10 minutos cada una, además de la música en directo, a cargo de cinco intérpretes y dos cantantes que van adaptándose a los tiempos de la función: si un actor entra tarde, ellos se atrasan también; si una pirueta se adelanta unos segundos, ellos también. La comunicación es constante y por encima de todos hay una coordinación artística que se asegura de que la función sale como toca, además de los entrenadores de cada disciplina, encargados de organizar los equipos y quién actúa y quién descansa cada día.
Un despliegue de 77 camiones
Engrasar y hacer funcionar la máquina del Circo del Sol no es fácil. Tal como explica Jalbert, hay más de 70 camiones que mueven toda la infraestructura que conlleva: la carpa de entrada, la gran carpa y el resto de instalaciones artísticas, además de haber cinco camiones de cocina con cuatro chefs y diez cocineros (locales) que se encargan de los menús diarios de los gimnastas y el equipo en general. "Es casi como montar un set de rodaje en cada ciudad, muchas veces al año", bromea Jalbert.
La llegada del espectáculo a València supone un momento significativo dentro de la gira internacional de la compañía, ya será la última parada europea antes de que el montaje continúe su recorrido en América Latina. Con un elenco formado por artistas de decenas de nacionalidades y una maquinaria técnica y creativa de gran escala, el Circo del Sol mantiene intacta su capacidad para convertir cada representación en una experiencia popular que mezcla asombro, nostalgia y fascinación.
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