Deleste abre la temporada de conciertos al aire libre en València bajo la sombra de la sentencia del ruido
El festival arranca este viernes en Viveros con Röyksopp, Apparat, Primal Scream y Anna Calvi, en plena incertidumbre sobre el futuro de las grandes citas musicales tras el fallo que cuestiona los conciertos en la Ciutat de les Arts

Escenario del festival Deleste en los Jardines de Viveros en 2025. / Susana Godoy / Deleste

El comienzo este viernes del Deleste Festival supondrá algo más que el arranque de una nueva edición de una de las citas musicales más consolidadas de València. Su desembarco en los Jardines de Viveros llega convertido en una primera prueba de fuego para la temporada de conciertos al aire libre en la ciudad, marcada este año por la sentencia judicial que ha condenado al Ayuntamiento de València por su actuación ante los ruidos generados por festivales, conciertos y otras actividades de ocio en la Ciutat de les Arts i les Ciències.
El Deleste abre un calendario especialmente sensible. La propia ordenanza municipal de contaminación acústica establece, con carácter general, que las actuaciones musicales al aire libre no podrán superar los 90 dBA en el foco emisor, aunque el conflicto de fondo está en la repercusión de ese sonido en las viviendas cercanas y en la dificultad de compatibilizar ese límite con los valores máximos nocturnos permitidos en el interior de los domicilios (45 dBA).
El festival llega, además, con una programación de peso internacional. La primera jornada arrancará con Billy Nomates a las 18.45 horas, continuará con Mateo Cabero, Holy Fuck, Apparat y Miss_tra, y cerrará con Röyksopp DJ set a las 23.30 horas. El sábado será el turno de The Molotovs, MeDj, Primal Scream, Toxicosmos, Anna Calvi, Los Invaders y Kerala Dust, que cerrará la noche a las 00.05 horas.
Uno de los detalles más llamativos de la programación es el horario de Primal Scream.La banda escocesa, principal reclamo de esta edición, actuará el sábado a las 19.05 horas, una franja nada habitual para un cabeza de cartel. Fuentes de la organización explican que ese encaje responde a la agenda de la banda, aunque el dato no deja de resultar significativo en una temporada en la que cada horario, cada prueba de sonido y cada decibelio se observa ya con una atención inédita.
Termómetro de la temporada
Por eso el Deleste será el primer termómetro de una temporada que empieza con la música bajo escrutinio. Viveros no es la Ciutat de les Arts, ni el Deleste tiene la escala de los grandes macrofestivales desplazados, pero su celebración servirá para medir hasta qué punto València puede sostener una programación al aire libre sin agravar el conflicto entre el derecho al descanso y el derecho a la cultura.
Con el Deleste se abre también a los conciertos el recinto de Viveros, un espacio municipal y gestionado por el Ayuntamiento que concentrará buena parte de la música al aire libre de los próximos meses. Tras el festival llegará Nits de Vivers, del 28 de mayo al 6 de junio, y en julio será el turno de los Concerts de Vivers, que este año sumarán 18 noches de música en directo y 34 artistas.
La concentración de conciertos en Viveros no es nueva y en años anteriores ya ha generado quejas vecinales por molestias, aunque no consta que esas quejas hayan derivado en denuncias judiciales como las registradas en el entorno de la Ciutat de les Arts. La diferencia es que el contexto ha cambiado. La sentencia sobre la Ciutat ha alterado por completo el mapa de los grandes eventos musicales en València y ha convertido cualquier recinto urbano al aire libre en un espacio bajo vigilancia.
El impacto más inmediato se ha visto en los festivales previstos en el entorno de la Ciutat de les Arts. El Bigsound se ha trasladado a Torrent, donde se celebrará los días 26 y 27 de junio en el Parc Central tras descartar su ubicación inicial en València. Love the 90s e I Love Reggaeton, previstos para el fin de semana del 29 y 30 de mayo, también abandonan la Ciutat de les Arts y se celebrarán finalmente en el estadio Ciutat de València.
Obras en los lagos de la Ciutat de les Arts
En cambio, el Festival de les Arts continúa a día de hoy anunciándose en la Ciutat de les Arts los días 5 y 6 de junio, pese al fallo judicial y pese a que los informes acústicos manejados por la Generalitat apuntan a la dificultad de celebrar conciertos incluso a 90 dBA sin que las viviendas cercanas superen los límites nocturnos. La situación mantiene en vilo al público, a la espera de una comunicación oficial que despeje si el festival podrá celebrarse allí o si deberá asumir también un traslado de última hora. La venta de entradas sigue activa para esas fechas y la cita mantiene visible la referencia a la Ciutat en distintos canales de venta y promoción. Un recinto, por cierto, que se encuentra actualmente en obras de mejora de la eficiencia hídrica de sus lagos con la renovación de las infraestructuras, sin que sus responsables hayan aclarado a este periódico si estarán terminadas cuando -en principio- se vaya a celebrar allí el evento.
Pero el problema de fondo va más allá de un recinto concreto. Entre los promotores de conciertos y entre los aficionados crece una preocupación cada vez más latente sobre el futuro de la música al aire libre en València. La ciudad se enfrenta ahora al reto de decidir dónde pueden celebrarse festivales y conciertos de gran formato, bajo qué condiciones acústicas y con qué garantías para los vecinos. En la práctica, además de Viveros, el mapa de grandes citas al aire libre en la capital queda reducido este año al estadio Ciutat de València y a la Marina Nord, donde se desarrollará el ciclo FAR València entre el 8 y el 31 de julio.
La inquietud del sector tiene un precedente reciente en Madrid. Las fiestas de San Isidro han reabierto allí el debate sobre el volumen de los conciertos después de que músicos y asistentes criticaran el bajo sonido de algunas actuaciones, limitado por la ordenanza municipal a 90 decibelios. Esa polémica preocupa en València porque anticipa el dilema al que puede enfrentarse la ciudad: conciertos técnicamente legales pero insuficientes para el público, o conciertos con suficiente presión sonora que vuelvan a activar el malestar vecinal.
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