Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crónica social de València | @Fiteraworld

Lo que no puede hacer la IA

Podrá existir inteligencia artificial para casi todo, pero sigue habiendo algo profundamente humano que ninguna máquina consigue imitar, amar en todas sus formas

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Gadea Fitera

Gadea Fitera

València

Menuda semana he tenido, y sobre todo cuánta reflexión gracias a la charla que les voy a contar. Acudí esta semana a la Fundación Bancaja (casa del estupendo anfitrión Rafael Alcón) durante una de las sesiones del foro 'Desafíos 2027' de COPE Valencia, organizado bajo la impecable batuta de Esther Pastor.

Confieso que acudí con curiosidad y cierto cansancio mental acumulado, llevo un tiempo al 200% en el trabajo y no ayuda. Quizá por eso disfruté tanto escuchando a mujeres empresarias, CEO de compañías importantes y perfiles internacionales como Lucy Doughty o el doctor Mario Alonso Puig, brillantemente entrevistados por Pilar La Granja, que además de gran periodista tiene algo dificilísimo, sabe escuchar sin interrumpir el hilo ajeno.

Quiso apoyar la jornada la alcaldesa, María José Catalá, y aquello terminó convirtiéndose en una de esas tardes donde el tiempo pasa muy rápido porque lo que te cuentan te deja embobada. La inteligencia artificial fue, naturalmente, una de las grandes protagonistas de la conversación.

Nos quedó claro que ha venido para quedarse y que transformará nuestras vidas de maneras que todavía ni intuimos. Pero mientras escuchaba hablar a Lucy Doughty pensé algo muy simple, la IA podrá escribir textos, ordenar datos, o incluso imitar voces, pero hay algo profundamente humano, casi invisible, que ninguna máquina podrá copiar jamás, la forma en que nos amamos en sus diferentes manifestaciones.

Lucy, a quien no conocía y me fascinó profundamente, habló de espiritualidad, infancia, amor, y respeto con una serenidad poco frecuente. Y Mario Alonso Puig, a quien sigo desde hace años, volvió a insistir en ideas aparentemente sencillas pero revolucionarias en estos tiempos: escuchar de verdad, parar, y mirar al otro.

Yo, mientras tanto, pensaba que quizá nuestro verdadero problema no sea la inteligencia artificial sino nosotros mismos. Vivimos agotados, hiperconectados y profundamente insatisfechos. Y eso, inevitablemente, termina filtrándose en nuestras relaciones, nuestras familias y nuestras empresas.

Al final de la jornada me quedé con una sensación esperanzadora. Aprovecho además para darle las gracias a Borja Rodríguez, jefe de programas de COPE, que con paciencia franciscana y memoria prodigiosa me ayudó a identificar correctamente a todos los asistentes (algo cada vez más complicado porque Valencia vive una especie de expansión social constante).

Entre los presentes estaban Adela Sáez, Neus García, Eva Prieto, Carolina Gil, Pilar Ibor, Yolanda Pérez Jiménez, Ruth Merino, Lucía del Viso, Javier Visier, Elena Albalat, Gracia Burdeos, Olga Merino, Miriam Gimeno, Laura Fitera, Mamen Rivas, Mate Bonora y Marian Lloret.

Y de una tarde de reflexión casi filosófica pasé, como ocurre siempre en esta ciudad, a otra completamente distinta, el desfile exclusivo que la firma sevillana Panambi organizó en Valencia.

La firma de la guapísima y simpatiquísima Lola Jiménez reunió a muchísimas mujeres alrededor de una moda femenina, sofisticada y profundamente mediterránea, donde los tejidos fluidos y los colores parecían pensados para una vida mucho más elegante que la que solemos llevar, corriendo de un sitio a otro.

Lo bonito del desfile fue precisamente esa sensación de naturalidad, nada parecía forzado. Las jóvenes valencianas que desfilaron, Patricia Peris, Cristina Blat, María Villanueva, Claudia Ravello, María Ferrando, Verónica Vives y Candela González, tenían esa mezcla tan agradable de frescura y educación que a veces echo de menos en ciertos ambientes...

Entre las invitadas estaban Patricia Montoro, Amparo Blasco, Bárbara de Prat, Toti Blat, Eugenia Abelino, Cristina Cañellas, Mariel Beltrán y Begoña Clérigues.

Me gusta mucho la filosofía de Panambi porque entiende la moda como algo emocional pero también práctico. Vestirse bien no debería significar disfrazarse ni sufrir, y eso ellas lo comprenden perfectamente. Por ello crean piezas pensadas para vivirlas varias veces y no para morir olvidadas en el armario después de una boda.

Yo salí de allí feliz con una falda maravillosa marrón con una palmera verde bajo el brazo y pensando, además, en lo estupendas que son estas chicas jóvenes que poco a poco van tomando el relevo social en nuestra ciudad.

Como saben ustedes, me gusta terminar con una nota cultural. Ana Aznar (famosa hija del expresidente) vino al Casino de Agricultura a presentar su libro 'Educar también es decir no', acompañada por Rafael Aznar y Begoña Puigmoltó, fundadora de la ONG “Sumando Contigo”.

Vivimos tiempos curiosos donde parece que poner límites a los hijos se ha convertido casi en un acto revolucionario. Por eso me resultó interesante escuchar a Ana hablar de educación desde un lugar sereno, sin estridencias ni moralinas, con coherencia y paciencia.

Entre los asistentes estaban Magüi Alonso, Gonzalo Aznar, Vic Aznar, Lucía de Miguel, Marta de Miguel, Constanza de Miguel, Javier Vela, Socorro Maldonado, Ana Puchades, Cristina Doncel, Carla Roldán, Alicia Carbonell y Paula Clérigues. Por parte de la Junta del Casino asistieron también Julio Aguado y Mari Carmen Martínez, siempre al frente de la sección de Canasta.

Como les decía al principio, esta semana de reflexión he pensado en algo que quizá une todas estas historias. En medio de tanta tecnología, tanta prisa y tanta exposición constante, seguimos necesitando exactamente lo mismo que antes. Conversaciones inteligentes, personas con humanidad, mucha belleza, y alguien que, de vez en cuando, nos recuerde que no todo puede ni debe hacerse deprisa.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents