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Exposición

Cómo se transportan diez obras de arte millonarias de València al Thyssen

El Museo de Bellas Artes de València envía diez cuadros de Francisco y José Ribalta al Thyssen de Málaga para la exposición 'Los Ribalta y el barroco naturalista'. El traslado es una operación logística que implica a la Policía Nacional, pólizas de seguro, empresas de transporte especializadas y una medición de la temperatura y la humedad constante

Así se prepara una obra para su traslado desde el Museo de Bellas Artes de València al Thyssen de Málaga

Miguel Angel Montesinos

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Amparo Soria

Amparo Soria

València

Las estaciones de servicio de las principales carreteras del país tienen la misma energía que un aeropuerto. Es un cruce de caminos donde convergen personas de toda procedencia, tipología y motivo. Son lugares inspiradores precisamente por compartir con desconocidos un mismo propósito, pero distintos finales. Como en una película, si uno se detiene a observar a los que le rodean, las historias sobre quién son y qué hacen no dejan de surgir a uno y otro lado de la tienda, del poste de cintas y discos, de la carnicería y de la infinita barra hasta arriba de platos tradicionales. A veces, de manera discreta, se sientan personas con grandes misiones, que vienen y van o que transportan objetos que jamás imaginaríamos. Al tiempo que se escribe este artículo, diez obras de Francisco y Juan Ribalta, máximos exponentes de la escuela naturalista valenciana del siglo XVII, viajan por la A-7 en un camión sin logos y custodiado por un coche incógnito de Policía Nacional que ha salido este martes desde el Museo de Bellas Artes de València y tiene como destino el Museo Carmen Thyssen de Málaga.

Varios millones de euros circulan, como si nada, por la red de carreteras del Estado. Lo hacen cada día, gracias a la buena relación museística entre las diferentes instituciones del país que ceden obras para exposiciones temporales como la que se inauguró este viernes en la ciudad andaluza, 'Los Ribalta y el barroco naturalista', comisariada por el director de museo valenciano, Pablo González Tornel. Pero antes de llegar hasta allí, los trabajos de seleccionar, organizar, contratar seguros, pautar la logística y preparar el embalaje se ha demorado durante semanas hasta que este lunes comenzaron a entrar las diez cajas hechas a medida para guardar y transportar, con todas las garantías, las diez obras que han viajado al sur.

Todo el equipo de restauradores y técnicos del museo, junto a González Tornel, supervisaron estas tareas con la empresa transportista que, en este caso, fue Sit, una de las cuatro que funcionan en España y que aseguran el buen tratamiento de conservación de estas obras cuyo valor es incalculable. A primera hora del lunes, dos técnicos entraban en el Bellas Artes para comenzar con la primera de las obras que iban a empacar, el 'Encuentro de Jesús nazareno con la Virgen' en el camino del Calvario, de Francisco Ribalta, y continuarían con 'Preparativos para la crucifixión' de Juan Ribalta, su hijo, que pintó con tan solo 18 años.

Después, los ocho restantes del padre y el hijo, muertos ambos en 1628 por una epidemia que asoló la ciudad de València, donde ambos residían. Probablemente fue la peste, llevándose por delante el talento de Francisco, que nació en 1570, y de su hijo Juan, que murió con 29 años y, según coinciden todos los expertos, estaba destinado a ser una figura clave de la pintura barroca como lo fue Diego Velázquez. Así queda patente en todos los trabajos que hizo antes de su muerte y que indican un trazo y una mirada únicos, influenciadas por Caravaggio.

Esas dos obras formaron parte del monasterio jerónimo de San Miguel y de los Reyes de València y retirados con la desamortización, que provocó que todo tipo de obras de arte comenzaran a dispersarse por instituciones y colecciones privadas. Cuatrocientos años después, una decena de personas atienden las labores para guardar una de ellas en una gran caja de cartón forrada de aislante y espumas que garanticen que no sufrirá ningún daño ya que el precio de cada pieza oscila entre los 25.000 y los 200.000 euros.

Comienzan por el 'Encuentro de Jesús nazareno con la Virgen' precisamente porque está expuesto en sala y debe ser retirado y repuesto antes de que el museo abra sus puertas a las 10 de la mañana. Cuando el cuadro es descolgado, depositado sobre la caja, ya están en marcha las tareas para rellenar ese espacio con la 'Sagrada familia' de Valentin de Boulogne de la colección BBVA y que encaja con la narrativa barroca de la sala, donde los Ribalta conviven con Zurbarán y con Velázquez, entre otros artistas.

Un proceso de empaquetado minucioso

Los transportistas, los restauradores y hasta el director del museo está presente a la hora de introducirlo en la caja. En este momento, hasta el último detalle cuenta: la restauradora Salud Díez se asegura de que no haya dentro de la caja ni un resto o mota de polvo; el cuadro se introduce en su recipiente y dentro introducen un "datalogger", un dispositivo electrónico que medirá en tiempo real y durante todo el trayecto, la temperatura y la humedad a la que estará viajando la obra. Además, insertan también un 'Shockwatch', otro dispositivo que mide los posibles impactos. En caso de producirse un golpe, el aparato se tiñe de rojo. El último paso, una vez atornillada la caja, es poner un precinto numerado en dos de sus esquinas, como una brida, que garantiza también que la caja no se ha manipulado de una pinacoteca a otra.

A todos se les aplicará este proceso y se meterán en el camión blanco directamente desde el museo, sin salir al exterior, para seguir garantizando que las condiciones de climatización sean las mismas que el museo, que el vehículo de transporte y que el museo receptor. Huelga decir que un seguro blinda cada pieza por lo que pueda pasar: las diez obras se han asegurado desde los 75.000 euros hasta los 250.000 de la más grande.

En el Thyssen de Málaga les esperará el propio González Tornel el miércoles. En estos transportes, las obras solo pueden cerrarse y abrirse frente al propietario que, en este caso, es el director del museo y por tanto responsable del bienestar de los elementos de su colección. Él estará presente cuando se abran y él será el responsable de confirmar que cada obra ha llegado en las mismas condiciones con las que salieron, siguiendo exhaustivamente un "informe de salud" redactado en el museo prestador, uno por obra.

¿Quién paga el transporte?

A tenor de la meticulosidad con la que se trabaja, uno se da cuenta de que no es un proceso sencillo. Aquí, los costes los asume el museo receptor; es decir, el Thyssen asumirá los gastos de empaquetado, transporte y desembalaje ya en el destino.

Pero, ¿en base a qué se organizan estas exposiciones temporales? El propio González Tornel explica que se fundamentan en relaciones diplomáticas tejidas con tiempo entre las diferentes instituciones españolas y europeas. "En el caso del Thyssen, la relación es privilegiada desde que en 2022 trabajamos juntos con 'Piranesi. Estampas de un visionario', y continuó en 2023 con 'Fieramente humanos. Retratos de santidad barroca', que también comisioné y que se expuso tanto en Málaga como en València", explica.

Introducción de las obras en el camión que viajará del Bellas Artes al Thyssen de Málaga.

Introducción de las obras en el camión que viajará del Bellas Artes al Thyssen de Málaga. / L-EMV

Las relaciones nacionales funcionan muy bien, las europeas también, aunque hay más complicaciones con países como Italia o Gran Bretaña, además de Estados Unidos y Latinoamérica, donde los costes del transporte son tan elevados que no son tan comunes las cesiones de obra. Imagínense el coste de la nueva exposición de Zurbarán en la National Gallery de Londres inaugurada recientemente.

De hecho, de todas las opciones de transporte, siempre se prioriza la terrestre por la seguridad y estabilidad con la que se pueden manejar las obras, que se someten a mucha más presión y riesgo llevándolas en barco o avión. Incluso si se presta una obra para un museo de Roma, se lleva por carretera desde València por encima de la opción marítima o aérea.

Decidir si una obra viaja o no

El informe de salud que se realiza sobre las obras permite o no que un cuadro, escultura, retablo o tapiz salga de su casa y viaje a otra parte. Fue el objeto de la gran polémica con el Guernica de Pablo Picasso: el gobierno vasco solicitó exponerla temporalmente en el Guggenheim de Bilbao por el 90 aniversario del bombardeo que dio nombre al cuadro. Sin embargo, el Museo Reina Sofía se opuso frontalmente porque varios informes advirtieron de que el lienzo era frágil y el traslado podría causar daños irreversibles.

"A veces no es que una pieza no pueda viajar, sino que es preferible que se quede tranquila. Hasta ahora se han mantenido en buenas condiciones porque hasta hace veinte o treinta años no había tanto movimiento entre museos, así que se mantenían siempre en el mismo lugar con las mismas condiciones. De hecho, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) fue el encargado de estandarizar la conservación general de los museos, son los que marcan la pauta", explica González Tornel.

Como anécdota, los préstamos de obras en papel y tinta de la Biblioteca Nacional solo pueden ser manipulados por técnicos de la institución. En el Museo de Bellas Artes de València, uno de los libros medievales expuestos obligaba incluso a que, cada tres meses, un especialista viajara expresamente desde Madrid para pasar una página y así minimizar el desgaste causado por la luz y el aire.

Hasta el 4 de octubre

La exposición con diez obras de Francisco y Juan Ribalta se podrán visitar en el Museo Carmen Thyssen de Málaga hasta el 4 de octubre, en la sala Noble que consta de un gran artesonado. Se inauguró este viernes en presencia del alcalde de la ciudad, Paco de la Torre, y la directora artística del centro, Lourdes Moreno, además de González Tornel, que ofreció una charla por la tarde para introducir la exposición y explicar su contexto.

Las diez obras valencianas se quedarán en Málaga durante meses, hasta que el proceso de embalaje comience de nuevo, esta vez para volver a casa. Lejos del foco público y de las salas climatizadas, las obras maestras atraviesan el país por carretera, en silencio y dentro de cajas numeradas y geolocalizadas en camiones sin nombre, protagonistas de estas operaciones discretas de las que depende que la historia llegue intacta a su siguiente destino.

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