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Fuera de compás

Orgullo de "mestres"

Aunque le duela a la derecha nos merecemos una Educación pública de calidad. Porque lo dice la Constitución, el Estatut d'Autonomia, los Derechos Humanos y porque ya la hemos pagado con nuestros impuestos.

Protesta de profesores en huelga en València.

Protesta de profesores en huelga en València. / Francisco Calabuig

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Fernando Soriano

Fernando Soriano

València

No sé qué es más lamentable, el ninguneo contemporizador que el Consell despacha a los docentes de la escuela pública que adoptaron la medida de convocar una huelga indefinida o que haya padres que no la apoyen. No lo digo por llevar los niños al cole, que cada uno sobrevive como puede, sino por esa incapacidad (natural o ideológica) para comprender las reivindicaciones de un profesorado que, pidiendo por ellos mismos, piden por unos alumnos que son, conviene recordarlo, nuestros hijos.

Pero desustanciado, ¿cómo no te vas a sumar a las demandas de bajada de ratios, simplificación de procedimientos burocráticos, subida de sueldos, reducción de la temporalidad, mejoras y reparaciones en infraestructuras y equipamientos y otras cuestiones diríase que de sentido común para todas las partes? Así que hoy entrego estas líneas, para mostrar mi apoyo y mi homenaje a los docentes que, palmando una talega día tras día, luchan para consolidar unos derechos y conseguir unas mejoras que harán de mis hijos unas personas mejores y unos ciudadanos más preparados.

A mí no me sale bien porque soy un cenutrio y mi voz no vale nada, pero a lo largo de estos siete años que llevo con esta matraca ya se habrán dado cuenta de que tengo gente que habla por mí con canciones. Como por ejemplo los Kinks, que son La Verdad. Y lo demuestran otra vez más en “Education”, de su álbum de 1976 “Schoolboys In Disgrace”. A lomos de esa electricidad en clave de opereta pop que tanto gustaba a Ray Davies, los de Muswell Hill construyen una gloriosa parrafada sobre los beneficios de la educación y todos los conocimientos transmitidos por los profesores desde que salimos de las cuevas. Que todas las nacionalidades y credos, sin distinguir razas, clase social ni sexos, necesitan acceder a una formación que nos aparte del abismo y la barbarie. Y aun así, por mucho que los maestros se empeñen en su nunca bien ponderada labor, seguiremos sin desvelar el misterio de la vida ni el propósito de la existencia humana. Oigan, milagros a Lourdes.

Aunque le duela a la derecha (súper, ultra, normal y sin plomo) nos merecemos una Educación pública de calidad. Porque lo dice la Constitución, el Estatut d'Autonomia, los Derechos Humanos y porque ya la hemos pagado con nuestros impuestos. Que no nos tienen que conceder nada, corcho. Que es nuestra por derecho e inversión y esta gente nos la quiere negar apelando a un montón de pamplinas. Y mientras tanto, entre reunión y reunión, guerra de desgaste. A meter cizaña en la comunidad educativa y a inyectar millones en la escuela privada concertada. Qué mal les ha venido siempre un docente que apartara a los niños del pensamiento unificador y nacionalcatólico. Que les ofreciera herramientas para pensar por sí mismos, para cuestionar y criticar un orden injusto que tanto les ha interesado y favorecido. Lo llevan en el ADN.

Patxi Andión lo retrató perfectamente en “El maestro”. Mal pagado, mal mirado, cuestionado por las fuerzas vivas del pueblo, que piensan que es un comunista destruidor por no bailar al son que ellos le tocan. Dando lecciones sospechosas sobre poesía, sobre vencedores y vencidos y respetando a los alumnos como si fueran personas. No durará el curso entero, lo relevarán del puesto por no frecuentar los despachos, los salones y las iglesias de los opresores. Matar poetas, purgar maestros, asesinar conciencias en la cuna, en las aulas. Malditos todos, fascistas de ayer, hoy y mañana hasta la enésima generación.

Honra infinita y orgullo eterno, por el contrario, para el profesorado que se deja y se dejó, literalmente, la piel en el envite de cuidar, formar y despertar la mente de nuestros hijos apelando a la razón y a la libertad. Maestras como Marifé Arroyo, reciente viuda del poeta y escritor Josep Piera, que es la protagonista velada de la emblemática canción de Zoo “La mestra”. Todo el arsenal sonoro de la banda de Gandia puesto al servicio de la labor heroica de una mujer que, junto a otros compañeros y compañeras del Moviment de Renovació Pedagógica, transformó el ecosistema educativo del País Valenciano.

Mestres que, en los años setenta, abrieron las ventanas para que en las escuelas entrara el futuro, la libertad, la lengua valenciana, la identidad, la igualdad y el respeto. Y se piensa la Generalitat que teniendo el ejemplo de aquellas maestras valientes y rebeldes los docentes actuales se van a conformar con cualquier chorrada. Qué inmenso error de cálculo porque esto no va de dinero, sino de dignidad. Pobrecitos, se morirán sin saber quién habita la tierra que gobiernan.

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