València también despide a Sonny Rollins, el ‘Saxophone Colossus’ que llenó el Principal dos veces
El promotor Julio Martí, impulsor de sus dos conciertos en el "Cap i Casal", lo recuerda como una persona entrañable y un artista con "una profundidad de corazón y de pensamiento incomparable"

Sonny Rollins durante un concierto en 1985, año en el que actuó por primera vez en València. / L-EMV

La muerte de Sonny Rollins, el legendario saxofonista estadounidense conocido como Saxophone Colossus, cierra una de las trayectorias más imponentes de la historia del jazz. Su desaparición, a los 95 años, deja también una huella en València, ciudad en la que actuó en dos ocasiones: el 21 de mayo de 1985 y el 8 de mayo de 1992.
El promotor Julio Martí fue el responsable de traerlo a València en esas dos citas, además de organizar otros conciertos suyos en España. “Se ha ido uno de los más grandes”, recuerda. “Era entrañable como él solo. Tenía una voz absolutamente abisal, una tranquilidad en su expresión y una profundidad que le daba un valor tremendo. Sonny Rollins tenía una profundidad de corazón y de pensamiento incomparable”.
Para Martí, la muerte de Rollins supone prácticamente la despedida de una generación irrepetible. “Probablemente sea el último”, afirma, antes de matizar que de aquella constelación de “superleyendas” del jazz apenas quedan figuras como Herbie Hancock o Ron Carter. “Hay que despedirse con todos los honores de un coloso del saxo, del Saxophone Colossus”, subraya.
Encuentro en San Sebastián
El vínculo personal de Martí con Rollins se remonta al verano de 1978, en el Festival de Jazz de San Sebastián. “El primer gran jazzman al que me presentaron y que saludé en mi vida fue Sonny Rollins”, rememora. Aquel fue, según el promotor, “un verano complicado” en el País Vasco, con manifestaciones diarias, tensión en las calles y una situación política que llegaba a las noticias internacionales.
El cartel de aquella edición era, para Martí, “probablemente el mejor programa del festival en años”. Estaban anunciados, entre otros, Bill Evans y McCoy Tyner, pero ambos suspendieron su participación. Rollins, en cambio, acudió. “Eso lo sitúa en un plano espectacular”, señala Martí, que conserva de aquel episodio la imagen de un músico que no se echó atrás en un contexto especialmente difícil.
En ese momento, Martí ya mantenía una intensa actividad jazzística en València. Había trabajado y organizado actuaciones en Tres Tristes Tigres, uno de los locales míticos del jazz valenciano, y había tenido relación con Tete Montoliu, “el primero de los gigantes” con los que trató profesionalmente. Fue precisamente un amigo común vinculado a Tete quien le abrió la puerta del backstage en San Sebastián. “Me dijo: ‘¿Quieres pasar a los camerinos a saludar?’. Y allí saludé a Sonny Rollins, el primer supergigante americano al que le dije: hola, eres un genio”.
Aquel saludo fue el inicio de una relación profesional que llegaría poco después. “Empecé a trabajar con él dos o tres años más tarde, no sé si exactamente en 1980 o en 1981”, explica Martí. Desde entonces, Rollins quedó para él en el grupo reservado a los nombres fundamentales del jazz moderno. “Es uno de los músicos más importantes con los que he trabajado en mi vida. Está a la altura de Miles Davis, de Bill Evans o de Dizzy Gillespie, porque esos son los padres de todo esto”.
Los dos conciertos
La primera actuación valenciana de Sonny Rollins tuvo lugar el martes 21 de mayo de 1985 en el Teatro Principal. La expectación fue máxima. La crónica publicada entonces hablaba de lleno absoluto para presenciar la presentación en València del saxofonista. El pasillo central del teatro sirvió incluso para acomodar a numerosos aficionados que no quisieron perderse el acontecimiento.
Rollins apareció sobre el escenario minutos después de la hora prevista, con camisa psicodélica y gafas oscuras. Le acompañaban Tommy Campbell a la batería, Bobby Broom a la guitarra eléctrica, Mark Soskin al piano y Victor Bailey al bajo eléctrico: cuatro músicos jóvenes que aportaban una lectura actualizada del jazz. La crónica destacaba precisamente que Rollins, aun siendo ya un clásico indiscutible, no se limitaba a reproducir los cánones del género, sino que seguía interesado en su evolución constante.
Su música, aquella noche, se construyó desde la improvisación, la adaptación de nuevas técnicas y la elasticidad de unas composiciones que en directo se estiraban hasta convertirse en un juego instrumental permanente. Rollins no actuó como una figura aislada, sino como un miembro más de un quinteto en el que cada músico tenía espacio para mostrar sus recursos.
València volvió a recibirlo el 8 de mayo de 1992. Para entonces, Rollins ya era mucho más que un saxofonista legendario: era una presencia casi mítica, uno de los últimos vínculos vivos con la edad heroica del jazz moderno. Su muerte deja ahora, en palabras de Julio Martí, la sensación de que se apaga una época. “De todos los grandes que he conocido, probablemente quedan muy pocos. Con Sonny Rollins se va uno de los últimos gigantes”.
Suscríbete para seguir leyendo
- El joven que mató al logopeda de su hijo irrumpió en la consulta tras escuchar los gritos del niño
- Salvar el ficus del Parterre de València: el árbol monumental que sobrevivió a dos guerras, una riada y una gasolinera
- Ola de calor histórica en la Comunitat Valenciana: la Aemet advierte de récords inéditos desde 1950
- Justicia promete una subida salarial para sus más de 5.500 funcionarios con la huelga educativa como telón de fondo
- Bono Recuperem Turisme 2026: Ayudas para viajes turísticos ya disponibles en la Comunitat Valenciana
- Luz verde a las torres del Nou Mestalla: dos hoteles, un centro comercial y dos años de obras
- Un hombre mata a otro a cuchilladas en una reyerta multitudinaria en Aldaia
- ¿El 24 de junio es festivo en València? El motivo por el que en 2027 dejará de serlo