Crítica
Wagner frente a Schumann, desde Budapest
La Orquesta del Festival de Budapest y su director, Iván Fischer, confrontaron la obra de Schumann con la escena final de 'La Valquiria' de Wagner, destacando la maestría en esta última

Iván Fischer al frente de la Orquesta del Festival de Budapest. / Live Music Valencia

ORQUESTA DEL FESTIVAL DE BUDAPEST. Programa: Obras de Schumann (Tercera sinfonía, “Renana”) y Wagner (Escena final de La Valquiria). Solistas: Ingela Brimberg (soprano), Hanno Müller-Branchmann (bajo-barítono).Director: Iván Fischer. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.400 espectadores. Fecha: martes, 26 mayo 2026
Reflexiona César Rus en el programa de mano de este concierto acerca de los afectos y desafectos entre Schumann y Wagner, dos genios alemanes -uno renano, el otro sajón- nacidos con apenas tres años de diferencia. Viene a ello a cuenta del repertorio planteado por el director húngaro Iván Fischer y la Orquesta del Festival de Budapest en el Palau de la Música, donde confrontaron dos obras y dos maneras creativas tan rotundamente diferentes como la Sinfonía Renana de Schumann y la portentosa escena final de La Valquiria, de Wagner.
Cita Rus las palabras de Schumann en las que éste cuestiona el “talento melódico” de Wagner. Naturalmente, se equivoca de pe el renano al decir esto precisamente del creador de la “melodía infinita”, del compositor de la lírica y emotiva escena final de La Valquiria, una de las páginas más grandiosas y emocionantes de la historia de la música.
Así lo expresaron y enaltecieron Fischer y los profesores de la Orquesta del Festival de Budapest, una estupenda formación sinfónica, aunque no “una de las diez mejores orquestas sinfónicas del mundo”, como de modo altisonante sostiene la formación húngara en su propio currículo. En términos similares se expresa el currículo de Iván Fischer (Budapest, 1951), “uno de los músicos más visionarios de nuestro tiempo”. Ni orquesta ni maestro parecen tener abuela.
Tonterías, opiniones y grandilocuencias aparte, la realidad es que todos se lucieron y mucho en Wagner, que fue, con diferencia, lo mejor del dual y escueto programa. Fischer, maestro de más que probada solvencia, dio tiempo al tiempo para explayar el decurso wagneriano en fraseos amplios y bien graduados en dinámicas, con tendencia más en subrayar los fortísimos que en profundizar en pianísimos que nunca llegaron a ser tales.
Clarificó con eficiencia el entramado acústico -con los contrabajos dispuestos en línea, ubicados al fondo del escenario, como la Filarmónica de Viena; las trompas a la izquierda, y resto del metal a la derecha-, e hizo teatro y drama con el entretejido juego de motivos que desarrolla Wagner en su particular manera de escribir, y que Fischer administró con la pericia y autoridad del maestro avezado que es desde hace tantos años.
La OFB brindó una respuesta contundente y brillante, a pesar de ciertos desequilibrios instrumentales, que se manifestaron particularmente en la escena final del fuego mágico, con unas arpas que quedaron algo opacas, una cuerda no idealmente precisa y un par de estridentes flautines que rompieron el homogéneo caudal sinfónico que requiere tan portentoso y delicado momento.
Disímil y mucho fue el apartado vocal, con la Brunilda veterana pero aún convincente y creíble de la soprano sueca Ingela Brimberg (62 años), y el equivocado y verde Wotan del “bajo-barítono” alemán Hanno Müler-Brachmann, cantante sin la voz, el bagaje ni entendimiento que requiere el dios wagneriano. Voz sin resonancias, exenta del cuerpo, peso y densidad requeridos. Sin fondo, chicha ni limoná. Un Wotan decepcionante, ayuno de la presencia vocal y escénica -cantó pegado a la partitura, como la estuviera leyendo por primera vez- que reclama el impetuoso dios de dioses wagneriano.
Antes, en la primera parte, los húngaros -orquesta y maestro- sirvieron una lectura brillante y temperamental de la caótica Sinfonía Renana de Schumann, en la que asomaron y se enfatizaron sus motivos inspiradores: la rotundidad de la gótica Catedral de Colonia y los aires evocadores de las orillas del Rin a su paso por la capital hanseática. Lectura a la vieja usanza, natural y fluida, pese a un enorme dispositivo orquestal que mermaba la ligereza del conjunto. Al final, gran éxito. Como si hubieran tocado orquestas realmente punteras, como Viena, Dresde, Múnich, Cleveland o Ámsterdam. Otro cantar.

La Orquesta del Festival de Budapest en el Palau de la Música. / Live Music Valencia
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