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El inesperado viaje del retrato valenciano de León XIV hasta los aposentos del Papa

La obra de la artista Charo Marín, que acabó en manos del pontífice tras verla en una fotografía, será reproducida por la Calcografía Nacional con fines benéficos para proyectos asistenciales infantiles de la Santa Sede

El papa León XIV y la artista valenciana Charo Marín con la pintura "Habemus Papam" en el Vaticano.

El papa León XIV y la artista valenciana Charo Marín con la pintura "Habemus Papam" en el Vaticano. / L-EMV

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

Un retrato del papa Leon XIV nacido casi por intuición en el estudio de una artista valenciana ha terminado en los aposentos privados del pontífice y convertido ahora en una imagen con recorrido propio. El retrato, firmado por Charo Marín, ha sido reproducido por la Calcografía Nacional, en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y se ha puesto a la venta con un fin benéfico: el 25% del importe de cada venta, correspondiente al emolumento de la artista, será destinado por expreso deseo de Marín a proyectos asistenciales infantiles de la Santa Sede.

La reproducción puede adquirirse ya en la tienda online de la Real Academia y, desde este martes, también en la tienda física del museo. Para Marín, la condición era clara desde el principio: si aquella imagen del Papa iba a circular más allá del original entregado en Roma, debía hacerlo vinculada a una causa solidaria. “Yo no quiero dinero, porque esto es algo muy delicado y muy especial”.

Fumata blanca

El origen del cuadro fue mucho menos solemne que su destino. Todo arrancó cuando un galerista italiano le propuso participar en una exposición retrospectiva dedicada a los papas. Le pidió que realizara un retrato de Francisco, pero Marín se resistió. “Yo es que sin verlo no, porque yo nunca hago retratos así sin ver al retratado, no me gusta, parece una foto”, recuerda. El pontífice argentino no terminó de inspirarla. Pero pasado un tiempo, cuando la televisión mostró la fumata blanca y apareció León XIV en el balcón, algo cambió.

“Me esperé a oírlo hablar y me impresionó mucho”, relata. “Lo vi un hombre con mucha humildad, delicadeza, inteligencia... me inspiró mucho su rostro”. Aquella primera impresión fue decisiva. En la imagen del nuevo Papa vio, según sus propias palabras, “un perfil carismático, bondadoso, serio e intelectual con lágrimas de emoción”. Y decidió pintarlo.

Charo Marín pintado el retrato del papa en su estudio de València.

Charo Marín pintado el retrato del papa en su estudio de València. / L-EMV

La obra, titulada Habemus Papam. Papa Leone XIV, fue realizada en 2025, entre los meses de mayo y junio, en óleo sobre lienzo y técnicas mixtas, con grafito y tinta. Mide 60 por 80 centímetros. Marín partió de una mancha de color que tenía ya en el estudio. “De repente empiezo: ‘Bueno, pues voy a hacer al Papa’”, cuenta. El proceso no fue inmediato. “Estuve casi más de 15 días, un mes, porque no me gustaba el gesto”. No quería un retrato académico ni una imagen “relamida” del pontífice. “Lo hice con mi estilo y ya está”.

Ese estilo explica la intensidad cromática de la pieza. El naranja remite a la creatividad y positividad; el verde, a la naturaleza, la esperanza, la vida y el equilibrio; el negro de la base, a la salida de la tristeza y de la muerte; el rojo, a la pasión y la sangre de Cristo; y el oro, a la realeza y la divinidad. “Salió como él era, como yo lo vi, una persona con luz, cercano a la gente joven”, explica Marín. “No lo vi como un señor de esos que parecen muy importantes, sino como uno que de verdad se preocupa por los demás”.

"Le ha encantado y dice que lo quiere"

El cuadro viajó a Roma para aquella exposición que finalmente no se celebró. El proyecto se quedó parado y la obra quedó en Italia. Fue entonces cuando entró en escena José María Tortosa, sacerdote amigo de la artista, párroco en un barrio de las afueras de Roma y vinculado al Vaticano. Marín le pidió que recuperara el cuadro. “Le dije: ‘Oye, José María, prefiero que lo tengas tú en tu iglesia’”. El sacerdote lo recogió y, poco después, le comunicó que incluso habían celebrado misa con él.

La casualidad dio entonces su giro definitivo. Un día Tortosa mantuvo un encuentro con León XIV en el Vaticano y le mostró al Papa una reproducción del retrato. “Me manda una nota a los dos días y me dice: ‘Oye, Charo, mira’”, recuerda la artista. En la imagen aparecía el sacerdote enseñando la obra al pontífice. La respuesta fue inesperada: “Le ha encantado y dice que lo quiere”. Ella propuso que se lo llevara el sacerdote, pero recibió otra indicación: León XIV quería que la entrega se hiciera en persona.

El sacerdote José María Tortosa le muestra al papa una foto del cuadro de Charo Marín.

El sacerdote José María Tortosa le muestra al papa una foto del cuadro de Charo Marín. / Vatican Media

El encuentro se produjo el pasado 4 de marzo, en una audiencia especial con el Santo Padre. Charo estaba tan emocionada que hoy no recuerda con detalle todo lo que hablaron, pero sí la impresión que le dejó: “un señor muy cercano, con mucha bondad, no era de estos así todos rígidos”. La conversación duró unos diez minutos. Empezaron en italiano, pero el Papa la interrumpió: “No, no, hablemos español que hablo español”. “Conmigo tuvo todo el rato una sonrisa, me cogió de la mano”, dice. El retrato quedó desde entonces en los aposentos privados del Papa.

"Me quedo con eso"

Para la artista, ese gesto tiene una dimensión difícil de medir. “Con los cuadros tan maravillosos que rodean al Papa... Rafael, Miguel Ángel...”, dice todavía sorprendida. Marín insiste en que no quiso aprovecharse de la situación ni convertir la historia en una operación comercial. “Soy católica, voy a misa cuando puedo y rezo el Rosario mientras voy en bici, pero lo rezo para los niños”, afirma. Esa preocupación por la infancia explica también el destino benéfico de los beneficios que puedan corresponderle por las reproducciones.

Pero ¿cómo ha traspasado el cuadro de Charo las estancias del Papa para que la Real Academia de San Fernando esté a punto de convertirlo en una especie de icono? De nuevo, por otra casualidad. Un responsable del museo vio la obra por mediación de una amiga y le trasladó su entusiasmo. “Me dice: ‘Oye, que he visto el cuadro... me gusta muchísimo y le he llevado una reproducción al prior del Escorial, y también le ha encantado’”.

Charo Marín vive ahora lo que está ocurriendo con su Habemus Papam con una mezcla de estupor, pudor e íntima satisfacción. Mientras las reproducciones empiezan a venderse en Madrid y online, la artista valenciana observa desde la distancia el recorrido inesperado de su obra. No irá a ver al Papa ni a Madrid ni a Barcelona. “Como lo tuve tan cerca y tan como un amigo, no me veo entre multitudes”, confiesa. Prefiere quedarse con aquella escena íntima en el Vaticano: el pontífice sonriendo y tomándole la mano. “Me quedo con eso, con que me cogió la mano”, dice. “Es una persona muy humana, muy cercana y especial”.

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