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Comienza el Festival de Les Arts más polémico

El evento tiene previsto reunir a miles de personas en una edición marcada por la sentencia judicial contra el ruido que ganó el vecindario. El cartel de artistas y la ubicación se ha mantenido con medidas correctoras ante cierta incertidumbre sobre cómo se llevarán a cabo y si se cumplirá la normativa acústica

Comienza el Festival de Les Arts más polémico

Fernando Bustamante

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Amparo Soria

Amparo Soria

València

A las semanas de inquietud sobre qué iba a suceder con el Festival de Les Arts se ha sumado la inestabilidad meteorológica que ha complicado esta mañana los últimos arreglos antes de que abriera las puertas a las 4 de la tarde. La sentencia judicial que dio la razón a los vecinos por las molestias de ruido que generan los eventos en la Ciutat de les Arts i les Ciències ponía en jaque su celebración, ya que no prohibe expresamente estos eventos pero sí los insta a cumplir la normativa acústica municipal: no más de 80 decibelios de noche y 85 de día. La previsión era reunir a 20.000 personas aproximadamente cada día, viernes y sábado, que será algo menos tras la elevada reventa de las últimas semanas y no haber hecho el tradicional 'sold out'. Por ahora, el festival se desarrolla con normalidad y a las 18 horas, con puntualidad inglesa, ha comenzado a tocar Karavana en el escenario Mediolanum.

El sonido es notablemente bajo. Al menos, en el escenario Mediolanum que ha arrancado el festival. Los Karavana, con dos bajos, una guitarra y una batería han comenzado a tocar en un ‘stage’ que ha cambiado ligeramente su orientación: si en las ediciones anteriores se instalaba en paralelo al puente del Assut d’Or, este año el escenario se ha desplazado ligeramente hacia el puente a fin de dirigir el sonido hacia la estructura.

Los comentarios no se han hecho esperar. “Qué bajito se oye” se ha repetido en diferentes grupos de personas que se acercaban a la primera actuación de la tarde. Incluso el cantante ha hecho bromas con la circunstancia: “Qué tal estáis? A ver si se nos oye esta tarde”.

A esos decibelios van a seguir tocando, a juzgar por los técnicos que revisaban, poco después de las 17:30, las mesas de sonido del festival, con especial atención al principal, por donde discurrirán los cabeza de cartel de hoy y mañana.

Ese escenario, El Águila, ha sido convenientemente reforzado en su parte trasera para evitar que el sonido vaya hacia atrás y, por tanto, hacia las viviendas. Los bafles del escenario van acompañados de dos torres, hacia la mitad de la pista del público, que llevan otros tantos altavoces para distribuir el sonido. Esa era una de las medidas correctoras que la organización ha aplicado para poder sacar adelante el festival.

Pese a todo, el escenario más conflictivo y que más dudas presentaba es el Hivernacle By Ballantines, una suerte de invernadero cubierto que se sitúa detrás del escenario principal y que más cerca se encuentra de los edificios cuyos vecinos presentaron la denuncia. El hecho de estar cerrado parece que puede evitar el flujo de sonido hacia fuera, tal como se ha previsto desde la organización.

Según el informe municipal, los limitadores estarán en las mesas de control técnico de cada escenario y se fijan niveles de control de 85 dBA en horario diurno y 80 dBA en horario nocturno, con mediciones a distintas distancias según el escenario: 50 metros en el principal, 30 metros en el segundo y 25 metros en el tercero.

Además, la organización ha anunciado nuevas barreras acústicas, doble apantallamiento en el escenario principal, reorientación de escenarios, nueva distribución sonora, monitorización acústica en tiempo real y supervisión técnica permanente.

Karavana ha sido el primero de los grupos en tocar, el encargado de romper el hielo en una edición polémica por la incertidumbre que le ha rodeado. Éxtasis, Leire Martínez, Pignoise, La La Love you, Siloé y Carlangas serán otros de los artistas que irán pasando por uno de los cuatro escenarios previstos y modificados sustancialmente para dirigir el sonido hacia el lado contrario de los edificios denunciantes.

Cronología de las últimas semanas

El origen del conflicto está en una sentencia dictada en marzo que obligaba a adoptar medidas para garantizar el cumplimiento de los límites acústicos en el entorno de la Ciutat de les Arts i les Ciències a cualqueir evento que allí se celebre. A raíz de esa resolución, varios festivales previstos para este espacio optaron por trasladarse o replantear su ubicación, como el caso de I love Reaggeton, que se trasladó al Estadi Ciutat de València, o el Bigsound, que ha elegido Torrent para celebrarse a final de mes.

En el caso de Les Arts, la organización defendió desde el principio que seguía trabajando con normalidad para mantener el festival en su ubicación tradicional, pero no dejaron de surgir dudas e incógnitas sobre cómo se podía celebrar un festival de música con una limitación de 80-85 decibelios.

Uno de los principales focos de la polémica fue el intercambio de responsabilidades entre el Ayuntamiento de València y Cacsa, ya que el consistorio le reclamó informes y documentación técnica que acreditara que el festival cumpliría con la normativa avústica al aire libre. Anunció además que se aplicaría una inspección y seguimiento durante el desarrollo del evento. Este mismo diario publicó que, a pocas semanas del festival, el consistorio no disponía de esa documentación.

Las asociaciones de promotores musicales reclamaron una solución urgente a la Generalitat, al Ayuntamiento y a Cacsa, con reuniones constantes, argumentando que la situación generaba inseguridad para los organizadores y podía afectar a la imagen de València como ciudad de festivales. Todos los festivales salieron de esas reuniones con la certeza de tener que cambiar su ubicación, pero el Festival de Les Arts la mantuvo.

La principal incógnita de las últimas semanas era si el festival podría celebrarse allí. La información que proporcionó el festival se limitaba a sus redes sociales, donde siempre han mantenido la ubicación original. El inicio del montaje y la continuidad de los trabajos organizativos fueron interpretados como señales de normalidad, aunque el debate sobre el cumplimiento de la normativa acústica y la gestión administrativa ha marcado toda la cuenta atrás hacia el festival.

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