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Así se escucha el Festival de les Arts desde las viviendas vecinas: "Se oyen más los silbidos que la música"

La primera actuación en el escenario principal apenas se escuchaba desde un noveno piso en el edificio más cercano al recinto de conciertos, pero sí eran perceptibles las protestas del público por el bajo volumen del concierto

El ruido que llega del Festival de les Arts a las viviendas más cercanas

Esteban San Canuto

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

El Festival de les Arts ha comenzado este viernes su primera jornada en la Ciutat de les Arts i les Ciències bajo una vigilancia inédita. La cita musical llega este año condicionada por la sentencia que condenó al Ayuntamiento de València por no haber protegido de forma eficaz a los vecinos afectados por el ruido de conciertos, festivales y actividades al aire libre celebradas en este entorno. El fallo ha obligado a revisar autorizaciones, reforzar controles y trasladar varios eventos previstos inicialmente en este espacio. En el arranque del festival, una de las principales consecuencias ha sido perceptible dentro del propio recinto: las quejas de parte del público por el bajo volumen de los conciertos.

La comprobación realizada por Levante-EMV desde una oficina situada en uno de los edificios más próximos al festival, aunque sin valor pericial ni carácter oficial, no ha permitido apreciar durante los primeros compases de la jornada que la música llegara de forma excesiva al interior del inmueble. Sí se ha constatado, en cambio, que el sonido procedente del escenario principal ha ido aumentando a medida que avanzaba la tarde y crecía la actividad en el recinto.

Una jornada normal

“Con las ventanas cerradas no se escucha la música, y con las ventanas abiertas se oyen más los silbidos del público que a la cantante”, explicaba el procurador Jesús Rivaya desde su despacho, situado en un noveno piso, minutos después de que comenzara la primera actuación en el escenario grande del festival, a cargo de Leire Martínez. El propio Rivaya comprobaba que, pasados unos 30 minutos, y después de que la artista llegara a abandonar momentáneamente el escenario entre las quejas del público para regresar poco después, la música se escuchaba algo más alta.

La escena en el edificio contrastaba con la tensión administrativa y judicial que rodea al evento. En el portal, el ambiente era de absoluta normalidad: niños bañándose en la piscina, residentes haciendo gimnasia en una zona común, conversaciones breves y la rutina propia de una tarde de viernes en una finca que, sin embargo, se ha convertido en uno de los puntos desde los que se mide ahora el pulso entre ocio, derechos fundamentales, Generalitat, Ayuntamiento y promotores. Al otro lado, el festival empezaba a tomar temperatura con las primeras actuaciones.

En el interior del inmueble visitado, con las ventanas cerradas, la música apenas se percibía durante los primeros momentos de la comprobación, en torno a las 19.00 horas. En algunos instantes sí se distinguía, entre el ruido del tráfico y el ambiente de la avenida Profesor López Piñero, al público coreando algunas canciones, pero no a la cantante ni a su banda. Según apuntaba el propietario de la oficina que abrió sus puertas a este periódico, durante esa franja no se detectaba una presencia sonora que impidiera conversar, ver la televisión o mantener una actividad normal en el interior. Una hora después, hacia las 20.00 horas, reconocía que el volumen del ambiente, más que el de la música, era algo más alto, “pero sigue sin ser molesto”.

Mediación de decibelios con una aplicación móvil desde una vivienda cercana a la Ciutat de les Arts.

Mediación de decibelios con una aplicación móvil desde una vivienda cercana a la Ciutat de les Arts. / Esteban Sancanuto

Medidas específicas

El Festival de les Arts ha llegado a esta edición con medidas específicas para intentar cumplir la normativa acústica y adaptarse al nuevo escenario judicial. La principal novedad es la rebaja del nivel máximo de emisión sonora: 85 decibelios en horario diurno y 80 en horario nocturno. A esa limitación se suman ajustes técnicos en la orientación de los equipos, controles durante las actuaciones y una programación diseñada para reducir el impacto en las horas más sensibles. De hecho, en esta edición las actuaciones terminan a la una de la madrugada, una hora antes de lo habitual.

Desde la vivienda visitada, esa rebaja ayuda a contextualizar la impresión recogida durante el arranque de la jornada. A las 18.00 horas, cuando ha dado comienzo el festival en uno de los escenarios más alejados de este edificio, la música no se percibía en el interior. Tampoco se apreciaba de forma clara la procedente del escenario de l’Hemisfèric, situado en un espacio techado pero más próximo a las viviendas. Más perceptible estaba siendo el sonido del escenario principal cuando arrancó la primera actuación, a las 18.50 horas. Esa percepción no permite acreditar por sí sola que el festival cumpla la normativa ni sustituye las mediciones oficiales, pero sí apunta a que las medidas adoptadas este año han podido contribuir a amortiguar la transmisión del sonido hacia algunos inmuebles próximos.

La medición orientativa realizada con una aplicación móvil ha llegado a situarse en algunos momentos por encima de los 55 dBA con las ventanas abiertas y en torno a los 45 dBA con las ventanas cerradas. Una hora después, con más público en el recinto y con el volumen aparentemente más alto, el registro era de 57 dBA con las ventanas abiertas y de 47,4 dBA con las ventanas cerradas. Estos datos deben interpretarse con prudencia: no se ha utilizado un sonómetro homologado, no se ha seguido una metodología pericial y los resultados pueden verse alterados por el tráfico, conversaciones, sonidos interiores o el ruido ambiental ya existente en la zona.

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