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Y mientras tanto, en Viveros: homenaje a los decibelios

Nits de Vivers acoge un microfestival de punk, metal y hardcore con grupos como Angelus Apatrida y Soziedad Alkoholika cuando, a tres kilómetros de allí, Les Arts sucumbe ante las restricciones de sonido

Concierto de Angelus Apatrida en València

Levante-EMV

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Claudio Moreno

Claudio Moreno

València

A la misma hora que Pignoise pedía disculpas por sonar a medio gas, afectados por las limitaciones acústicas impuestas al festival de Les Arts, las gallegas Anxela y Violeta se desgañitaban sobre un escenario levantado a tres kilómetros de allí, en los jardines de Viveros, que muy oportunamente acogieron ayer una jornada celebratoria de la música expansiva, con guitarras campando más o menos a sus anchas en una ciudad que acaba de sumar otro hito a la decadencia de los macrofestivales.

Anxela Baltar y Violeta Mosquera son guitarrista y batería de Bala, uno de los cinco grupos que tocaron ayer en Nits de Vivers. El dúo de punk-rock con influencias de stoner o metal fue directo al grano, a guitarrazo limpio frente a un público todavía algo estático. Sin un solo parón, disparando temas como “Mi orden”, “Equivocarme”, “Quieres entrar” o, ya hacia el final de su show, la brutal “Agitar”, un ejercicio de músculo a cuatro manos que sin embargo sonó algo aplacado, porque también aquí sobrevuela como un vampiro la ordenanza de contaminación acústica.

Concierto de Bala en Viveros

Concierto de Bala en Viveros / Levante-EMV

Tras la propuesta sin florituras de Bala, ejecutada con nervio y víscera, llegó uno de los dos platos fuertes de la noche: Angelus Apatrida. El recinto estaba mayoritariamente poblado por camisetas de este y el siguiente grupo, equipaciones de clubes que confrontaron por agitar el mayor número de melenas —quienes todavía pueden peinarlas—. La banda de thrash metal de Albacete manejó un tanque seguido de decenas de personas que fueron a la guerra en cada canción. “Sharpen the Guillotine”. “Cold”. “Indoctrinate”. Adrenalina pulcramente empaquetada en himnos. “Ya sabéis cómo va”, dijo el vocalista Guillermo Izquierdo, señaló al suelo, puso el pie en el amplificador y desató el caos.

Debajo se desplegó un muestrario de pogos, de la improvisada melé a la centrifugadora pasando por el muro de la muerte. “¿Suena o no suena?”, preguntaban desde el escenario. “Podría sonar más fuerte, pero apretaos aquí delante”. Y se apretaron. En algún momento, del infierno emergieron dos tipos con chalecos amarillos por la Educación Pública que Izquierdo confundió con “picoletos”. Una vez recuperados del susto los albaceteños se sumaron a la causa de los docentes valencianos, tal como ha difundido hoy algún sindicato educativo.

Pogo en Angelus Apatrida

Pogo en Angelus Apatrida / Levante-EMV

El último estacazo a la València sin decibelios —salvo en marzo, cuando metemos los tímpanos en formol— lo pegó Soziedad Alkoholika al grito de “¡esto es hardcore, hostia!”. La banda vasca arrancó con “Alienado” y “Falsos Dioses”, siguió con “Control de Masas” y “Polvo en los Ojos”, y cerró el primer bloque con “Política del Miedo”, todo ello jaleado a pie de pista, con bailes de puños y patadas, con chorros de fuego que salían del escenario y caldeaban el parque un poco más.

Concierto de SA en Viveros

Concierto de SA en Viveros / Levante-EMV

Además del fuego SA acompañó su setlist con un espectacular juego de luces y unas proyecciones audiovisuales más habituales en conciertos de música electrónica. Nada sobró, la bola de ruido siguió creciendo —controlada, seguimos en València— alimentada por “Ratas”, “Piedra contra tijera”, “No quiero”, “Pauso Bat” y las dos últimas: “Motxalo” y “Nos vimos en Berlín”. Éxtasis y adiós. El cierre fue puntual y la salida ordenada. A la 1 todo el mundo fuera, como en la Ciutat de les Arts i les Ciències, pero sin media ciudad pidiendo la hoja de reclamaciones.

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