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Música

Los escondites perdidos del jazz en València

Los promotores del género destacan el elevado nivel de intérpretes que tiene hoy en día pero lamentan cómo la escena ha ido decreciendo por falta de ayudas públicas. Del Club Perdido al Jimmy Glass, València vivió una época dorada entre los 80 y los 90 que hoy sigue despertando interés

Festival de Jazz de Valencia en su edición de 2024 en los Jardines del Palau de la Música.

Festival de Jazz de Valencia en su edición de 2024 en los Jardines del Palau de la Música. / FJZ

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Amparo Soria

Amparo Soria

«Es paradójico porque había menos músicos entonces, pero había más ruido y espacios, y ahora es justo al revés». Francisco Blanco, conocido en toda València como Latino, resume en una frase la transformación que ha vivido la escena jazzística valenciana durante las últimas décadas. El jazz lleva más de medio siglo encontrando refugio en la ciudad. Primero en teatros y auditorios, después en clubes que acabaron convirtiéndose en auténticos templos para los aficionados y músicos. Durante los años ochenta y noventa, València se consolidó como uno de los grandes focos del género en España gracias a una combinación poco habitual que se basaba en una programación estable, en músicos cada vez mejor preparados y una red de salas que permitía escuchar jazz cualquier noche de la semana.

Aquella eclosión cultural atrajo a figuras internacionales y ayudó a construir una generación de intérpretes valencianos que todavía hoy siguen siendo referencia. Club Perdido, Tres Tristes Tigres, La Linterna o, más tarde, Café Mercedes, fueron algunos de los escondites donde creció una comunidad que encontró en la improvisación una forma de entender la música.

Muchos de aquellos espacios han desaparecido, pero la escena sigue viva. Ahora se reparte entre salas como Jimmy Glass, Black Note, Matisse o El Loco y se apoya en escuelas, conservatorios y festivales que continúan formando nuevos públicos. La pregunta ya no es si existe jazz en València, sino dónde se esconde.

Latino es fundador y director de Sedajazz, uno de los colectivos más importantes de jazz en España. Repasa los principales clubs que hicieron crecer el género en la ciudad y lamenta que el Café Mercedes, en la calle Sueca, cerrara, porque era el que mejores condiciones acústicas tenía. Sin embargo, tras la desaparición del Club Perdido, es el Jimmy Glass quien ostenta el título de mejor local de València y uno de los más respetados de España, siendo conocido internacionalmente gracias a la programación que diseña su gestor, 'Chevi'.

En estos momentos son las salas las que están dinamizando el sector gracias a los conciertos y jam sessions que organizan lugares como Matisse, El Loco o Black Note, pero no hay lugares "oficiales" para hacer esas sesiones improvisadas. "Es una pena porque existe ese interés, cualquier cosa que se programa de jazz se llena, incluso si participan grupos amateurs", asegura Latino, quien recuerda que con Sedajazz tenían una programación fija en Rambleta con las 'Ram Sessions' con grupos grandes.

Sedajazz en la Rambleta el 18 de abril dentro del ciclo 'Ram sessions'.

Sedajazz en la Rambleta el 18 de abril dentro del ciclo 'Ram sessions'. / Sedajazz

En este sentido, Latino también apunta a que València siempre ha sido conocida por la calidad musical en el género. Ahí han pasado a la historia nombres destacados como Ricardo Belda, Eladio Reinón, Carlos González o Perico Sambeat, pero también otros como Vicente Macián, David Pastos, Víctor Jiménez, Carlos Martín, y más jóvemes como Juanito Saus o la cantante Alba Serrano.

Ahí está la clave: segun el promotor, fundador de SedaJazz, el panorama ha cambiado para bien. "Hay más escena, hay más músicos y solo falta que las instituciones den más permisos a los locales para que puedan programar conciertos y potenciar la música en directo", afirma. Además, ahí el reto está en diseñar repertorios amenos que acojan a todos los públicos, tanto a los conocedores del estilo como los que acaban de llegar. Ese es uno de los mayores retos; vencer el miedo que el público tiene a abrirse al jazz.

De hecho, Latino asegura que las escuelas están llenas y València tiene oportunidades, aunque muchos prefieren irse a Barcelona (cuna del Jazz en España) o al resto de Europa. En la escuela de Sedajazz enseñan desde los 5 a los 75 años y cuentan con más de 300 alumnos y alumnas. "Muchos músicos vienen de bandas porque les interesa el jazz, lo descubren y quieren meterse a estudiar con nosotros, porque potenciamos la creatividad desde el principio ya que en la música moderna hay que saber improvisar, y eso se basa en tener buenos recursos".

El gran vivero de aquella generación fue el Club Perdido, que marcó las décadas de los ochenta y noventa hasta su cierre. Junto a él, espacios como Tres Tristes Tigres o La Linterna contribuyeron a consolidar una escena que alcanzó repercusión internacional gracias a una programación ambiciosa que convirtió a València en parada habitual de grandes figuras del jazz en su local de la calle Sueca, donde más tarde se ubicaría el Café Mercedes. "Es paradójico porque había menos músicos entonces, pero había más ruido y espacios y ahora es justo al revés", lamenta Latino.

En este sentido interviene también Enrique Monfort, archivero y documentalista en el Palau de la Música y programador del Festival de Jazz de València: "Hoy no hay tanto circuito a nivel privado, hay más apuesta de lo público pero aún así es insuficiente, porque faltaría una red estable a nivel institucional más allá de la temporada de verano, donde se emplazan casi todas estas citas musicales. Sería bueno sobre todo para los jóvenes, que desestacionalizarían sus actuaciones".

Jeremy Pelt con Sebastian Chames 4tet en el local Jimmy Glass, en 2023.

Jeremy Pelt con Sebastian Chames 4tet en el local Jimmy Glass, en 2023. / Jimmy Glass

Monfort pone el acento en que la formación actual nada tiene que ver con la de hace 20 años. Recuerda que en los 90 se partía "de la nada absoluta" y en estos momentos se encuentra Berklee College of Music que ha creado una estructura formativa consistente, como también ha hecho el Conservatorio Superior de Música de València 'Joaquín Rodrigo', donde se incluye en la carrera de interpretación la especialidad de Jazz. Como dato que apunta su director, Rafa Tortajada, hay inscritos en este curso un total de 53 estudiantes, cinco mujeres y 48 hombres.

En ese curso destaca Jesús Santandreu, profesor de composición de jazz, armonía, entrenamiento auditivo y arreglos además de ser el director de la Big Band del conservatorio.

Monfort también apunta a la labor de la escuela de Sedajazz y alude directamente a Latino, quien califica de "el engranaje sobre el que gira toda la escena de jazz en València", fundamental en la creación del ecosistema que existe en la actualidad. "Música jazz en València siempre ha habido, pero fue Sedajazz quien creó el panorama musical", afirma el experto

Antes incluso de los clubs y los festivales, Monfort también recuerda que el Festival de Jazz de València tiene una larga trayectoria conectada con el Teatro Principal, institución que apostó por programar este género en la década de los 70. Fue Julio Martí el impulsor ed esta iniciativa y médico de profesión, pero ligado a su vocación musical que le llevó a fundar Serious Fan Music y dirigir las Noches del Botánico de Madrid, siendo pionero en introducir el jazz en España. "Todo eso comenzó aquí, en el Teatro Principal de València", explica Monfort.

El programador tampoco olvida la iniciativa de la Diputación de València 'Fem-ho jazz" que, como el festival que él mismo dirige, "siempre se llena de asistentes". Añade, además, un nuevo perfil de público: el de los extranjeros asentados en València que demuestran un alto interés en este género, lo disfrutan y lo compran sin importar el precio. Normalmente, las entradas para ver estos conciertos van desde los 10 a los 35 euros porque la intención es "que todo el mundo pueda asistir sin problemas, lo único necesario es poder pagar un buen caché y que haya una buena acústica". Esos conciertos, además, se llevan a los barrios en ese intento por democratizar y llegar a todos los públicos, sin importar si vives en Patraix o en Marxalenes.

"A veces se nos olvida que el jazz es una música con la que dejarse llevar, con el oído y con los sentimientos. El problema es que se ha canibalizado la palabra y se cuelan propuestas más pop, restándole formalidad al género que no debería ser serio, precisamente porque es improvisado", dice Monfort.

Festival de Jazz de Valencia en una imagen de 2024.

Festival de Jazz de Valencia en una imagen de 2024. / FJV

La paradoja sigue ahí. València cuenta hoy con más músicos, más centros de formación y más personas interesadas en el jazz que hace tres décadas y, sin embargo, quienes impulsan la escena coinciden en que faltan espacios estables donde toda esa energía pueda encontrarse sobre un escenario.

Pese a ello, el género se resiste a desaparecer. Sobrevive en los clubes que mantienen una programación constante, en las jam sessions que siguen llenando locales, en las aulas donde centenares de alumnos aprenden a improvisar y en un público cada vez más diverso que acude a los conciertos dispuesto a dejarse sorprender.

Quizá los grandes templos de los años ochenta y noventa formen ya parte de la memoria de la ciudad y por tanto, el jazz haya abandonado algunos de sus refugios históricos. Pero sigue escondido en València, dejándose ver cada vez que puede gracias a unos promotores que siguen ofreciendo una programación de primer orden. Basta con empujar la puerta correcta para descubrir que, detrás de ella, todavía hay muchos músicos valencianos que siguen marcando el compás.

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