Fuera de compás
El día más feliz del año
Hay miles de canciones que a cada uno le vendrán a la cabeza para poner banda sonora a la búsqueda de la felicidad

Queen cantaba «Don’t Stop Me Now», la canción más alegre de la historia. / queen

¡Nano, que el sábado es el día más feliz del año! Porque tú lo digas, calatrava. Que no lo digo yo, moniato, que lo dice la ciencia. Ya será menos. Calla y atiende, cenizo: un grupo de expertos, con el psicólogo Cliff Arnall al frente, determinó que el 20 de junio es el día más cargado de factores positivos. Y algo sabrá ese nota, porque resulta que es el que se inventó lo del Blue Monday. Así que, después de la mala conciencia que le provocó aquella parida, se puso manos a la obra para darle la vuelta a la tortilla y descubrió que por la temperatura ideal que suele hacer por estas fechas, por la mayor cantidad de luz solar que tenemos y por la percepción de la alegría y la calidad de vida que nos brinda esta segunda quincena de junio, con las verbenas de San Juan bien cerquita, el día más feliz del año es el 20 de junio. O sea, este sábado.
Y para rematar ese subidón de cortisol y otras hormonas relativas al bienestar que provoca el asunto le dio por llamarlo Yellow Day, porque ya se sabe que el amarillo es el color de la alegría, la positividad y la energía. Bueno vale, el de los locos también, pero continuando con los estudios científicos y por traer algo de música con la que alegrarnos tan señalada jornada les ofrezco la canción más alegre de la historia. Se trata de «Don’t Stop Me Now», de Queen. Un estudio neurocientífico capitaneado por el doctor Jacob Jolij, de la Universidad de Groningen, determinó que su ritmo rápido, la electricidad que desprende y su letra optimista y llena de energía positiva definen la fórmula perfecta para levantar el ánimo.
Y hombre, cada cual tendrá su setlist para matarse las penas y subirse las endorfinas pero lo cierto es que algunas de las que forman parte del dichoso estudio parecen estar diseñadas para venirse muy arriba. Ahí tienen ‘Good Vibrations’ de los Beach Boys, que lo mismo es la mejor canción de todos los tiempos y te pone en órbita con sus voces, sus teclados y su theremín. Si es que hasta el título es perfecto. También meten ‘Uptown Girl’ de Billy Joel, con ese ritmo y esa luz heredera de la mejor tradición del pop de chicas espectoriano. ‘I’m a Believer’ de los Monkees es capaz de secarte las lágrimas con un golpe de caja por chungo que sea el disgusto y ‘Walking On Sunshine’, de Katrina and the Waves, es el perejil en todas las salsas gozosas que en las ondas hertzianas existen, venga la batería rompecaderas y los vientos huracanados de jovialidad.
Hay miles de canciones que a cada uno le vendrán a la cabeza para poner banda sonora a la búsqueda de la felicidad, el desiderátum de la especie humana y su principal motor emocional. Me encantan ‘Everlasting Love’ de Love Affair, ‘I Saw The Light’ de Todd Rundgren, ‘More Today Than Yesterday’ de Spiral Starecase, ‘Shiny Happy People’ de R.E.M., ‘Salta’ de Tequila o la siempre fantásticamente profética ‘Voy a pasármelo bien’, de Hombres G.
También les digo que hay días en que la vida me parece un sumidero de ilusiones y esperanzas, un abismo de llantos y remordimientos. Días en los que me gustaría hablar con esos neurocientíficos vendemotos para decirles que también soy feliz un martes de noviembre, entre la sordidez, el sarcasmo y el dolor propio o ajeno, huyendo del buen rollo generalizado. Que me derrito de emoción escuchando a Lennon cantando ‘Happiness is a Warm Gun’ o a Keith Richards desgañitándose en ‘Happy’, confesándose incapaz de ahorrar o llevar una vida ordenada, aceptando caramelos de extraños, chutándose la noche por la vena, cambiando el triptófano del plátano por cualquier sustancia terminada en ‘ina’.
¿Cómo no voy a ser feliz escuchando ‘Happy When it Rains’ de Jesus And Mary Chain, ya sea bajo un aguacero de lluvia o de aflicción, disfrutando del mal tiempo meteorológico o de la desolación sentimental? Felicidad, dónde estás, dame una sola pista, que llevo buscándote toda mi vida y no dejas de esquivarme, cantó Michael Stipe para aquella magnífica película de Todd Solondz titulada ‘Happiness’ por la que pululaban depravados, pederastas, adúlteros, drogadictos, ególatras y fracasados.
Piensen en ello, en la dificultad o la incapacidad de los disfuncionales para encontrar esa tan cacareada felicidad a la que, ay qué risa, todos tenemos derecho. Piensen también en que nuestro admirado Michael Stipe se cantó un dueto con Miguel Bosé en el álbum ‘Papito’. Piensen mucho en ello el próximo sábado. Yo, mientras, estaré bailando en calzoncillos ‘Old Time Rock And Roll’ de Bob Seger, imitando a Tom Cruise en ’Risky Business’. Siendo razonablemente feliz.
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