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Fuera de compás

Refugio seguro para tiempos líquidos

El nuevo disco de The Standby Connection conecta con nosotros en los 90, cuando empezábamos a ser post adolescentes, algo que no hemos dejado de ser rebasada ya la cincuentena.

The Stanby Connection

The Stanby Connection / Juan Pardo

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Fernando Soriano

Fernando Soriano

València

Me va a costar más explicarlo que a ustedes entenderlo. De vez en cuando aparecen libros, películas y discos que están en boca de todo el mundo y que significan más de lo que encierran como obra de arte estricta. Fenómenos de temporada que desentierran un lenguaje compartido, revitalizan un vínculo emocional o capturan un zeitgeist determinado: el espíritu de un tiempo. Y oigan, desde que Zygmunt Bauman definiera aquello de los tiempos líquidos, líquidos son también los espíritus que los pueblan y se manifiestan en ellos, venidos y por venir. Digo yo. Así que me parece a mí que el nuevo disco de la banda valenciana The Standby Connection conecta con un momento exacto en la existencia de nuestro pequeño grupo humano. Esto es, con nosotros en los 90, cuando empezábamos a ser post adolescentes, algo que no hemos dejado de ser por mucho que hayamos rebasado la cincuentena.

Y por eso estamos como locos con el artefacto, porque nos devuelve a aquel solar en el que (me gusta pensarlo) todos pusimos algo de nuestra parte para construir aquella escena musical underground, independiente o alternativa ya fuera como músicos, periodistas, público, salas, promotores, discográficas y ya no sé si políticos o instituciones. Por eso y porque es un discazo que no se lo salta un galgo, de esos para escuchar en bucle deleitándose con sus melodías firmes, tranquilas y luminosas, con sus baterías minimalistas, acentuadas y metronómicas y con sus guitarras texturizadas y vibrantes. Basta con escuchar el primer minuto de “2024”, con ese ostinato tan Sterling Morrison, para saber de qué va la película. Y nos encanta, claro.

Escuchen su ambiente acogedor y familiar en “Dreams”, puro regocijo melódico. La bruma ensoñadora y fracturada de “We Can Hide in LA” y esos matices sonoros que muestran las exquisita y certera producción del disco. La colosal “MB”, en la que han colaborado sus amigos Dean Wareham y Britta Phillips, o el cierre crepuscular y rematadamente hermoso que supone “My Friends”.

Jesús Sáez, batería, me cuenta que están “un poco alucinados porque hemos sacado el disco a través de un sello pequeño, independiente, que hace las cosas con cariño, pero como puede. Publicar un disco es un ejercicio de comunicación y, al final, esperas que lo escuche la mayor cantidad de gente posible, obviamente, pero estar viendo la atención que despierta, las críticas que recibe, los comentarios en redes sociales… para nosotros es maravilloso. Nos recuerda mucho a los años 90, cuando estábamos en Polar y salimos en Radio 3, en La 2 y en otros medios. Volver a eso nos tiene encantados”.

El envoltorio del elepé es tan elegante y suculento como los surcos interiores. El fotógrafo valenciano Juan Pardo retrata en blanco y negro la peculiar gasolinera del Rebollet, en Oliva. A lo largo de este último año, Pardo también ha ilustrado los singles de adelanto, dando protagonismo a unas sugerentes obras arquitectónicas de estilo brutalista que podemos encontrar relativamente cerca. Por si quieren hacer una ruta tienen el edificio Arcade de la calle Serpis en Valencia, la urbanización Mar Plata en la playa del Puig, la antigua instalación de Pavimentos Guillén en Foios o el edificio Hispania en la murciana calle de Jerónimo de la Roda.

Sobre el futuro de la banda, Sáez asegura que “todavía existe una pulsión y una necesidad de hacer música, no nos entendemos de otra manera, llevo más de 25 años tocando con Paco Grande y Miguel Martínez Matallín. Algo menos con Ramón Manzaneda. Tocar juntos es muy natural para nosotros, sale muy fluido”. Por eso, “no pensamos en parar, al revés, pensamos en rodar el disco, en tocar, tenemos un directo muy sólido. Posiblemente estemos tocando en Inglaterra, tres días, a principios de 2027. Es otro sueño musical, pero para eso estamos aquí, para poder cumplirlos”.

Y así, persiguiendo esos sueños tras una carrera de más de 30 años y guiados por sus héroes de la Velvet Underground, Pavement, Luna, Sonic Youth o Galaxie 500, The Standby Connection han construido con su disco homónimo un refugio emocional sobre la aceptación del paso del tiempo. Sobre hacerse mayor a sabiendas y vivir la madurez sin hacerse trampas, disfrutando de la nostalgia, pero sin dejar de vivir el presente ni de planear el futuro. Sin dejarse hechizar por cantos de sirena, siguiendo su propio camino aprovechando cada oportunidad de componer, ensayar y grabar como si fuera la última. Demostrando con la publicación de esta obra maravillosa que, a ciertas edades (con perdón), vivir sin miedo ya es una victoria.

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