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Memoria

Esta semana he recordado que casi todo lo importante termina convertido en memoria

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Gadea Fitera

Gadea Fitera

València

Confieso que tengo una debilidad enorme por los atardeceres valencianos, es una de las pocas cosas sobre las que creo que todos podemos ponernos de acuerdo. Cuando el sol empieza a caer, la luz se torna dorada y envuelve la ciudad en un halo más cinematográfico. Por eso el desfile de Miguel Llopis al atardecer en el Umbracle no podía haber tenido mejor escenario.

Tuve el honor de presentar de nuevo el desfile junto a mi madre, Laura Fitera (ya lo habíamos hecho con anterioridad como recordarán en Atena Sky) y ambas estábamos muy ilusionadas por acompañar a Miguel de nuevo, ya que es una persona a la que verdaderamente apreciamos y admiramos su trabajo.

El Umbracle se llenó de rostros tan conocidos como la presentadora de televisión Rocío Madrid, Ángela Pla, Elena Meléndez, Pilar Cañiz, Goyo Bonillo, Ángela Valero de Palma, Quique Camps, Alberto Medina, Mayka Raga, Sara Sanz, Bárbara Sastre, María Benavent, Rocío Navarro, Natalia Julve, Marcos Guaita, Ana Navamuel, o la jueza Amparo Bolinches.

Había gran expectación, mucha prensa y ganas de ver lo que Miguel había preparado después de presentar sus colecciones en la Moscow Fashion Week y la New York Fashion Week, y no decepcionó.

Lo que más me gusta de Miguel es que sus vestidos hablan de nuestra tierra, de la luz mediterránea, de las dunas, de la arena, del color de nuestros atardeceres. Había tejidos con cuerpo, patronajes muy trabajados, corsés inspirados en el siglo XVIII que inevitablemente recordaban a nuestros trajes de valenciana, y una enorme atención al detalle.

Me gustó especialmente esa mezcla de colecciones que presentó. Pudimos ver algunas de las piezas que ya han viajado por Moscú y Nueva York, la colección cápsula Ibiza para este verano y algunas pinceladas de lo que llegará en 2027, con una paleta de dorados, marrones y tonos tierra que prometen mucho.

A veces olvidamos la enorme cantidad de trabajo que existe detrás de una prenda bien hecha, por eso resulta tan agradable encontrarse con alguien que sigue entendiendo la moda como un oficio.

Entre los asistentes pude saludar al doctor Gianni Bistoni junto a Anais Tirado, Jorge Blanquer, Amparo Prieto Año, Sara Gil, Toñi Serna, Mila Martí, Mariángeles Rodríguez, Juan Antonio Murgui y su hermana María José, Marcos Campos, Ana Fernández, César Varona, María Estrella, Carolina Sancho junto a Alix Degryse y Beatriz Maset acompañada de Sofía Jordán.

La moda tiene mucho que ver con la memoria, conservamos prendas durante años porque nos recuerdan qué pasó cuando las llevábamos, o quiénes éramos. Guardamos vestidos imposibles de volver a ponernos simplemente porque contienen una historia, y precisamente de recuerdos seguí hablando unos días después.

Acudí al aniversario de Hard Rock Cafe Valencia, que celebraba los cincuenta y cinco años de la marca y los nueve años de su sede valenciana. La ocasión sirvió también para presentar la colaboración entre Jesús Arrúe, Carla Alabau y CLC Arte, una combinación destinada a funcionar desde el primer momento.

La obra de Jesús habla de algo que todos compartimos, nuestros mitos culturales. Sus cuadros están llenos de música, de iconos y de personajes que forman parte de la banda sonora sentimental de varias generaciones.

Las obras dedicadas a David Bowie y Madonna ocupan un lugar especial, y escuchar a Jesús recordar emocionado cómo Madonna adquirió dos de sus obras, me hizo pensar en lo caprichoso y maravilloso que puede llegar a ser el destino…

Por allí estaban también Alfredo Piedrafita e Iker Piedrafita, aportando todavía más espíritu rockero a una tarde donde el arte y la música estuvieron presentes en cada conversación.

Un menú para el recuerdo

Me permitirán ustedes terminar esta semana con un evento que me ha emocionado. Tuve la oportunidad de conocer el proyecto que han puesto en marcha Sandra Guglielmetti y Elias Kogler en el restaurante Mengem junto a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Valencia, que se llama “El Menú de los Recuerdos”.

La propuesta consiste en construir un menú gastronómico a partir de los recuerdos culinarios de trece pacientes de Alzheimer. Recetas familiares, sabores asociados a la infancia, platos que marcaron momentos importantes de sus vidas y que todavía permanecen en algún rincón de su memoria.

Junto a ellos quiso estar Ana María Ruiz, de AFAV, además de varios de los pacientes que compartieron sus recuerdos para hacer posible esta iniciativa.

Cuando pensamos en la memoria solemos imaginar grandes acontecimientos, pero la verdad es que los recuerdos más importantes suelen esconderse en lugares mucho más humildes, en una cocina, en una receta escrita a mano, en el olor de una comida de domingo, o en una mesa compartida con quienes queremos.

Quizá por eso me gustó tanto este proyecto, porque utiliza la gastronomía para recordarnos que la memoria no es solamente una función cerebral, es también emoción, identidad y afecto.

Y al volver a casa comprendí que, sin haberlo planeado, toda mi semana había girado alrededor de la misma idea, que al final somos mucho más que lo que hacemos o lo que tenemos. Somos, sobre todo, aquello que conseguimos recordar.

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