Cancelación o exilio: Les Arts y Bigsound enmarcan el dilema festivalero de València
La sentencia por los festivales en la Ciutat de les Arts ha abierto un cambio de ciclo en el que la música en directo al aire libre ya no depende solo del cartel, sino de la acústica, la movilidad y la tolerancia vecinal

VALENCIA. VLC. Festival de Les Arts / Fernando Bustamante / LEV

València va a cerrar el mes que puede redefinir su mapa festivalero. A principios de junio, y tras intentar resistir en su ubicación histórica de la Ciutat de les Arts, el Festival de les Arts se convirtió en el ejemplo más visible de los límites musicales de la ciudad. Bigsound, en cambio, decidió salir de València, trasladarse a Torrent y presentar el pasado fin de semana su estreno metropolitano como una posible solución de futuro. El resultado dibuja una conclusión incómoda: los grandes festivales al aire libre tienen cada vez más difícil seguir dentro de la capital y quizá la salida esté fuera de ella.
La sentencia publicada a finales de marzo, que dio la razón a vecinos afectados por el ruido de los macroeventos en la Ciutat de les Arts, ha marcado un punt de inflexión. El fallo ordenaba al Ayuntamiento de València adoptar medidas, incluida la revocación de autorizaciones o la reubicación de actividades, y condenaba al consistorio a indemnizar a los demandantes. La resolución también reprochaba la falta de control municipal efectivo sobre el ruido y la ausencia de mediciones desde las viviendas afectadas.
Error y éxito
La primera gran prueba fue el Festival de les Arts. Durante la primera jornada hubo quejas del público y de artistas por el escaso volumen, aunque las mediciones oficiales acreditaron que se habían superado los límites previstos. El Ayuntamiento ordenó la paralización de las fuentes sonoras, la segunda jornada quedó cancelada y el modelo festivalero de València quedó tocado. Les Arts no ha aclarado aún si volverá el año que viene ni bajo qué condiciones, con qué recinto o con qué marco acústico podría hacerlo.
Bigsound tomó el camino contrario. Salió de València y se instaló en el Parc Central de Torrent, donde el encaje legal era distinto. La ley autonómica a la que se acoge Torrent por no tener una ordenanza propia para este tipo de asuntos, permite exenciones temporales para acontecimientos musicales con marca turística, siempre que adopten las mejores tecnologías disponibles y no superen los límites fijados en una resolución específica. En la práctica, eso ha permitido a promotores y ayuntamiento moverse con un marco más asumible que el aplicado en València. El festival agotó entradas, según la organización, y volverá a la capital de l’Horta Sud en 2027. El gobierno local asegura que el impacto económico ha sido de 15 millones de euros y presenta el evento como una oportunidad para entrar en el circuito nacional de grandes festivales.

Valencia VLC Big Sound sábado concierto de Natthy Peluso / Francisco Calabuig / LEV
El cambio no es fácil
Pese a este éxito aparente, el cambio no ha sido fácil. El traslado exigía demostrar que la salida de València no convertía el festival en una cita incómoda para el público. La Generalitat activó un dispositivo especial de Metrovalencia y Metrobús que, según el gobierno autonómico, transportó a más de 15.000 viajeros y generó cerca de 30.000 desplazamientos si se cuentan ida y vuelta. La cifra refleja el esfuerzo realizado, pero eso no evitó largas esperas y aglomeraciones en los andenes una vez terminadas las actuaciones musicales.
El “exilio” metropolitano no es una solución automática. Torrent, como Cullera o Benicàssim, ofrece más margen acústico, más suelo y mayor predisposición institucional, pero la operación encarece la movilidad: más metros, autobuses, lanzaderas, aparcamientos, seguridad, limpieza y coordinación entre administraciones. Parte del público todavía asocia el festival urbano a la comodidad de llegar desde el centro y algunos promotores temen que salir de la ciudad reduzca atractivo comercial.
Los vecinos de los municipios receptores tampoco son una variable menor. El caso de Torrent ha empezado con balance institucional positivo, pero antes de la celebración ya hubo reticencias vecinales. Si el Parc Central se consolida como recinto de grandes eventos más allá del Bigsound, el conflicto que València acaba de vivir puede desplazarse, no desaparecer.
Bloqueo en València
La falta de un gran recinto al aire libre dentro de València agrava el bloqueo. La Ciutat de les Arts ha quedado tocada por la sentencia y por la cancelación de Les Arts. La alternativa del Ciutat de València ha funcionado a medias para Love the 90s y I Love Reggaeton. La Marina Nord ofrece aforos más limitados. La Marina Sur está condicionada por obras y usos. La plaza de toros tiene restricciones de programación y encaje urbano. Y la ZAL del puerto, que los promotores apuntan como posible solución a largo plazo, no cuenta con apoyo político. Mientras tanto, los conciertos de Viveros aún han de probar que no todo el directo al aire libre está amenazado siempre que no pase de los 5.000 o 10.000 espectadores.
València no es una excepción en este dilema entre grandes eventos musicales y convivencia vecinal. En Barcelona, ante las quejas vecinales, el Ayuntamiento limitará a 15 noches al año los festivales del Fòrum que acaben después de las 23.00 horas, aunque el Primavera Sound y el Cruïlla quedan fuera de la medida. En Madrid, el ruido de los conciertos del Bernabéu ha acabado judicializado. En paralelo, Getafe ha impugnado la licencia del Mad Cool en el recinto Iberdrola Music, con alegaciones acústicas y por el impacto sobre más de 32.000 vecinos. Y en Bilbao, el BBK Live de Kobetamendi convive con barrios donde las quejas se centran menos en el volumen que en accesos, restricciones y logística.
¿Burbuja?
A todo ello se suma una coyuntura económica más frágil para el sector. El crecimiento de la recaudación -807,2 millones de euros en taquilla en 2025, un 11,2% más que el año anterior en toda España- convive con una fuerte subida de costes, logística y cachés artísticos y con la cancelación de varios festivales por baja venta de entradas. La lectura más plausible es que los grandes festivales consolidados y bien respaldados por las administraciones resisten mejor, mientras que los medianos quedan atrapados entre costes crecientes, públicos más selectivos y competencia feroz por los cabezas de cartel.
En ese contexto, más que la ubicación de dos festivales, València se juega si quiere seguir siendo una ciudad de grandes eventos musicales al aire libre. La sentencia que refuerza el derecho al descanso de los vecinos ha obligado a aplicar límites que antes se gestionaban de forma más laxa. Bigsound ha demostrado que la solución puede estar fuera de la ciudad, siempre que esta alternativa siga contando con apoyo institucional y no se limite a trasladar los problemas de sitio. Les Arts, en cambio, deja una advertencia: sin un nuevo marco, la música en directo de gran formato en la capital tiene menos margen.
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