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Crítica

El caso (Josep) Colom

Su presencia se torna acontecimiento, luz y modelo. La maestría no es solo un grado. Es una manera de ser y de servir la obra de arte limpia de hojarasca y tontería.

Concierto ofrecido por Josep Colom y la Orquestra de València en el IV Festival Iturbi.

Concierto ofrecido por Josep Colom y la Orquestra de València en el IV Festival Iturbi. / Live Music Valencia

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Justo Romero

Justo Romero

València

IV FESTIVAL ITURBI. Palau de la Música. Orquestra de València. Programa: Obras de Brahms ('Segundo concierto para piano'), y Rajmáninov ('Danzas sinfónicas'). Solista: Josep Colom (piano).Director: Pablo Rus Broseta. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1.100 espectadores. Fecha: viernes, 26 junio 2026

El caso Colom, Josep Colom, es uno de esos absurdos que tanto se producen en el mundo, no ya solo del piano o de la música, sino del Arte en general. Resulta que quien es uno de los pianistas incuestionables de la historia del teclado español, ya casi octogenario -cumplirá los ochenta el próximo 11 de enero-, cuando se encuentra en estado de forma asombrosamente pletórico, apenas tiene presencia en las programaciones españolas. El absurdo se convierte escarnio para sordos programadores y ralea similar tras escuchar el viernes, en el Palau de la Música de València, su colosal interpretación de un concierto de tantas y diversas exigencias como el 'Segundo' de Brahms.

En unas programaciones y en un tiempo en que cualquier chiquilicuatre anda de orquesta en orquesta, de festival a festivalito tocando lo que sea, la presencia de Josep Colom se torna acontecimiento, luz y modelo. La maestría no es solo un grado. Es una manera de ser y de servir la obra de arte limpia de hojarasca y tontería. Así y por derecho se metió Colom en el 'Concierto' de Brahms, en la plenitud vibrante y lírica de sus cuatro movimientos, desde el cadencioso arpegio ascendente inicial a la fluida vaporosidad del liviano 'Allegretto grazioso' final.

Concierto ofrecido por Josep Colom y la Orquestra de València en el IV Festival Iturbi.

Concierto ofrecido por Josep Colom y la Orquestra de València en el IV Festival Iturbi. / Live Music Valencia

Con músculo y lirismo cantable, con la autoridad de quien no quiere mostrar ni demostrar otra cosa que el significado y sentir más genuino de la obra de arte. Fascina el virtuosismo vigoroso que luce a 79 años, pero aún más el uso que hace del mismo, al empeñarlo en revelación de expresión, sentimiento y sentido de una versión romántica y apasionada, ajena a retóricas, efectos y poses. Brahms puro, enseñoreado en su pianismo de altos vuelos y en la efusión más confidencial y desnuda, tal como dijo y cantó, con la complicidad del violonchelo solista, el contemplativo tercer movimiento.

Fue -casi huelga ya redundarlo- una interpretación magistral, que contó con la complicidad en el podio del maestro valenciano Pablo Rus Broseta (Godella, 1983) y de una Orquestra de València contagiada de la inspiración que llegaba desde el teclado y animada por el gobierno de Rus Broseta, quien supo escuchar, seguir y servir al artista que tenía ante el teclado. Luego, tras muchos aplausos, y salidas a saludar, Colom rubricó la actuación con el regalo (íntimo) del segundo intermezzo del 'Opus 117' de Brahms, en si bemol menor. Un silencio se impuso en la Sala Iturbi mientras el piano congelaba las emociones en su extrema serenidad contemplativa. Imposible mejor colofón.

Luego, tras la pausa de este concierto incluido en la muy desigual cuarta edición del Festival Iturbi, pero perdido en la agenda inmensa del Palau de la Música, Ruz Broseta y los profesores de la Orquestra de València se adentraron en el formidable tríptico que conforman las 'Danzas sinfónicas, opus 45', de Rajmáninov, entendido con temple y detalle por una orquesta que volvió a lucir su cuajado estado de forma.

Concierto ofrecido por Josep Colom y la Orquestra de València en el IV Festival Iturbi.

Concierto ofrecido por Josep Colom y la Orquestra de València en el IV Festival Iturbi. / Live Music Valencia

Suntuosidad sinfónica, atención minuciosa al detalle y lirismo sin almíbar fueron señas de identidad de tan calibrado trabajo conjunto. El público distinto del Festival Iturbi -cuya organización reparte y regala las entradas a gogó en un hacer tan demagógico como erróneo- emborronó con sus escandaleras y aplausos a destiempo -no hubo movimiento ni en Brahms ni en Rajmáninov que no fuera vivamente ovacionado- el aura de tan particular y dual noche.

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