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El pequeño Sorolla extraviado en Sevilla nació en una fábrica de conservas de Ayamonte

La obra, recuperada tras varios días en manos de un turista murciano que la recogió al verla en la calle, fue un regalo de pintor a Manuel Feu Marchena, propietario de la fábrica conservera donde Sorolla trabajó en 1919 en el último panel de su monumental "Visión de España"

'La pesca del atún' en Ayamonte de Sorolla forma parte de la colección «Visión de España» para la Hispanic Society of America en Nueva York.

'La pesca del atún' en Ayamonte de Sorolla forma parte de la colección «Visión de España» para la Hispanic Society of America en Nueva York. / L-EMV

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València

El pequeño óleo sobre cartón de Joaquín Sorolla que ha permanecido extraviado durante unos días en Sevilla tiene una historia que va mucho más allá del sobresalto de su desaparición. La pieza, localizada después de que un turista de Murcia la recogiera en la calle al pensar que estaba abandonada, procede -según ha explicado Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del artista y una de las grandes especialistas en su obra- del entorno mismo en el que el pintor valenciano remató una de sus empresas más ambiciosas: el panel 'Ayamonte. La pesca del atún', conservado en la Hispanic Society de Nueva York.

La peripecia reciente comenzó cuando los propietarios de la obra la dejaron accidentalmente apoyada en la acera mientras cargaban el coche en Sevilla. Al regresar, el cuadro ya no estaba. Días después, un vecino de Murcia que visitaba la ciudad comunicó que lo tenía él. Lo había visto en la calle, le llamó la atención el marco y se lo llevó sin saber que se trataba de un Sorolla. La familia había denunciado la pérdida y difundido carteles para recuperarlo.

Andrés Hurtado con el Sorolla que encontró en una calle de Sevilla.

Andrés Hurtado con el Sorolla que encontró en una calle de Sevilla. / Marcial Guillen / EFE

La historia antigua del cuadro conduce hasta Ayamonte, en 1919. De acuerdo con Pons-Sorolla, su bisabuelo regaló este pequeño óleo a Manuel Feu Marchena, dueño de la fábrica de conservas Feu en la que el pintor trabajó durante la ejecución del panel ayamontino. Desde aquella fábrica, situada junto al muelle y abierta al paisaje del Guadiana, Sorolla podía divisar la escena que trasladaría al gran lienzo: barcos, río, pescadores y atunes. Cuando no pintaba, y también por las noches, guardaba allí sus materiales y la obra en curso.

Aquel escenario fue decisivo. Sorolla había recibido en 1911 de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, el encargo de decorar una galería con una serie monumental sobre las regiones de España. El resultado fue 'Visión de España', catorce grandes pinturas realizadas entre 1912 y 1919, de más de 3,5 metros de altura y unos 60 metros de largo en conjunto.

El último de esos paneles fue 'Ayamonte. La pesca del atún'. Antes de decidir el encuadre definitivo, Sorolla recorrió la costa onubense y portuguesa, visitó Montegordo, Isla Cristina y fábricas de salazones de Isla Canela, hasta hallar en Ayamonte “el cuadro” que buscaba. La fábrica de Feu le facilitó el trabajo porque tenía salida directa al río y le permitía pintar del natural “barcos, río, personas y atunes”. Además, hizo una buena amistad con Manuel Feu -a quién dedica el óleo sobre cartón que sus descendientes extraviaron la pasada semana en Sevilla- y con el pintor sevillano Santiago Martínez, que le acompañó durante esos días en Ayamonte.

La presencia de los Feu en Ayamonte formaba parte de una tradición industrial más amplia. La familia, de origen catalán, aparece vinculada a la salazón y a la conserva de pescado desde el siglo XIX. Pedro Feu Blanch se instaló primero en La Higuerita -la actual Isla Cristina- y después en Ayamonte; más tarde, Manuel Feu Zamorano consolidó una fábrica de elaboración de pescado que dio origen a las sucesivas sociedades Feu, ubicadas en el Muelle de Poniente.

Para Sorolla, sin embargo, aquel último panel llegó en un momento de agotamiento. Habían pasado ocho años desde el encargo de Huntington. Mientras trabajaba en Ayamonte, escribía a su mujer, Clotilde, que ya no tenía la “fortaleza de movimientos” de antes y que sentía el peso de la vejez y la tristeza.

El 29 de junio de 1919 dio por terminado 'La pesca del atún'. En una carta remitida a su esposa recordaba aquel momento: "Miro el cuadro tan enorme y me parece mentira esté terminado, y créeme, dejaré este Ayamonte, a pesar de lo mal comido, con su deje ligero de tristeza, pues en este cuadro que empecé angustiado por los mareos, he tenido horas largas de un vigor grande, de pintar como no recordaba, y esto lo ha motivado la vida de estos pescadores y este sol africano, los enormes atunes, y esto mi amada Clotilde compensa la amargura de no estar juntos, y la simpatía al medio, además siempre hay gentes simpáticas que se portaron bien con uno".

Apenas un año después, el 17 de junio de 1920, sufrió un ataque de hemiplejía en el jardín de su casa mientras pintaba un retrato. Nunca se recuperó ni volvió a pintar. Murió en 1923, sin ver instalados en Nueva York los paneles que había concebido como su gran visión de España.

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