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Crónica social de València | @Fiteraworld

Viajar bonito

El verdadero lujo no consiste en tener más, sino en vivir mejor cada experiencia

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Gadea Fitera

Gadea Fitera

València

En mi experiencia, hay dos tipos de personas cuando viajan: las que llegan con una lista interminable de monumentos que tachar antes de volver a casa, y las que prefieren sentarse en una terraza, pedir una copa de vino y dejar que la ciudad vaya sucediendo delante de sus ojos. Yo soy una extraña mezcla de ambos grupos, y hace tiempo entendí que viajar no consiste en verlo todo, sino en recordar aquello que realmente hemos vivido.

Pensaba precisamente en eso mientras asistía al encuentro que organizó NUBA en los maravillosos jardines del Hotel Westin Valencia. Reconozco que me fascinó descubrir una filosofía de viaje tan distinta a la que estamos acostumbrados. Nada de catálogos llenos de fotografías imposibles, ellos editan libros que cuentan historias, porque, como me explicaron durante la velada, un viaje empieza mucho antes de subir a un avión.

La protagonista de la noche fue la propuesta de Riverside Luxury Cruises, unos cruceros fluviales que poco tienen que ver con la idea tradicional que muchos tenemos de este tipo de viajes. Barcos pequeños, pocos pasajeros, mayordomo personal, conciertos de cámara en castillos centroeuropeos, visitas privadas a viñedos… y mucho ojo cómo de precioso debe ser ese crucero de mercadillos navideños…

Mientras escuchaba a Kat Grajales explicar los itinerarios por el Danubio, pensé que el verdadero lujo es precisamente no tener que correr. Entre los asistentes tuve ocasión de saludar a Ulla Isasi, Esther Urruticoechea, Eva Marcellán, David González, Kat Grajales, Laura Segura, Beatriz Maset, David Linde, Mamen Rivas, Carina Mazzuz, Alejandro Vicente, María Rosa Fenollar, Susana Doménech Alabort y Ana Hernández Amorós. Terminamos compartiendo una magnífica cena mientras hablábamos de viajes soñados (yo sigo teniendo pendiente recorrer Escocia con la calma que merece).

Precisamente de artesanía y de hacer las cosas despacio seguí hablando unos días después, cuando me acerqué al ‘atelier’ de Isabel Serrano, donde presentó sus nuevas colecciones de novia e invitada. Siempre me ha gustado entrar en los talleres donde las cosas todavía se hacen con las manos, y me sentí afortunada de poder hablar con ella y con sus "petites mains". Fue precioso ver un espacio donde cada vestido de novia nace prácticamente de una conversación.

Su nueva colección de novia mira a los felices años veinte, una década elegante hasta decir basta. Había tejidos maravillosos, caídas impecables y ese aire sofisticado que tenían las mujeres de Scott Fitzgerald, que parecían capaces de entrar en una habitación y hacer que todos dejaran de hablar durante unos segundos.

Isabel sigue defendiendo la confección artesanal y el trato personalizado. Cada clienta entra allí con una idea y sale con un vestido que cuenta una historia distinta. Al final eso es la alta costura, convertir algo íntimo en algo irrepetible.

Por allí coincidí con Sigfrido Serra, Begoña Marfil, María Fos, Víctor Forés, Elisa Escorihuela, Daniela Villarroel, Carlos Lluna, Lluís Nadal y Laura Fitera, entre otros amigos que quisieron acompañar a Isabel en una tarde tan especial. Y precisamente con Sigfrido Serra quiero terminar mi artículo de hoy.

Conozco a Sigfrido desde hace años y me alegré enormemente cuando supe que acababa de recibir en Madrid el Premio Proyecto Residencial en los Premios Escala de Interiorismo. Los premios, celebrados en la impresionante Real Fábrica de Tapices y presentados por Susanna Griso, reunieron a algunos de los nombres más importantes del diseño español, como Jaime Hayon, Patricia Bustos, Ricardo Barroso, Isern Serra, Mónica García del Pino, Belin, Cristina Larrumbe o Patricia González Llamazares, además de rostros conocidos como Mónica Pont, Antonio Rossi, Laia Jiménez, Patricia Fernández y Valeria Vegas.

Sigfrido recibió el reconocimiento por ‘Vivienda Punto’, una intervención realizada en una vivienda neogótica valenciana de principios del siglo XX. Tuve ocasión de ver imágenes del proyecto y entendí perfectamente por qué había conquistado al jurado. Hay una sensibilidad especial en la manera en que trabaja la luz, los materiales y los espacios.

Momento emocionante de su discurso fue cuando recordó a su abuelo y a su padre como las personas que despertaron en él el amor por este oficio, que me pareció un gesto precioso. A veces vivimos tan obsesionados con el éxito, que olvidamos agradecer a quienes nos enseñaron el camino para obtenerlo.

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