Rick Astley: «Mi ego quiere volver a tocar en estadios, pero mi corazón es feliz ante 1.000 personas»
El cantante británico actúa este jueves en la Marina Nord con un repertorio a medio camino entre sus grandes éxitos y sus últimos discos: «Mi nombre estará siempre ligado a 'Never Gonna Give You Up' y no es algo malo».

Rick Astley actúa este jueves 16 de julio en la Marina Nord dentro del ciclo FAR. / L-EMV

Rick Astley no recuerda con precisión si había actuado antes en València, aunque la ciudad no le resulta desconocida. Ha venido varias veces como turista con su mujer y, en esta ocasión, incluso adelantaron el viaje para celebrar su cumpleaños, ir a la playa y cenar en un buen restaurante. También conserva en la memoria una visita mucho más insólita: aquella noche de 2015 en la que acabó cantando por sorpresa en un pub de la Pobla de Farnals. El británico vuelve ahora para actuar este jueves en la Marina Nord dentro del ciclo FAR y lo hace pendiente de las temperaturas. Tras ofrecer conciertos en Marbella y Murcia bajo un calor intenso incluso entrada la noche, confía en que la proximidad del mar alivie el ambiente. «Imagino que también hace demasiado calor para los españoles», bromea. A punto de cumplir cuatro décadas desde su irrupción en las listas, Astley habla de nostalgia, del fenómeno del Rickrolling, de su regreso tras casi veinte años alejado de la industria y del momento en que decidirá abandonar los escenarios.
¿Qué tipo de espectáculo quiere ofrecer en este momento de tu carrera?
Quiero tocar mis canciones nuevas, pero sé que también necesito interpretar las antiguas porque son la razón por la que viene mucha gente. Siempre me aseguro de tocar los grandes éxitos y sigo disfrutando mucho haciéndolo. Al mismo tiempo, tengo discos recientes que quizá no todo el mundo conoce, así que el concierto es más o menos un 50% de canciones viejas y un 50% de nuevas. Tengo una banda estupenda y nos divertimos mucho, tanto en lugares grandes como en otros más pequeños. Además, tocar en España es muy distinto a hacerlo en el Reino Unido por la atmósfera y por el público. Allí puedes dar un concierto de verano bajo la lluvia y a 17 grados, así que aquí, aunque haga calor, no nos vamos a quejar.
Para un artista con una carrera tan larga, ¿la nostalgia es una fuente de energía o puede convertirse en una trampa?
No creo que sea una trampa. Incluso cuando vas a ver a una banda que lleva solo cinco o seis años y toca una canción de su primer disco, eso ya produce nostalgia. Mis canciones son mucho más antiguas, pero hoy la edad de un tema importa menos. Las nuevas generaciones descubren música en una lista de reproducción, en YouTube o en el coche de sus padres y simplemente deciden si les gusta o no. Para mí, la nostalgia también está ligada a mis propios recuerdos, no solo a los del público. Cuando canto esas canciones vuelvo a momentos concretos de mi vida y me siento muy afortunado de poder seguir haciéndolo.

Rick Astley en concierto. / L-EMV
«Después de 35 años, una canción necesita sangre nueva»
Estuvo casi dos décadas fuera de la industria musical. ¿Cuánto había cambiado el negocio cuando regresó?
Había cambiado de un millón de maneras, pero lo principal no había cambiado nada. Subirse a un escenario y estar delante de un público que quiere disfrutar, cantar y participar sigue siendo exactamente lo mismo. Por supuesto, hay más tecnología, mejores sistemas de iluminación y muchas herramientas nuevas, pero la esencia continúa ahí. Lo que realmente ha cambiado es la manera en que la gente encuentra y consume la música, con el streaming y YouTube. Ya no es tan importante poseer un álbum físicamente, aunque el vinilo haya vuelto un poco. Ahora gran parte de la industria gira alrededor de los conciertos en directo.
¿Fue difícil volver a entrar en el circuito? ¿Llegó a sentirse olvidado?
En el Reino Unido fue un poco diferente porque he conseguido que algunas canciones nuevas sonaran en la radio y hace unos diez años tuve un álbum número uno, algo que fue una auténtica locura para mí. Pero fuera del Reino Unido soy consciente de que pertenezco a otra época. Tampoco me molesta. Hoy, antes de ir a un concierto, los fans pueden buscar en internet todo lo que has hecho y escuchar los discos nuevos. Por eso intento encontrar un equilibrio en el repertorio: una antigua, una nueva, dos antiguas, otra nueva... No puedo esperar que todo el mundo conozca lo reciente, pero sí puedo intentar que forme parte de una buena noche.
¿Qué siente al comparar la reacción que despierta "Never Gonna Give You Up" con la de sus canciones nuevas?
Con las canciones nuevas no espero una reacción especial y creo que esa es la actitud más sabia para cualquier artista. Acepto que la mayoría de la gente viene por un recuerdo o porque quiere revivir una parte de su juventud. Tengo mucha suerte de tener una canción como "Never Gonna Give You Up". Es la canción que abre la puerta para que alguien compre una entrada y vaya a verme. Una vez que está allí, mi trabajo es intentar que disfrute de toda la velada, no solo de esos tres minutos. Mi nombre estará siempre ligado a esa canción y no considero que sea algo malo.
La canción tuvo una segunda vida gracias al fenómeno del Rickrolling. ¿Le costó entender qué estaba pasando?
¡Todavía no lo entiendo! Son cosas que no puedes controlar, organizar ni gestionar. Simplemente ocurren porque la gente en internet decide hacerlas suyas. Es parecido a lo que vimos anoche en València. Estábamos en un bar al aire libre viendo el fútbol y, cuando España marcó, todo el mundo empezó a cantar "Seven Nation Army", de The White Stripes. Es una canción de un músico estadounidense, tiene más de veinte años y había chavales cantándola como si hubiera salido la semana pasada. La música hace esas cosas: te sorprende y crea conexiones que nadie puede explicar del todo.
¿Ver a gente joven en sus conciertos ha cambiado tu forma de interpretar ese éxito?
Quizá ha aumentado mi aprecio por la canción. Después de 35 años, un tema necesita un poco de sangre nueva. A veces alguien joven me pide un selfi y me cuenta que no lo descubrió a través de sus padres, sino por su cuenta, en internet. No quiero engañarme y pensar que tengo una audiencia joven, porque no es así, pero ver a ese 5% o 10% de gente joven disfrutando me hace pensar en lo increíble que resulta que la música pueda perdurar tanto. Ni siquiera los Beatles o Elvis habrían imaginado que, cuarenta años después, la gente seguiría cantando sus canciones. Antes parecía que, al cabo de diez años, todo el mundo pasaba a otra cosa.
«Seguiré mientras mi voz pueda cantar correctamente estas canciones»
En el concierto toca la batería e interpreta "Highway to Hell", de AC/DC. En España no tenemos esa imagen tan rockera de usted.
Es porque de niño yo era batería. Aprendí a tocar con el disco Highway to Hell. Me ponía los auriculares y tocaba encima noche tras noche. Interpretarla ahora me lleva de vuelta a cuando tenía 15 años y estaba en una banda del colegio. Además, es una canción increíble que todo el mundo conoce. Me gusta que en el concierto haya momentos en los que el público vea una parte diferente de mí.
¿Volverá a tocar canciones de The Smiths como hizo junto a Blossoms?
Fue algo único, un sueño loco y hermoso, pero no creo que lo repitamos. Johnny Marr ya interpreta muchas canciones de The Smiths en sus conciertos y lo hace de forma fantástica. Yo quería hacerlo porque fueron una de mis bandas favoritas cuando era joven. Al principio pensamos que tocaríamos las canciones en un pub de Manchester y, de repente, terminamos sobre el escenario de Glastonbury. Fue una experiencia maravillosa, pero precisamente por eso creo que es mejor dejarla como algo especial.
En algunas entrevistas ha dicho que sabrá volverse a retirar cuando llegue el momento.
Sí. A veces pienso que es mejor retirarse antes de que te retiren o antes de quedarte demasiado tiempo en la fiesta, como cuando eres la última persona que sigue allí y ya estás un poco borracho. Tengo 60 años y, mientras mi voz pueda cantar correctamente estas canciones, seguiré haciéndolo. Pero, si la voz empieza a fallar y siento que ya no puedo interpretarlas como se merecen, seré el primero en decir que se ha terminado.
¿Tiene a alguien de confianza que pueda decirle: «Rick, ya es suficiente»?
Sí. Mi mujer es mi mánager, pero, además, creo que tengo una relación bastante sana con mi carrera. Mi hija no creció viéndome como una persona famosa. La primera vez que me vio sobre un escenario tenía 15 años. Hay una parte muy grande de mi vida personal en la que no soy «ese tipo». En cierto modo, tengo dos vidas. Si mi mujer o mi hija me dijeran que ha llegado el momento de dejarlo, las escucharía. No quiero quedarme más tiempo del necesario ni cansar a la gente.
¿Echa de menos algo de los años ochenta, cuando eras una estrella mundial y vendías millones de discos?
No lo sé. Ya viví aquello durante cuatro o cinco años y no necesito volver a sentirlo para estar bien. Por supuesto, todo el mundo quiere tocar en un estadio de fútbol ante 50.000 personas, y mi ego también lo desea, pero mi corazón es muy feliz donde estoy ahora, actuando para 1.000 o 5.000 personas. En Glastonbury toqué ante una multitud enorme y fue asombroso, pero, si hicieras eso cada semana, ¿cómo recuperarías esa sensación? Me gusta la dinámica que tengo ahora: algunas veces actúo en sitios grandes y otras en lugares más pequeños y acogedores. Sé lo afortunado que soy y aprecio mucho lo que tengo.

Rick Astley / L-EMV
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