Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Feria de Julio

Roca Rey apasiona en València (pese a Pilar Bojó)

La presidenta protagoniza una nueva polémica (con mayor razón que en la Feria de Fallas) tras no conceder la puerta grande al torero peruano

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Jaime Roch

Jaime Roch

València

Andrés Roca Rey apasionó València, pese a la autoridad que, esta vez con razón, volvió a ser noticia de la mano de Pilar Bojó, quien presidió el festejo. Con mucho menos acierto que en la pasada Feria de Fallas, la presidenta, como si tuviera alguna desavenencia consigo misma o como si quisiera dar alguna sintomática lección a la afición (como sí la dio en el mes de marzo), no concedió la segunda oreja al torero peruano en el sexto de la tarde. Una teoría absolutamente rigurosa que, esta vez, hiere la esencia de la plaza frente a los convencionalismos ambientales y bienpensantes de turno.

No trataré de inmiscuirme en los entresijos ni en las razones de la no concesión del doble trofeo -ella las tendrá porque reglamentariamente es suya la decisión de la concesión de esas dos orejas-, pero sí diré que esa sexta faena sí justificaba plenamente la puerta grande de una plaza de primera como València, sobre todo, por el planteamiento de Roca Rey frente al toro, por aludir a esa esencial conexión con los tendidos gracias a su apasionada actitud, que es el trasfondo de su valor para someter la embestida, y, por encima de todo, por su notable capacidad estoqueadora tanto en la ejecución como en el efecto, de una claridad unificadora para los más de tres cuartos de plaza llenos que pidieron el doble trofeo con muchísima fuerza.

Segunda corrida de toros de la Feria de Julio con Manzanares, Talavante y Roca Rey

Roca Rey, en la Feria de Julio / Miguel Angel Montesinos

Aquí no había dudas porque Roca Rey había cuajado al toro con su peculiar marca identificativa, que es la de la capacidad, el valor y el carácter educativo de su planteamiento frente al animal y la elección de los terrenos, muy inteligentemente los cambió a mitad de labor para quitarle las querencias al toro, que tenía otro carácter, otra expresión y otra hechura que sus hermanos.

La búsqueda de RR

Pero es que, esta vez, además, se le había visto también con un reposo distinto, como si quisiera desvelar otra vertiente interiorizada de su búsqueda, con muletazos más profundos y rematados más abajo y más atrás de la cadera. Y ahí, mostrando esos nuevos recursos o registros de estar fundamentalmente más pausado, conjugando los tiempos y los espacios sin toro, prendió la mecha de la afición valenciana, que lo esperaba con ganas y quedó ostensiblemente afectada y cabreada tras no verlo salir en hombros. Al natural quiso torear hasta con cierta verticalidad, más convencido también que en su primera faena, donde se le notó el peso de la púrpura y no acabó de estar a gusto, pero dejó otro gran espazado.

Como decíamos, en el sexto, que marcó la corrida, ya le gritaron desde el tendido “qué bueno que viniste, Roca” tras un buen inicio por estatuarios y un solo pase cambiado por la espalda. Tras llevar la embestida prendida en los flecos, como ensogada a la muleta y tirando de él constantemente, casi en contra de su voluntad, explotó la plaza como no lo había hecho hasta ese momento. El final fue entre los pitones, ajustado, sin inmutarse, con el público en pie. Y llegó la polémica, lo que ya conocen.

Segunda corrida de toros de la Feria de Julio con Manzanares, Talavante y Roca Rey

José María Manzanares desplaza la embestida del gran cuarto / Miguel Angel Montesinos

Eso sí, el mejor toro de la corrida fue el cuarto, el más serio también, pero con la cara más torera. De buena expresión y honda hechura, le tocó en suerte a José María Manzanares, que se ha convertido definitivamente en uno de esos funcionarios del toreo. Apático, tedioso, vacío de ideas -tanto es así que los más acérrimos suyos se quedaban extrañados de su actitud- expulsó constantemente la embestida hacia fuera, sin apenas reunión. Con su manejo, violentaba tanto aquel buen toro, que humilló y llevó larga su embestida, que hasta a punto estuvo de echarle mano y, cuando terminó la lidia, tuvo que pasar a la enfermería por el golpe del pitón, sin daños mayores. Su primero tuvo menos clase, pero sacó gran fondo en la muleta. Lo más puro que hizo Manzanares fue la estocada. Si el año que viene vuelve a València dos tardes, no vale por nombre ni por marca, es una manera de echar a la afición de la plaza. Es un escepticismo o, mejor dicho, un torero ido que es un arma de doble filo por el duro ejercicio que supone la práctica del toreo para él. Para reflexionar.

La oreja de Talavante

Alejandro Talavante paseó una oreja del segundo, otro ejemplar con clase, pero que fue perdiendo gas y fuerza conforme iba avanzando la lidia. Aquí sí vimos la mano izquierda, reactivada en su lucidez y en su muñeca. El ejemplar tuvo mucha discontinuidad en sus embestidas, por lo que la faena, larga y muy tesonera, también encontró un eco muy discontinuo en los tendidos. En el quinto, que tuvo buen galope en su arrancada, faltó estructura. La gente salió contrariada. Y no por lo de Manzanares. Que también.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents