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Feria de Julio

Samuel Navalón conquista Valencia, de nuevo, a golpe de corazón

El joven torero de Ayora vuelve a conquistar la puerta grande de València tras una tarde de inmensa entrega y una gran faena al sexto dentro de una corrida de El Torero de espléndida presencia y menos entrega en la que Daniel Luque también cortó una oreja en plan maestro y Diego Urdiales firmó los muletazos más bellos

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Jaime Roch

Jaime Roch

València

El corazón por la boca en cada muletazo de Samuel Navalón. En cada reunión frente a sus dos toros, la emoción reptaba por los tendidos, como un furtivo postulado a ser el triunfador de la feria, bajo la oscura marquesina de su cuerpo dado, ofrecido y despojado de cualquier aprecio. Y a cualquier precio también, casi sin decidir con qué argumentos, pero incandescente en su pureza frente a su primero, que no le regaló nada, y frente a ‘Fulanillo’ -uno de los toros de la feria- para torear como pocas veces se le había visto aquí: con ese algo que va más allá de la técnica, el oficio y que conecta con la irrepetible experiencia de la vida y que es, como decíamos, la extenuante entrega al toro, con el vestido completamente ensangrentado como un cuchillo.

La tensión con Navalón era latente y elocuente. La ferocidad cegadora de la entrega, una forma de quebrar la lógica del racionalismo, en cada muletazo se liberaba poéticamente de su cuerpo, como una batalla de amor.

El combate al tercero

Su herencia del combate en el tercero, donde resultó volteado muy feamente sin aparente consecuencia y le arrancó una oreja a puro huevo, daba vida a la tarde frente a un encierro de El Torero de espléndida presencia, astifinísimo y muy serio, pero duro por la falta de entrega. No se acabó de dejar hasta que salió ese sexto, ‘Fulanillo’, número 78. El toro con más bravura y más raza que se ha lidiado en esta Feria de Julio, y el torero de Ayora con su voluntad de lucirlo y de poderle por abajo firmaron también la mejor faena del ciclo.

Colocado en el centro del ruedo, lo citó a gran distancia con pases cambiados por la espalda y se arrancó muy fuerte, con mucha raza.

Eso sí, el ejemplar fue el más agradecido también gracias a su buen fondo de bravura, ya que se iba detrás de los toques de la muleta de Navalón que, sin dudas, le pudo en todo momento. Transmitía el toro, que era pronto e iba largo en su embestida, y también transmitía el torero.

Samuel Navalón conquista su segunda puerta grande consecutiva en Valencia durante la Feria de Julio

Samuel Navalón conquista su segunda puerta grande consecutiva en Valencia durante la Feria de Julio / Miguel Angel Montesinos

Navalón tuvo una virtud principal: darle sitio al toro y templarle siempre, logrando que no enganchara la muleta. Y no fue virtud pequeña, porque ya al final, cuando cogió un par de veces el engaño, el toro protestó con violencia, muy molesto por encontrarse en su camino aquella tela roja. Le dio siempre sitio al toro, le enganchó muy bien delante y le remató largo, en una faena de buena compostura, siempre sincera y templada, en la que no sólo no se tomó ninguna ventaja, sino que siempre se las dio al animal.

El del Torero, que fue un gran toro, llegó al final de su lidia embistiendo con la misma raza y bravura que había tenido en banderillas, donde destacó Curro Javier. Un final de cercanías que también puso el corazón en la boca previo a una gran estocada puso el doble trofeo en sus manos. Así que Navalón volvió a conquistar València a golpe de corazón. A golpe de toreo, en definitiva.

Luque, maestro

Daniel Luque también dejó patente su magisterio frente al primero de su lote. Supo descifrar las dificultades del toro y construyó una faena basada en la suavidad, el temple y ese característico juego de muñeca que acompaña la embestida hasta el final del muletazo. Su labor fue premiada con una oreja.

Diego Urdiales, por su parte, encontró menos opciones en un lote complicado, con cuarto durísimo. Aun así, dejó destellos de su personalidad artística, especialmente al natural frente a su primero, donde dibujó muletazos largos, profundos y de exquisito sabor clásico.

Uno de los grandes magisterios creadores de nuestro tiempo es el que establece que el arte está hecho con la materia inagotable de la libertad. La libertad de entregar el cuerpo al toro. Como hizo en València Samuel Navalón.

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