Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El calor y el ruido estrechan el margen de la música al aire libre en València

Las alertas por altas temperaturas y las sentencias judiciales por el volumen han obligado en las últimas semanas a cancelar o modificar horarios de conciertos y festivales

VALENCIA. VLC. Festival de Les Arts

VALENCIA. VLC. Festival de Les Arts / Fernando Bustamante / LEV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Voro Contreras

Voro Contreras

València

Está siendo un verano extraño para la música al aire libre en València. Las medidas adoptadas ante las olas de calor han dejado en los últimos días tres conciertos sin celebrar y han obligado a modificar los horarios de otros. A esa incertidumbre meteorológica que parece que ha venido para quedarse se suma la provocada por las sentencias y las quejas vecinales por el ruido, que ya habían causado cancelaciones y traslados de festivales.

Las medidas municipales ante la alerta roja obligaron la pasada semana a suspender actividades al aire libre y afectaron de lleno a la programación musical. Los conciertos de UB40 y Ana Torroja en los Conciertos de Viveros y el de Antoñito Molina en el ciclo FAR de la Marina fueron cancelados, mientras que la actuación de Deep Purple tuvo que retrasarse.

"Nos sentimos perjudicados"

Para las promotoras, estas decisiones pueden llegar cuando buena parte del gasto ya está realizado: montaje, alquileres, desplazamientos, cachés, seguridad, hostelería o servicios sanitarios. “Nos sentimos como los absolutamente perjudicados”, asegura Joanvi Díez, presidente de la asociación de promotores musicales Promfest. “Sentimos que estamos trabajando meses para un evento y, por orden de la Administración, no puedes realizarlo, pero ‘de tu valla para fuera’ todo sigue igual”.

Díez no cuestiona tanto las cancelaciones de los conciertos por las altas temperaturas sino que, a su juicio, las restricciones se concentren en los recintos musicales mientras continúan otras actividades. “Si hay peligro, lo hay en cualquier sitio, no solo en los recintos de festivales. Lo que pedimos es ser tratados como todo el mundo; si hay que cerrar, que cerremos todos”, afirma. Por ello, el promotor reclama criterios previsibles y responsabilidades más claras ante decisiones que pueden adoptarse cuando la producción está prácticamente terminada.

Mover el calendario o el horario

El calendario no parece fácil de desplazar para evitar los meses más calurosos. Aunque en València ya se celebran festivales en primavera u otoño como el Deleste, el Visor o el Love to Rock, Promfest descarta trasladar de forma general la temporada fuera del verano. “El verano es una fecha fundamental porque la gente está de vacaciones y predispuesta a viajar. Las fiestas de los pueblos y los festivales tradicionalmente son en verano y eso no va a cambiar; no tenemos otra alternativa”, sostiene su presidente.

Los recintos tendrán que adaptarse a unas condiciones diferentes. Los conciertos al aire libre exigen más zonas de sombra, puntos de agua, espacios de descanso, asistencia sanitaria y protocolos para proteger tanto al público como al personal que monta los escenarios durante las horas centrales del día. Estas medidas elevan los costes y no resuelven por sí solas el choque entre calor y ruido.

Porque retrasar los conciertos hasta que baje la temperatura parece la adaptación más inmediata, aunque abre otro problema. “Retrasarlos nos lleva a chocar con el descanso de los vecinos si nos pasamos de la 1.30 de la mañana”, advierte Díez. Mover los horarios también afecta al transporte público, los turnos del personal, los contratos con los artistas y el desmontaje de los recintos.

Choque con el ruido

Ahí es donde la incertidumbre provocada por el calor se cruza con la que ya arrastraba la música en directo por el ruido. La franja disponible se estrecha: durante la tarde e incluso las primeras horas de la noche, las temperaturas elevadas aumentan el riesgo para el público y los trabajadores. Y cuando cae el sol, los límites acústicos y el derecho al descanso obligan a terminar pronto o a reducir el volumen.

El Festival de les Arts mostró en junio hasta dónde puede llegar este segundo conflicto. La segunda jornada fue cancelada después de que el Ayuntamiento considerara que durante el primer día se habían incumplido los límites de ruido en la Ciutat de les Arts i les Ciències. Antes, el público había protestado por el escaso volumen y Leire Martínez llegó a detener momentáneamente su actuación. La situación deriva de una sentencia que obliga al consistorio a proteger a los residentes frente a la contaminación acústica.

Esa misma sentencia llevó al BigSound a trasladarse al Parc Central de Torrent, donde reunió a más de 20.000 personas por jornada y ya ha anunciado que repetirá en 2027. El cambio reforzó la sensación de que València carece de un espacio preparado para albergar grandes citas musicales sin entrar en conflicto con las viviendas próximas.

Concierto de Belle and Sebastian el pasado sábado en el ciclo FAR de la Marina Nord.

Concierto de Belle and Sebastian el pasado sábado en el ciclo FAR de la Marina Nord. / FAR

Conflicto en la Marina

El problema acústico tampoco se limita al enfrentamiento entre promotores y vecinos. Se percibe dentro de los propios conciertos. El pasado sábado, durante la actuación de Belle and Sebastian en la Marina Nord, la música de los beach clubs cercanos llegaba al recinto en los pasajes más delicados del grupo escocés. Su cantante, Stuart Murdoch, aludió desde el escenario a aquella interferencia.

Una situación similar ya se había producido el verano anterior en conciertos como los de Wilco y Vetusta Morla, cuyos líderes señalaron las dificultades provocadas por el bajo volumen autorizado en el recinto de la Marina. Para Díez, esa limitación impide desarrollar adecuadamente el espectáculo. “Estamos en una espiral complicada con la limitación de decibelios donde no se puede desarrollar el trabajo del artista; el público y los managers se enfadan”, afirma. A su juicio, es necesario “encontrar un punto de encuentro para que el vecino descanse y el público tenga ocio”.

Mientras el sonido del concierto está sometido a controles, la música de los establecimientos próximos puede competir con la del escenario. “O subes el volumen del concierto o los locales de alrededor deben cumplir la norma”, sostiene Díez. El promotor recuerda una prueba en la que se orientaron los equipos hacia el mar y que, según asegura, redujo la afección sobre las viviendas.

Promfest defiende que el Ayuntamiento debería transformar Marina Nord en un verdadero espacio musical. “Valencia no ha tenido nunca un recinto de conciertos real; se ha ‘parcheado’ con la Plaza de Toros o la Ciutat de les Arts, que no son espacios ideales”, señala Díez. Su propuesta pasa por rehabilitar el recinto, suprimir las gradas y abrirlo hacia el mar.

Díez reclama una negociación entre administraciones, vecinos y promotores para fijar fechas, espacios y condiciones. Promfest se reunió hace unas semanas con responsables públicos y asegura que existe “muy buena sintonía” dentro del proyecto València Music City, aunque pide mayor rapidez en las soluciones.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents