Arte
Un tesoro soviético en el IVAM
El museo valenciano tiene uno de los archivos más importantes del constructivismo de la Unión Soviética, un movimiento artístico que buscaba transformar la conciencia social a través de unas formas y colores sencillos y directos. El IVAM compró esta vanguardia rusa en la década de los 90, anticipándose al reconocimiento internacional que tendría después. Hoy, 30 de esas piezas forman parte de la exposición permanente

El IVAM presentó hace escasas semanas la exposición permanente de su colección, nutrida desde hace casi cuarenta años y que ahora, por fin, tiene una sala donde se exponen parcialmente algunas de esas obras adquiridas por directores y directoras de la institución a lo largo de su historia. Entre las más de 500 obras expuestas en las salas 4 y 5 del museo, donde se ubica ahora la exposición permanente de la colección del museo, una parte tiene especial importancia por su exclusividad y por la apuesta que se hizo desde el museo para invertir en esta corriente, estrechamente vinculada al proyecto revolucionario soviético y que encontró en el cartel y el diseño gráfico algunos de sus principales medios de difusión.
Cuando uno avanza a través de la muestra, no tarda mucho en llegar a una zona destinada a la cartelería rusa. Eran los constructivistas soviéticos que aspiraban a integrar el arte en la vida cotidiana de la ciudadanía y a poner la creación al servicio de una sociedad más igualitaria, moderna e independiente. Esta corriente, que forma parte de la vanguardia del siglo XX, concebía el arte como una herramienta de transformación social, de cambiar conciencias no desde un museo, sino desde la calle.
Nacido tras la Revolución rusa de 1917, el constructivismo defendía que el arte debía abandonar la idea de la obra como objeto de contemplación para ponerse al servicio de la sociedad. Arquitectura, fotografía, diseño gráfico, tipografía o cartelería se convirtieron en herramientas para construir una nueva cultura visual y difundir los ideales revolucionarios. Aquella estética geométrica, de colores planos, diagonales y fotomontajes terminaría influyendo en buena parte del diseño gráfico del siglo XX.
Bajo la dirección de Carmen Alborch y Vicent Todolí, en los primeros años de la década de los 90, se inició una decidida política de adquisiciones de obras de la vanguardia rusa, en una estrategia museística que vio en esta corriente una creación artística que superaba la cartelería. Se anticiparon al reconocimiento internacional que la modernidad rusa alcanzaría más tarde, lo que confirmó el acierto estratégico de la dirección, que fue completamente rompedora en el sector museístico del país al incorporar manifestaciones artísticas que tradicionalmente habían ocupado un lugar secundario frente a las disciplinas que se habían considerado canónicas.
Esa misma mirada llevó al museo a reivindicar disciplinas tradicionalmente relegadas, como la fotografía o el diseño gráfico, mucho antes de que alcanzaran el reconocimiento institucional del que hoy gozan.

Colección de constructivismo ruso en la exposición de la colección permanente del IVA / Miguel Ángel Montesinos / LEV
Gracias a esa visión, que completó después José Francisco Yvars, se ha constituido una de las colecciones de arte soviético más importantes de toda Europa. Hay catalogadas en torno a 200 obras entre fotografías, carteles, fotomontajes, libros y revistas y en la exposición permanente se han elegido 30 de ellas. No es la primera vez que se muestran, ya que han formado parte de otras exposiciones y se han cedido a otras instituciones museísticas que las han solicitado.
La directora del IVAM, Blanca de la Torre, explica a este diario que el conjunto excepcional tiene más valor precisamente por la anticipación a la tendencia. "En el momento en que se incorporaron, este ámbito apenas tenía reconocimiento institucional en Europa occidental, pero en el IVAM siempre ha existido una vocación por entender el arte como ese instrumento de transformación social, en sintonía con los ideales de los constructivistas soviéticos y de otras corrientes como el surrealismo, el dadaísmo o el futurismo".
De Rodchenko al papel fundamental de las mujeres
El grueso de la colección de la vanguardia rusa se configuró entre el final de la dirección de Alborch y el Yvars, con esa política de adquisiciones sostenida en el tiempo que permitió comprar obras de algunos protagonistas principales de este movimiento, como las de Aleksandr Rodchenko, cuya familia enriqueció aún más la colección años después al hacer una gran donación de fotografías al museo.
Junto a Rodchenko, hay obras de El Lissitzky, Gustav Klucis, Varvara Stepanova, Valentina Kulagina, Natalia Pinus y Olga Rozanova, estas cuatro últimas artistas mujeres, un dato de especial relevancia teniendo en cuenta la época a la que pertenecen. Tuvieron un papel decisivo en el desarrollo de la modernidad aunque durante décadas permanecieran relegadas en los relatos historiográficos. De hecho, De la Torre explica que la colección "no solo destaca por su valor histórico y artístico, sino por articular una narrativa coherente en torno a la modernidad como proyecto crítico y emancipador".
Estas cinco mujeres fueron propulsoras de la renovación del diseño gráfico, del fotomontaje, la tipografía, la fotografía y las artes aplicadas y como desde el propio museo explican, las compras que se realizaron de ellas no fueron por el revisionismo contemporáneo de las décadas posteriores a sus obras, sino porque ya en los 90, las sucesivas direcciones del IVAM reconocieron la relevancia de estas artistas aún cuando la historia no les había puesto en un lugar destacado.
Estas incorporaciones procedieron de coleccionistas y marchantes como Gilles Gheerbrant, casas de subastas como Christie's y galerías internacionales de referencia como Galerie Gmurzynska, Alex Lachmann, Rosa Esman, Rachel Adler, Ubu Gallery, Sander Gallery y Prakapas.
Paradójicamente, unas obras nacidas para ocupar las calles y los espacios públicos de la Unión Soviética han terminado encontrando refugio en un museo. Su presencia en la colección permanente del IVAM recuerda la fuerza transformadora del constructivismo y la importancia de quienes supieron reconocer su valor mucho antes de que el resto lo hiciera.
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