“Un beso y una flor” de Nino Bravo vuelve a las listas de éxitos 54 años después
La canción logra el disco de platino y entra en el número 71 de la clasificación española tras disparar sus reproducciones en YouTube y Spotify impulsada por el Mundial

Nino Bravo será nombrado Hijo Predilecto. / R.L.V.

Hay canciones que sobreviven a su cantor, que se desprenden de su tiempo y que terminan perteneciendo a varias generaciones. «Un beso y una flor» es una de ellas. Nino Bravo la estrenó en febrero de 1972 y la convirtió muy pronto en una de las piezas esenciales de un repertorio que ha ido mucho más allá de la muerte del artista valenciano en 1973. Más de medio siglo después, el Mundial de Fútbol le ha dado un nuevo impulso. El tema compuesto por Pablo Herrero y José Luis Armenteros sonó por la megafonía tras los partidos de la selección española, incluida la final contra Argentina, y esa exposición internacional ampliada por las retransmisiones televisivas se ha traducido en un fuerte aumento de las escuchas y en su regreso a las listas.

Cincuenta y cuatro años después de su publicación, la canción ha vuelto esta semana a la clasificación de ventas de España que elabora la asociación de productores Promusicae para compartir espacio con Quevedo, Shakira, Ana Mena, Lola Índigo o Bad Bunny. Lo ha hecho en el puesto 71 y ha obtenido además la certificación de disco de platino. En el caso de una canción, ese reconocimiento acredita 100.000 unidades, calculadas a partir de las ventas físicas, las descargas y las equivalencias de las escuchas y visualizaciones en las principales plataformas de audio y vídeo.
Las cifras del éxito
Pero hay más cifras que certifican el último "boom" de "Un beso y una flor". Solo durante los últimos 28 días, la canción ha superado los 16 millones de impresiones y ha reunido casi cuatro millones de visualizaciones en siete vídeos de YouTube. La cifra real es todavía mayor, porque la canción aparece repartida en muchas otras publicaciones subidas por usuarios particulares.
En conjunto, los vídeos oficiales acumulan unos 145 millones de reproducciones. Al sumar las publicaciones no oficiales, el total asciende a unos 236 millones. El crecimiento también se aprecia en Spotify. El perfil de Nino Bravo ha ganado alrededor de 300.000 oyentes mensuales en el último mes y las escuchas de «Un beso y una flor» han aumentado más de un 80% respecto al mes anterior. En solo una semana, el tema añadió 1,3 millones de reproducciones.

Vistas por edad de los usuarios de "Un beso y una flor" en la cuenta oficial del artista en YouTube. / Archivo Darío Ledesma.
Los datos muestran una reactivación de gran alcance, especialmente entre oyentes que ni siquiera habían nacido cuando murió el cantante valenciano. El grupo de 25 a 34 años concentra el 35,9% del consumo en YouTube durante el último mes; le siguen el de 35 a 44 años, con un 18%, y el de 18 a 24, con un 16,6%. El 64% de las escuchas corresponde a hombres y el 35,9% a mujeres.
La expansión ha sido especialmente intensa en Latinoamérica, un territorio decisivo en la carrera de Nino Bravo. Lima, Bogotá y Buenos Aires son las tres ciudades que más han escuchado la canción durante las últimas semanas a través de Youtube. València aparece en el puesto 18, con 13.556 reproducciones. Por países, Colombia, Perú y Argentina ocupan las primeras posiciones; España es cuarta y Estados Unidos, sexto.

Ciudades en las que más se ha escuchado "Un beso y una flor" a través de la cuenta oficial de Nino Bravo en YouTube. / Archivo Darío Ledesma.

Países en los que más se ha escuchado "Un beso y una flor" a través de la cuenta oficial de Nino Bravo en YouTube. / Archivo Darío Ledesma.
La historia del beso y la flor
El Mundial ha actuado así como altavoz para una canción que ya formaba parte de la memoria sentimental del mundo hispanohablante. La historia de «Un beso y una flor» comenzó en los estudios madrileños de Philips, donde Nino Bravo grabó entre el 24 y el 26 de septiembre de 1971 buena parte de las canciones de su tercer LP. En aquellas sesiones registró también piezas como «Cartas amarillas», «Arena de otoño» o «Contigo soy feliz».
«Un beso y una flor» abría y daba título a aquel tercer álbum. El tema, escrito por Herrero y Armenteros, contó con arreglos de Maryní Callejo, la primera mujer productora del pop español, y con la dirección musical de José Torregrosa. Su letra se alejaba de la canción amorosa convencional, ya que narraba la despedida de un emigrante que deja atrás a la persona amada y su país para buscar un futuro mejor, sin renunciar a la esperanza del regreso.

Publicidad del disco y el single "Un beso y una flor". / Archivo Darío Ledesma.
Tal como recoge Darío Ledesma en su libro Nino Bravo, voz y corazón, Armenteros explicó que los compositores ya conocían bien las posibilidades de Nino Bravo y querían ofrecerle una canción con un enfoque distinto, más profundo y menos sujeto a una fórmula comercial inmediata. La marcha, la distancia y la promesa de volver introducían un cambio sutil en la línea de temas que podía interpretar el cantante. La melodía, de aire amplio y ascendente, fue acompañada por un arreglo de inspiración americana que permitía a la voz crecer hasta imponerse en el estribillo.
Pablo Herrero recordaría años después el impacto de aquella sesión. Cuando Nino terminó de cantar, quienes se encontraban en la pecera del estudio se quedaron en silencio, conmovidos por una interpretación que, según el compositor, «arrasaba con todo». La grabación, sin embargo, no estuvo exenta de dudas. Vicente López, compañero de Nino Bravo y una de las personas que le ayudaban con la interpretación, relató que el cantante le pidió que entrara en la cabina después de haber repetido la canción varias veces. Nino decidió cantarla de un tirón y, tras recibir su aprobación, zanjó la discusión: «Pues se queda así».
Un "himno intergeneracional"
Nino Bravo presentó públicamente la canción el 24 de febrero de 1972 durante un acto de la Falla del Pilar. Su éxito fue inmediato, aunque no llegó al número uno en España, en un año de fuerte competencia marcado por la música de «El Padrino», «Algo de mí», de Camilo Sesto, y «Yo no soy esa», de Mari Trini. Pese a ello, se instaló en las listas, amplió la dimensión internacional del cantante y se convirtió en una de sus composiciones más reconocibles. La canción escaló posiciones en Portugal, Bélgica, Alemania y Holanda, donde las televisiones comenzaron a reclamar la presencia de aquel intérprete español de voz poderosa y melódica. Fonogram llegó incluso a estudiar una versión en inglés para extender el éxito a otros mercados. En junio de 1972, el cantante y Los Superson rodaron en Mallorca el primer y único videoclip en color de su carrera, precisamente el de esta canción.
"Más que un clásico de Nino Bravo, 'Un beso y una flor' ya es un himno intergeneracional", concluye Darío Ledesma. Tal como señala el biógrafo del cantante de Aielo de Malferit, desde su lanzamiento no ha dejado de escucharse, inspirando cientos de versiones en estilos tan dispares como el country, el rock o el merengue, de la mano de artistas como Los Espontáneos, Seguridad Social, Paulina Rubio o Fito Paez, e incluso cuenta con una versión reggae en inglés por el jamaicano Pinky Dread: "Que hoy sea su canción más escuchada en plataformas digitales no es casualidad -advierte Ledesma-. Es el resultado de su mensaje universal, su melodía épica in crescendo, la inigualable interpretación de Nino Bravo y ese arreglo orquestal de Maryní Callejo que sencillamente no envejece por muchos años que pasen".
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