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Exposición

La tóxica relación entre el bikini y el Franquismo: de interés económico a conflicto diplomático

La Nau inaugura 'Bajo el sol del régimen. Benidorm, el bikini y la modernidad en la España franquista (1950-1970) sobre las contradicción de mostrarse como un país abierto y la censura de la propia dictadura. Prendas, fotografías y documentos reconstruyen la relación entre ambos

Mujeres en Bikini en Benidorm en una imagen que forma parte de la exposición 'Bajo el sol del régimen' en la Nau.

Mujeres en Bikini en Benidorm en una imagen que forma parte de la exposición 'Bajo el sol del régimen' en la Nau. / Arxiu Municipal de Benidorm.

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Amparo Soria

Amparo Soria

València

Las icónicas imágenes de las primeras turistas europeas bañándose en playas valencianas con un traje de baño que reproducía la ropa interior femenina escondían no solo una revolución femenina y contra la opresión, sino también un cambio de paradigma social y político. El Franquismo aceptó integrar en una sociedad encorsetada este estilo de vida y tuvo que hacer malabares después entre lo que había permitido y sus propias normas. ¿Cómo? Con contradicciones.

Coincidiendo con el 80 aniversario del nacimiento del bikini, el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València presenta la exposición ‘Bajo el sol del régimen. Benidorm, el bikini y la modernidad en la España franquista (1950-1970)’, una muestra que analiza la paradoja entre la imagen de apertura y modernidad que el franquismo proyectó al exterior a través del “milagro del turismo”, con destinos como Benidorm y las limitaciones propias de la dictadura.

La exposición, que podrá visitarse hasta el 6 de septiembre en la Sala Oberta de La Nau, está comisariada por Lucía Sellés Calvillo, graduada en Historia del Arte y estudiante del Máster de Historia del Arte y Cultura visual y de Formación del Profesorado (MAES).

El recorrido reúne principalmente fotografías de archivo, prendas históricas, carteles de cine, revistas y publicaciones de la época para mostrar cómo el turismo se convirtió en una herramienta estratégica durante el desarrollismo franquista, como también usó el propio arte contemporáneo de cara al escenario internacional.

Una mujer posa en bikini con dos guardias franquistas detrás.

Una mujer posa en bikini con dos guardias franquistas detrás. / Arxiu Municipal de Benidorm.

La muestra examina la construcción del imaginario turístico asociado a Benidorm, convertido en símbolo del turismo de masas y en escaparate internacional de una España que pretendía presentarse como abierta al progreso, pese a estar inmersa en pleno régimen franquista. La muestra también incorpora obras cedidas por Equipo Límite, integrado por Cari Roig y Cuki Guillén, que dialogan con el material documental.

Ochenta años de un icono

Parece increíble pensar que una prenda tan asentada en la sociedad tenga una fecha exacta de creación y, además, no sea tan lejana a nuestros días. Fue el ingeniero francés Louis Réard el que creó este traje de baño en París en 1946 y no estuvo exento de polémicas. Su propuesta provocó un enorme escándalo y fue prohibido durante años en distintos países y playas. Sin embargo, dos décadas después se convirtió en un símbolo de la cultura popular occidental, impulsado principalmente por las turistas del norte de Europa, que se vinculó para siempre con el turismo en el Mediterráneo.

Louis Réard trabajando con una modelo en la última colección de baño que diseñó en 1957.

Louis Réard trabajando con una modelo en la última colección de baño que diseñó en 1957. / Paul Popper/Popperfoto via Getty Images

La llegada del bikini trascendió por mucho el ámbito de la moda. La prenda, usada por mujeres extranjeras, cuestionaba el modelo de feminidad defendido por la dictadura, basado en la modestia y el control sobre el cuerpo femenino; una imagen que caló, inevitablemente, entre las jóvenes españolas que veían en las primeras turistas un ejemplo de disidencia y libertad. La imagen social fue mucho más allá: dos mundos completamente enfrentados dándose cita en un mismo lugar.

El régimen aceptó el riesgo por la necesidad que tenía de traer divisas procedentes del turismo extranjero, lo que le obligó a tolerar en determinadas zonas costeras unas costumbres que seguían siendo mal vistas o incluso sancionadas.

La diplomacia entra en juego

Para Lucía Sellés, comisaria de la exposición, uno de los episodios más significativos que recoge la exposición, y que precisamente se ha convertido en la imagen del cartel de esta, es el protagonizado por la joven británica Marjorie Roberts en 1959.

Según explica, Roberts fue multada en Benidorm por cruzar el paseo marítimo en bikini y el caso, ampliamente difundido por la prensa internacional, acabó convirtiéndose en un incidente diplomático. Mientras el régimen utilizaba la imagen de mujeres en bikini para promocionar una España moderna y abierta, seguía imponiendo una estricta normativa sobre la moral y la “decencia’ femenina”, explica Sellés. La investigadora añade que la respuesta de la turista fue: "¿Entonces, cuál me quito?", lo que simbolizó el carácter paradójico de unas restricciones que chocaban con la imagen de apertura que se pretendía proyectar al exterior.

Pedro Zaragoza y Franco en una de las visitas que hizo el alcalde de Benidorm a Madrid para abordar el uso del bikini en sus playas.

Pedro Zaragoza y Franco en una de las visitas que hizo el alcalde de Benidorm a Madrid para abordar el uso del bikini en sus playas. / Historia de Benidorm

Benidorm no fue un caso aislado. A partir de la década de 1950, la costa valenciana comenzó a transformarse con la llegada creciente de turistas europeos atraídos por el clima, los precios y la mejora de las comunicaciones, sumado a esa campaña del Franquismo por llamar la atención de los europeos faltos de sol. El municipio alicantino, impulsado por el plan urbanístico promovido por su entonces alcalde, Pedro Zaragoza, se convirtió en el gran laboratorio del turismo de masas y en el principal escaparate de una nueva economía basada en el sol y playa, un modelo que acabaría extendiéndose a buena parte del litoral mediterráneo.

Un viaje en Vespa para convencer a Franco

De hecho, la tradición popular en Benidorm cuenta que el alcalde viajó en Vespa hasta Madrid para convencer a Franco de que la permisividad con el uso del bikini era imprescindible para no ahuyentar al turismo internacional. Una anécdota que, más allá de sus matices históricos y políticos, pervive en la memoria de la ciudad.

La exposición forma parte de la quinta edición de Activa Cultura, el programa del Vicerectorat de Cultura, Esports i Vincle Social de la Universitat de València que impulsa y financia proyectos culturales concebidos y desarrollados por estudiantado y jóvenes investigadoras e investigadores de la institución. La iniciativa está dotada con 16.000 euros para llevar a cabo las ocho propuestas seleccionadas de la cultura propuesta por el estudiantado de la Universitat.

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