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David Gimilio: “El MuVIM se había convertido en una caja vacía, pero tiene materia prima para recuperar el interés”

El ya exconservador del Bellas Artes asume el reto de cambiar la identidad del museo de la diputación en los próximos dos años para convertirlo en el referente de la pintura valenciana de los siglo XIX y XX

Conversamos con David Gimilio, nuevo director del MUVIM

Miguel Angel Montesinos

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

David Gimilio cumple su primer mes al frente del MuVIM con el encargo de transformar profundamente la institución. Después de una larga trayectoria como conservador del Museo de Bellas Artes de València, asume el reto de convertir el centro en el museo de arte de la Diputación. El proyecto supondrá el desmontaje de «La aventura del pensamiento», la exposición permanente ha sustentando el relato del museo desde su creación. A cambio, recuperará las obras ahora almacenadas o depositadas en otras instituciones y creará con ellas un recorrido centrado principalmente en el arte valenciano de los siglos XIX y XX. Las primeras novedades se verán en 2027, aunque Gimilio calcula que la transformación completa necesitará al menos dos años.

P. ¿Qué le llevó a presentarse a la dirección del MuVIM después de tantos años como conservador en el Museo de Bellas Artes?

R. Era un reto y una oportunidad. La plaza salió mediante una comisión de servicios y me pareció una buena ocasión para dar el salto hacia la gestión. Mi trayectoria ha estado muy ligada a la historia del arte y al trabajo como conservador, aunque también había asumido responsabilidades de gestión en determinados momentos. Me apetecía comprobar si algunas ideas que llevaba tiempo pensando podían aplicarse a otra institución. La colección de la Diputación no la conocía tan bien como la del Bellas Artes, pero es bastante afín y, de hecho, hay depósitos suyos en el propio museo. Me atraía trabajar con esos fondos y poner en práctica otra visión.

P. ¿Cuál será el principal cambio respecto al MuVIM que conocíamos?

R. La ruptura principal será convertir el MuVIM en el museo de la Diputación. Ese es el gran reto y el cambio de identidad más importante. No habrá actos de magia ni presentaciones especialmente vanguardistas. Los museos que trabajan con este tipo de colecciones son bastante clásicos y académicos, y yo también lo soy en determinadas concepciones. Vengo de un museo de bellas artes y no pretendo disfrazar esa procedencia. El objeto de arte, la colección patrimonial y su conservación pasarán a ocupar el centro. La intención es darle al edificio una misión más clara.

P. ¿Eso supone el final de «La aventura del pensamiento»?

R. Lamentablemente, sí. Estamos evaluando los problemas técnicos de la exposición permanente, que en parte la inhabilitan, y además necesitamos ese espacio para mostrar la colección de arte de la Diputación. La Sala Baja y la Sala Parpalló no son suficientes: son dos salas temporales y el museo necesita un espacio permanente para unos fondos que, sin ser inabarcables, tienen piezas muy interesantes. Esas obras están ahora en almacenes, conservadas con buen criterio, pero deben darse a conocer. Tienen que verlas los valencianos y también los turistas. El MuVIM ocupa un lugar privilegiado y puede convertirse en una referencia dentro del itinerario cultural de València.

P. ¿Qué pasará con el material de «La aventura del pensamiento»?

R. Todavía no lo tengo decidido. No sé si podría repensarse en otro espacio, aunque lo veo complicado porque es un material, entre comillas, efímero y difícil de desmontar y volver a montar de forma fidedigna. Es una instalación concebida para unas salas concretas. Estudiaré qué puede hacerse durante el verano y este primer trimestre.

P. ¿Cómo se reorganizarán los espacios?

R. Mientras se desmonta y acondiciona la sala permanente, trabajaremos con la Sala Baja y la Sala Parpalló. El primer trimestre de 2027 ya tiene exposiciones previstas de antes, pero después quiero mostrar en la Sala Baja las piezas más relevantes de la colección: pintura en diferentes técnicas y soportes, escultura —uno de los puntos fuertes de la Diputación—, fotografía y dibujo. La exposición beberá de experiencias anteriores, como «La Modernidad», pero tendrá otro planteamiento y será la punta de lanza del futuro museo de arte de la Diputación. La Sala Parpalló quedará como único espacio temporal. Su coordinador, Amador Griñó, siempre ha defendido que no es solo una sala física, sino también un espacio cultural con una tradición de apoyo a los artistas valencianos contemporáneos. Mi intención es mantener esa filosofía y alternar arte emergente valenciano con exposiciones de los siglos XIX y XX. Hay fondos procedentes de los pensionados del siglo XIX e incluso obras de Agustín Esteve. Podrían organizarse monográficas sobre artistas como Francisco Domingo, a quien todavía no se le ha dedicado una exposición de este tipo. Creo que el MuVIM sería el lugar adecuado.

P. ¿Cuándo se verá plenamente ese nuevo museo?

R. El último trimestre de 2026 está cubierto por proyectos ya previstos y las primeras aportaciones propias se verán en enero o febrero de 2027. Esa herencia expositiva permite conocer la institución y al personal antes de introducir cambios de mayor calado. Para culminar la transformación harán falta, como poco, dos años. Hay que desmontar «La aventura del pensamiento», licitar los trabajos y acondicionar el espacio para albergar obra patrimonial. Si llegan depósitos o comodatos de otras instituciones, habrá que garantizar determinadas condiciones de temperatura, humedad, iluminación y seguridad. Estoy preparando un Plan Director con plazos, necesidades y presupuesto para presentarlo al diputado de Cultura y al presidente de la Diputación. Llevo apenas un mes en el cargo y todavía tengo que poner cifras concretas al proceso.

P. ¿Con qué presupuesto cuenta?

R. No hemos hablado todavía de cantidades cerradas. Creo que la Diputación será generosa porque esta transformación es una de sus apuestas principales. No percibo que el problema vaya a ser económico, aunque sin duda estaremos hablando de cantidades importantes. La dificultad estará sobre todo en los tiempos administrativos, las licitaciones y la burocracia.

P. València ya tiene el Bellas Artes, el IVAM, la Fundación Bancaja, el Centro de Arte Hortensia Herrero, el Benlliure, tendrá los Sorolla de la Hispanic... ¿Hay público para otra gran colección de arte?

R. Totalmente. A veces seguimos viendo València como una capital de provincias de finales de los años noventa o principios de los dos mil, pero ya no lo es. No solo por su población y por el peso del área metropolitana, sino también por el turismo y por la transformación cultural de la ciudad. Todas las grandes ciudades cuentan con una oferta amplia. En Madrid conviven el Prado, el Thyssen, el Reina Sofía y otros museos más pequeños sin que nadie se pregunte si sobra alguno. En València debería ocurrir lo mismo: no es una competencia, sino una red complementaria.

P. ¿Qué aportará el MuVIM que no ofrezcan ya el Bellas Artes en historia del arte valenciano o el IVAM sobre modernidad y arte contemporáneo?

R. En primer lugar, mostrará unos fondos que solo se han visto ocasionalmente. El día que se monte el conjunto patrimonial será un acontecimiento porque hay obras que prácticamente no conoce el público. Sacarlas del almacén y situarlas dentro de un relato ya será una aportación importante. Además, no se trata de solapar, sino de complementar. El Bellas Artes tiene una gran colección de pintura de los siglos XIX y XX, pero su núcleo fuerte está en el siglo XV, el Renacimiento y el XVII. El IVAM desarrolla otro relato vinculado al arte moderno y contemporáneo. La riqueza del arte valenciano de los siglos XIX y XX permite otro museo dedicado casi exclusivamente a ese periodo. Hay fondos suficientes para sostener ese discurso. También queremos hablar con el director del Bellas Artes para explorar depósitos y comodatos en ambos sentidos. Podría haber obras del Bellas Artes en el MuVIM y la Diputación recuperar algunas piezas depositadas allí, procurando no alterar su discurso.

David Gimilio, nuevo director del MuVIM.

David Gimilio, nuevo director del MuVIM. / Miguel Ángel Montesinos

P. ¿Qué obras considera imprescindibles para el nuevo recorrido?

R. Habrá referentes como Sorolla, Pinazo o Mariano Benlliure, pero el museo no puede limitarse a una lectura cronológica ni a una lista de grandes nombres. Hay obras consideradas menores porque sus autores son menos conocidos que pueden adquirir fuerza al dialogar con otras. Se pueden construir recorridos sobre el paisaje, el retrato o la modernidad. La desconocida colección de relojes del siglo XIX, por ejemplo, podría incorporarse mediante una reflexión sobre el tiempo. La Diputación tiene mucho más músculo patrimonial del que suele imaginarse.

P. ¿Cuántas piezas se expondrán? ¿Habrá rotación?

R. Todavía no puedo dar una cifra. Dependerá del espacio definitivo, de las condiciones de conservación y del discurso. La colección es muy variada y deberá combinar obras de referencia con otras menos conocidas. Habrá rotación por razones de conservación y para renovar las miradas. No quiero que la colección permanente se convierta en algo inmóvil.

P. ¿Qué obras ha descubierto en el almacén de Bétera?

R. Más que descubrirlas, me sorprende que algunas hayan permanecido tanto tiempo guardadas. El «Calvario» de Francisco Ribalta es una obra extraordinaria del siglo XVII y cuesta entender que no haya estado expuesta. También «Los últimos días de la Junta», de Francisco Domingo, una pieza espectacular en la que se perciben las influencias de la pintura francesa del momento. Domingo es un pintor excepcional y ni siquiera está suficientemente representado en el Bellas Artes. Aquí tenemos una obra icónica suya que no puede seguir sin mostrarse. En Bétera hay piezas de enorme calidad.

P. ¿En qué estado se encuentran esos fondos?

R. En un estado ideal. El equipo de restauración de la Diputación es extraordinario. Son profesionales con una gran experiencia y las obras están prácticamente listas para exponerse. El 99,9 % se encuentra en perfecto estado, no solo la pintura al óleo, sino también los marcos. El problema no está en las piezas, sino en acondicionar el museo para recibirlas.

P. Algunas obras emblemáticas están en despachos o depositadas en otras instituciones. ¿Volverán al MuVIM?

R. Puedo entender que las altas representaciones institucionales necesiten obras que hablen de la historia valenciana, pero esas piezas también deben formar parte del museo de la Diputación. No creo que haya demasiados problemas para encontrar un equilibrio. Cuando estaba en el Bellas Artes ya hablé con su director, Pablo González Tornel, sobre la posibilidad de que la Diputación solicitara determinadas obras en comodato. Incluso propuse sustituciones para no alterar su discurso, como algunas academias de Sorolla. «El Guardavía», de Pinazo, es una obra emblemática y el nuevo museo la necesita, igual que los Sorolla. En cambio, hay unos evangelistas de Ribera que personalmente no me importaría mantener en depósito, aunque todavía debo valorarlo. Se trata de construir el mejor relato posible mediante acuerdos.

P. ¿Todas las exposiciones temporales estarán dedicadas al arte?

R. Las directrices deben quedar claras en el Plan Director, pero estaré abierto a proyectos interesantes. Una exposición como la que hubo dedicada a García Berlanga, por ejemplo, podría tener cabida. El museo debe centrarse en su colección y en los siglos XIX y XX, pero eso permite incorporar el cine, la fotografía y otras disciplinas. No se trata de cerrar puertas, sino de mantener una programación coherente y reconocible.

P. ¿Ha hecho un análisis de cuál es la percepción social del museo y cómo quiere trabajar la imagen de cara al público?

R. La percepción social es que el MuVIM ha ido a menos, y por eso se ha abierto este debate sobre su futuro. Tiene un edificio extraordinario, una ubicación estratégica y una buena colección, pero acabó convertido en una caja un tanto vacía, aunque con algunas exposiciones honrosas. Hay materia prima para recuperar el interés que tuvo para la sociedad valenciana. El MuVIM siempre ha funcionado muy bien con las visitas escolares y los turistas, pero los problemas técnicos de «La aventura del pensamiento» hicieron que esa dinámica desapareciera. Ahora hay que reconstruirla desde otro contenido.

P. El museo siempre ha sacado pecho del gran número de visitantes, en gran parte por los escolares. ¿Le preocupan las cifras?

No me obsesiona el número de visitantes. A veces parece que los museos han entrado en una dinámica neoliberal en la que su valor se mide por cuánta gente entra. Me interesa más la calidad de la visita y la capacidad del museo para generar conocimiento. Los colegios e institutos podrán seguir viniendo, aunque encontrarán otra colección y otro discurso. La Diputación no me ha impuesto una cifra de visitantes.

P. Llega después de meses convulsos por la situación de la dirección adjunta, las jubilaciones y la polémica sobre la elección del cargo. ¿Qué ambiente se ha encontrado?

R. Sinceramente, muy bueno. Los trabajadores quieren trabajar y tener proyectos interesantes. Me he reunido con ellos individualmente para conocer cómo estaban, explicarles mi idea de museo y escuchar sus inquietudes. La respuesta ha sido positiva. Falta algo de personal, pero hay una buena plantilla y su actitud me da mucho ánimo. Necesitan un proyecto claro en el que implicarse.

P. ¿Creará un equipo propio?

R. Este es un centro administrativo y el personal accede mediante plazas de funcionario. A corto plazo, lo importante es trabajar con la plantilla, motivarla y hacerla partícipe del proyecto. No llego con la idea de sustituir a nadie, sino de aprovechar el conocimiento acumulado. A medio y largo plazo habrá que ver qué perfiles pueden incorporarse mediante concursos. Quizá necesitemos apoyo externo puntual para adelantar plazos, pero mi trayectoria siempre ha estado ligada a la institución pública y quiero seguir apostando por ese modelo. Me gustaría contar con alguien especializado en pintura del siglo XIX, aunque yo puedo aportar una visión transversal. Los conservadores conocen los fondos y el equipo de restauración sabe qué piezas requieren intervención. Hay más afinidades que problemas.

P. ¿Ha habido un traspaso con el anterior director, Rafa Company?

R. Rafa sigue trabajando en el MuVIM y tenemos una buena relación profesional. No diría que la situación es incómoda, pero sí peculiar porque ahora soy su jefe, pero existe sintonía. Me ha planteado proyectos: algunos no encajan en el nuevo museo y otros sí, y le he animado a desarrollarlos. Que continúe facilita la transmisión de conocimiento sobre el museo.

P. El proyecto depende de una institución política que puede cambiar de gobierno. ¿Confía en que tendrá continuidad?

R. Sí. Creo que es suficientemente atractivo y sólido para que pueda ser asumido por responsables políticos de otro color. Es una transformación patrimonial de largo recorrido, no un proyecto ligado únicamente a una legislatura. Y, si no fuera así, yo tengo mi plaza de funcionario en el Bellas Artes o en la Generalitat, pero no me sitúo en ese escenario. Es un proyecto muy interesante y un reto fantástico para mí y para mis compañeros.

P. ¿Imaginó alguna vez que acabaría creando prácticamente un museo desde cero?

R. No, ni en mis mejores sueños. Uno se forma, trabaja y aprende tanto de las experiencias positivas como de las negativas. Todo eso me ha dado un bagaje cultural y administrativo que supongo que han valorado después de tantos años en el Bellas Artes. Ahora tengo la oportunidad de aplicarlo aquí. Crear un museo casi desde cero impone, pero también permite ordenar una colección, construir un discurso y darle una identidad clara.

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