Reconocimiento
La mitad perdida de la literatura valenciana
La Acadèmia Valenciana de la Llengua reivindica a las autoras mujeres de la Edad Moderna y su forma de ver el mundo, que cambian el relato histórico de los siglos XVI, XVII y XVIII. A ellas se dedicará el reconocimiento Escriptora de l'Any 2027, comisariado por las investigadoras María Ángeles Herrero y Verònica Zaragoza, artífices de sacar a la luz un patrimonio literario oculto durante siglos

'Hamnet', la obra de Maggie O'Farrel, puso el foco en Agnes, la mujer de Shakespeare que siempre había permanecido a la sombra hasta que la autora inglesa rescató su historia en la novela y posterior película. / L-EMV

Cuando Maggie O'Farrell publicó 'Hamnet', no escribió otra novela sobre William Shakespeare. Fue mucho más allá al desplazar el foco hacia su mujer, Agnes, que durante siglos permaneció al margen de una historia contada casi exclusivamente por los hombres. Poco o nada se sabía de la joven que sostuvo la vida doméstica y espiritual de una familia entera mientras el dramaturgo se permitía brillar en la capital. Casi de forma coetánea, la Edad Moderna en España y en la actual Comunitat Valenciana creaba una literatura de la que solo han trascendido los hombres, pero también había mujeres que hoy se cuentan por decenas. La Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) ha decidido dedicar su reconocimiento de L'Escriptora de l'Any 2027 a esas mujeres cuyos textos sobrevivieron en conventos, archivos y correspondencias familiares mientras la historia las fue borrando poco a poco.
Han sido décadas de investigación para recuperar la voz de esas mujeres, conocer otra forma de mirar el mundo y, por tanto, redescubrir la historia de los siglos XVI, XVII y XVIII. Las investigadoras María Ángeles Herrero y Verònica Zaragoza son las comisarias y su trabajo académico, centrado en esta materia, permite reconstruir una parte de la historia literaria valenciana que apenas ha tenido presencia en el relato universal.
A preguntas de este diario, Herrero comienza desmontando una creencia popular forjada a base de ausencias. "Las mujeres sí que escribían", afirma, y a la búsqueda de todas esas evidencias han dedicado sus carreras y sus tesis doctorales en la Universidad de Alicante, en el caso de Herrero, y en la Universitat de Girona, en el caso de Zaragoza. Ambas han rescatado un corpus de autoras y textos amplio, heterogéneo y mucho más rico de lo que se esperaba, con cerca de un centenar de autoras documentadas en el territorio valenciano entre los siglos XVI y XVIII, con textos de tipología y origen muy diversa.
No desaparecieron: las borraron
A ese rescate salieron ambas investigadoras. Han localizado poesía, teatro, autobiografías, reglas conventuales, epistolarios o textos místicos escritos en valenciano, castellano y latín. "Tenemos que entender que el concepto de literatura antes del Romanticismo era mucho más amplio", apunta Zaragoza, y dentro de ese abanico son las mujeres religiosas las que destacan. La escritura era una herramienta más que podían usar, siempre por mandato de sus confesores y con su posterior revisión, para hablar de su vida interior, confesiones y visiones, además de su éxtasis y, en definitiva, sus experiencias espirituales, "muchas de ellas con una calidad literaria elevada y una complejidad psicológica notable". "Es una polifonía femenina procedente de ámbitos muy diversos que ofrece una crónica de la ´poca desde una perspectiva alternativa a la literatura canónica", dice Herrero.
En este sentido, Zaragoza explica que hay un punto de inflexión claro con la publicación de la obra de Teresa de Jesús tras su muerte y posterior beatificación y canonización. Fue una carmelita descalza, escritora y fundó su propia orden, convirtiéndose en un modelo positivo de escritora mujer y erigiéndose como un referente para otras mujeres que pudieron seguir esa estela.
Cabe destacar que a raíz de su investigación, Zaragoza ha advertido el peso de la imprenta valenciana en el siglo XVI, que promovió una cultura femenina impresa cada vez más extensa. "Las primeras obras impresas de autoría femenina en la esfera peninsular vieron la luz en València, y son precisamente algunos de los testimonios más antiguos de voces femeninas", afirma. Esta proliferación de obras femeninas coincide con una progresiva alfabetización en la València que transita del siglo XV al XVI, con una presencia cada vez mayor de lectoras eruditas.
Es en el siglo XVII cuando se canaliza en otro punto de inflexión para la literatura de las mujeres de la Edad Moderna: la convocatoria de certámenes de poesía de mujeres, que participaban en estos concursos en igualdad de condiciones que los hombres y de los que podían optar a ganar premios económicos y distinción social.
¿Dónde estaban las mujeres?
Pese a que esa fue la realidad durante siglos, el relato histórico dominante que ha llegado hasta nuestros días ha invisibilizado la presencia de la mujer -infinitamente menor que la del hombre, claro- en la literatura, en cualquiera de sus expresiones. Cuando ambas autoras decidieron de forma paralela dedicar su investigación a localizar y rescatar textos de mujeres, partieron del mismo lugar: la ausencia de nombres propios en las letras valencianas de la Edad Moderna. "Esa ausencia no podía ser natural", zanja Herrero.

Convento de la Puridad de València y retrato de Gertrudis Anglesola realizado por Diego Castells / L-EMV
La autora explica el origen de esta falta de documentos que dieran muestra de la escritura femenina. Los hombres escribían desde una autoridad reconocida, mientras que las mujeres, en muchos casos, lo hacían justificándose, porque cuando una mujer escribía sobre su vida espiritual debía invocar la voluntad de su confesor como salvaguarda, apelando a su modestia y humildad.
"Con esa diferencia estructural existe otra relacionada con el contenido: en algunos casos, el discurso de la mujer tienda a lo particular, a lo concreto, a la experiencia vivida; esto hace que los escritos de las mujeres tengan una textura especial de la realidad", sostiene Herrero.
En este sentido, Zaragoza explica que en el proceso de investigación descubrió el sorprendente caso de la beata valenciana María Antonia Ortolá, que fue víctima de varios procesos inquisitoriales a principios del siglo XVIII: "Acabó siendo acusada por fingir la santidad en una época en que ser santa reportaba reconocimiento y autoridad social", explica, y asegura que el estudio de la documentación de la Inquisición le llevó hasta su autobiografía y coplas que se usaron para incriminarla.
El convento como habitación propia
Un par de siglos después a las mujeres que la AVL ha reconocido, fue la autora inglesa Virginia Woolf la que reivindicó 'Una habitación propia' para que la mujer pudiera desarrollar su creatividad. Hasta llegar a eso, ambas autoras explican que los conventos funcionaron como algo parecido a un lugar de desarrollo personal, formación y escritura. De ahí que la mayoría de escritoras localizadas en ese periodo sean monjas y que los registros conventuales atesoren buena parte de todos los escritos que han sobrevivido.
"Hay que tener en cuenta que las mujeres no eran voces autorizadas para convertirse en un discurso público, solo por el hecho de ser mujeres", explica Zaragoza. De ahí la problemática relación que tuvieron con la imprenta, pero aquí llega otro gran personaje del siglo XVI que rescata la investigadora: Jerónima Galés, célebre impresora a cargo de la imprenta familiar de los Mey. "Fue una de las figuras más destacadas en el mundo de la imprenta europea del Renacimiento y aprovechó los umbrales de uno de los textos que ella misma imprimió para criticar a las lenguas maliciosas contra las mujeres que transgredían los códigos sociales.

Jeronima Gales y el texto escrito. / L-EMV
Pese a todo, ambas instan a no idealizar los conventos porque aunque eran el único espacio donde buena parte de las mujeres podían acceder a las bibliotecas y la escritura, limitaban su libertad y controlaban lo que escribían. "El confesor, en primera instancia, y la jerarquía eclesiástica después, tenían la última palabra sobre si un texto era admisible o no", apunta Herrero.
Y aún así, pese a todo, seguían ofreciendo más oportunidades que en la vida civil. Para la escritora y académica Àngels Gregori, integrante de la comisión de l'Escriptora de l'Any 2027, "muchas de estas autoras eligieron una vida en el convento o pertenecían a la aristocracia, los dos únicos espacios donde una mujer podía acceder a la educación y a la escritura". Gregori advierte que reducirlas a esos dos estereotipos limita su propia obra, y recuerda que algunas monjas "fueron más modernas, en sus siglos, que algunos escritores de hoy en día". De ahí que defienda que ha llegado el momento "de desempolvarlas de la estantería y quitarles sus estigmas" para devolverlas al lugar que deben ocupar en la literatura en valenciano.
De entre todas ellas, Gregori pone de relieve la figura de Isabel de Villena, una de las grandes autoras del siglo XV y abadesa del convento de la Trinidad de València. Para explicar su importancia recurre a una comparación contemporánea: "Isabel de Villena es nuestra Maggie O'Farrell del siglo XV". La referencia pretende acercar al lector una escritora capaz de ofrecer una mirada propia sobre su tiempo y de construir personajes femeninos con una profundidad poco habitual -y apenas permitida- en la literatura de la época, donde la misoginia era una constante dentro de las letras de la Corona de Aragón.
La reivindicación de esta literatura tampoco se limita a las obras escritas en valenciano. Gregori defiende una visión mucho más amplia del patrimonio valenciano, que incluye a autoras que utilizaron el latín, el italiano y el castellano. "¿Y qué pasa si no escribían en valenciano y lo hacían en italiano o en latín? Son nuestras igualmente", reivindica la escritora.
Cartas que cuentan otra Edad Moderna
Como bien indica Gregori, la otra alternativa a producir textos desde un convento era formar parte de la aristocracia. El género epistolar es aquí el único testimonio que da cuenta de autoras que sabían no solo escribir y narrar, sino describir un entorno y contexto que hoy nos permiten aproximarnos a la época. La abundante correspondencia conservada de algunas mujeres de la nobleza valenciana constituyen una fuente histórica excepcional y un género literario que ayuda a comprender cómo pensaban, gestionaban sus patrimonios, negociaban el poder o relataban la vida cotidiana.
Y aquí sobresalen dos casos: las mujeres de la familia Borja y la relación madre-hija de Hipólita Roís de Liori y Estefania de Requesens, que usaron la escritura para gestionar asuntos familiares y patrimoniales.
Las cartas entre Hipólita y Estefanía, madre e hija, muestran la imagen lúcida del mundo, de los hombres, del poder, de la salud y los embarazos, la alimentación y de las relaciones sociales
Este epistolario ha sido destacado por la AVL dentro del reconocimiento como Escriptora de l'Any 2027 a las voces femeninas de la Edad Moderna. Herrero explica por qué: "Es uno de los documentos más destacados y extraordinarios de toda la literatura catalana de la Edad Moderna", que se ha conservado gracias a una cadena de custodia familiar y archivística y a Laia d'Ahumada, que las descubrió. "Con lo que cuentan, se narra un mundo en sí mismo; uno de los elementos más reveladores es la lengua, porque Hipólita escribe en un catalán vivo, con léxico de la época y su entorno, con dialectismos, fórmulas nobles, expresiones populares y cortesías, lo que le convierte en un documento lingüístico de enorme valor", asegura.
Sin embargo, sostiene que lo más importante puede que sea la relación entre una madre y una hija en este momento de la historia, trasladando una imagen lúcida del mundo, de los hombres, del poder, de la salud y los embarazos, la alimentación y de las relaciones sociales, que permiten comprender cómo funcionaba realmente aquella sociedad. Y lo que aún es más poderoso: se ve a dos mujeres gestionando con habilidad los recursos de los que disponían con sus grandes casas, apellidos y títulos, porque manejaban las relaciones personales, negociaban y conseguían aquello que querían, con una lengua viva, cercana y reconocible.

María Ángeles Herrero y Verònica Zaragoza, comisarias del reconocimiento de l'Escriptora de l'Any 2027 de la AVL. / L-EMV
De hecho, Zaragoza dedicó un libro a otra saga familiar donde las mujeres tuvieron gran relevancia: los Borja. Publicó 'Les dones Borja. Històries de poder i protagonisme ocult', cuyas investigaciones le permitieron ver de cerca a mujeres que encarnaban autoridad y poder en distintos ámbitos, desde abadesas hasta fundadoras de conventos, escritoras o mecenas, atribuidos normalmente a los hombres.
Un mundo no tan oscuro
Preguntadas sobre si esas cartas reflejan un mundo algo más luminoso que la oscuridad con la que se ha descrito desde el relato canónico, Herrero explica algunos matices. "No sé si luminoso, pero sí mucho más complejo, diverso y, en algunos aspectos, más moderno de lo que solemos imaginar", sostiene. En este sentido, la imagen que se conserva de la Edad Moderna es la de una época oscura, rígida, profundamente religiosa y estricta organizativamente. Sin embargo, estas cartas permiten mostrar otra cara, la de la vida cotidiana que continúa desarrollándose bajo esas estructuras de poder.
El segundo apunte que realizan es que las cartas están escritas en catalán, así como la obra 'Constitucions' de Àngela Almenar o los versos de Narcisa Torres, que son "documentos de primer orden para la historia de la lengua catalana en el territorio valenciano". "Recuperarlos supone recuperar una parte de la memoria lingüística", afirma Herrero.
¿Por qué importa hoy?
"Cuando un alumno o una alumna pregunta por las escritoras valencianas de la Edad Moderna y no encuentra ninguna referencia en los manuales escolares, no solo aprende que las mujeres no escribían en aquella época -que es falso-, sino que también interioriza que las mujeres no cuentan dentro de la cultura oficial. Eso tiene consecuencias reales sobre la forma en que las jóvenes perciben su lugar en la cultura", responde contundente Herrero.
En esa misma línea concluye Zaragoza, para quien es importante que la gente entienda que las mujeres de la época también tuvieron acceso a la cultura y materialización de sus inquietudes intelectuales, "a pesar de las normas sociales que limitaban sus ámbitos de actuación y presencia".
Durante siglos el relato de la literatura valenciana de la Edad Moderna se escribió casi exclusivamente con nombres masculinos. Las investigaciones de María Ángeles Herrero y Verònica Zaragoza no añaden un capítulo nuevo, sino que obligan a reescribir el libro entero que la sociedad ha estudiado y adquirido como cultura general. Las escritoras siempre estuvieron allí y lo excepcional no es haberlas encontrado ahora, sino reivindicar que la historia se ha contado con la mitad de los protagonistas implicados.
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