Jordi Pérez 'El Niño de las Monjas' recibe el alta en Perú tras las dos operaciones de su cornada en el cuello
El torero de Carlet evoluciona favorablemente tras sufrir una herida de nueve centímetros en el cuello que no afectó a órganos ni vasos sanguíneos vitales: "Tolera adecuadamente la alimentación"

El torero Jordi Pérez 'El Niño de las Monjas' y el cirujano César Baltazar, en el hospital de Perú. / Levante EMV

Jordi Pérez, conocido como 'El Niño de las Monjas', ya ha recibido el alta hospitalaria en Perú después de evolucionar favorablemente de la segunda intervención quirúrgica a la que fue sometido tras su preocupante cornada en el cuello.
Según el nuevo parte médico, la herida operatoria se encuentra limpia, sus funciones vitales son normales y tolera adecuadamente la alimentación.
La intervención fue realizada durante dos horas por César Augusto Baltazar Mateo, el cirujano jefe de la plaza de toros de Acho, en Lima (Perú) que también fue el que salvó la vida por videollamada al joven torero de Carlet cuando resultó cogido en la plaza de toros de Huallanca, situada a unos 3.538 metros de altura en la región peruana de Áncash.
El percance se produjo cuando el torero de 26 años resbaló delante del ejemplar que correspondía en suerte al matador Huaytán. Ante las dificultades que planteaba el animal, El Niño de las Monjas decidió intervenir en la lidia para ayudar a su compañero.
Tres horas por carretera
Tras la cogida, tuvo que ser trasladado al hospital de Huaraz, al que llegó después de un viaje de tres horas por carretera para ser intervenido de urgencia porque el puesto de salud de la localidad permanecía cerrado en el momento del percance: "No debería haber estado clausurado, ni siquiera durante las Fiestas Patrias", aseguró a Levante-EMV el propio César Baltazar, una circunstancia que ya está siendo investigada.
Como ocurrió en Huallanca, muchas plazas de localidades peruanas carecen de enfermerías quirúrgicas debidamente equipadas. En su lugar, disponen únicamente de ambulancia y dispositivos básicos de primeros auxilios, cuya capacidad puede resultar insuficiente para atender una cornada de especial gravedad.
Una vez en Huaraz, fue operado con éxito durante aproximadamente una hora. El médico que lo atendió aseguró que el grave percance pudo haber resultado "fatal" y considera que "fue un milagro", ya que el pitón recorrió de forma superficial la zona de la garganta.
"Fue un milagro"
Las cornadas en la región cervical son especialmente delicadas debido al riesgo de que resulten afectadas las arterias carótidas o las venas yugulares, vasos sanguíneos de vital importancia.
"Fue una cornada de nueve centímetros en la cara anterior del cuello, pero no afectó a ningún órgano ni a ningún vaso sanguíneo importante. De haber penetrado por un costado o por la zona lateral del cuello, las consecuencias podrían haber sido mucho más graves", explicó el facultativo.
La videollamada
Sobre cómo estabilizó a Jordi Pérez por videollamada, el cirujano explicó a este periódico que "cuando se producen heridas por asta de toro en lugares donde no hay especialistas, suelo recurrir a videollamadas con toreros amigos o con el personal médico y paramédico para realizar un diagnóstico rápido y orientar el tratamiento. Es una práctica que utilizo con frecuencia y que ha dado muy buenos resultados, como pasó con Jordi".
Según narró, César Baltazar realizó la videollamada con el torero en activo Pepe Fernández, cuya intervención fue de gran ayuda en un momento de mucha tensión: "Lo primero que hice fue pedir a todos que mantuvieran la calma. Después me mostraron la herida y pude indicarles que, aunque no parecía grave, sí requería una atención rápida. Eso tranquilizó a la cuadrilla y permitió trasladar a Jordi con mayor serenidad. Pepe Fernández no vestía de luces ese día, ya que al día siguiente toreaba su hijo, que es novillero", recuerda.

Momento de la alternativa de Jordi Pérez, El Niño de las Monjas, en Utiel / Levante-EMV
Una historia de película
Jordi Pérez, apodado 'El Niño de las Monjas', entronca la historia que creó el cineasta Ignacio F. Iquino y protagonizó Enrique Vera en 1944.
En septiembre de 2024 se convirtió en matador de toros en la plaza de toros de Utiel. Su padrino fue Alejandro Talavante y su testigo de ceremonia, Emilio de Justo.
Ahora hace casi 15 años que cayó en las faldas de Elisa Mateos, madre en la Congregación Madres de Desamparados de València: "Si no hubiera sido por ella, yo no existiría. Ni el torero tampoco", reconoció en una entrevista reciente con Levante-EMV.
Allí llegó junto a dos de sus tres hermanos de "una familia desestructurada" y "ellas nos han dado una segunda oportunidad en la vida", recordó. Su formación en la Escuela Taurina de València de la Diputación de València ha sido clave en su desarrollo como persona.
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