Música
Viveros toca fondo entre la competencia, la falta de producto local, el calor y las entradas más caras
Los conciertos municipales registran su peor dato de público de los últimos años con 33.626 localidades vendidas, casi un 40% menos que en 2023, en un verano marcado por la irrupción del FAR y la consolidación del Roig Arena

Concierto en los Jardines de Viveros. / L-EMV

Los conciertos de Viveros han cerrado su peor edición de los últimos años. El ciclo de la Gran Feria de València ha contabilizado en 2026 un total de 33.626 entradas vendidas para las 18 actuaciones programadas, frente a los cerca de 38.000 espectadores comunicados en 2025, los 45.000 de 2024 y los más de 55.000 de 2023. Aunque las cifras no siempre se han difundido con la misma metodología -en unos ejercicios se habla de asistentes y en otros de localidades despachadas-, la tendencia refleja una pérdida sostenida de público desde el cambio de gobierno municipal.
El detalle entregado por la Concejalía de Fiestas y Tradiciones, dirigida por Vox, muestra además una ocupación muy desigual. Solo Danny Ocean y Ultraligera alcanzaron los 5.000 asistentes, y ambos necesitaron sumar las invitaciones para completar el aforo. En el extremo contrario, Javi Medina reunió a 792 personas y Tony Hadley a 798. Cuatro conciertos no llegaron a vender mil entradas y la mayoría quedó muy lejos de llenar el recinto.
A las 33.626 localidades vendidas se añadieron 4.010 invitaciones. El cuadro municipal incluye, sin embargo, las 1.862 entradas despachadas para Ana Torroja y UB40, cuyos conciertos fueron cancelados por la alerta meteorológica. Descontadas esas dos actuaciones, las 16 noches celebradas vendieron 31.764 entradas y contabilizaron 35.774 accesos al sumar las invitaciones.
La oposición atribuye el descenso al modelo cultural implantado por PP y Vox en las tres últimas ediciones, pero el retroceso se produce también en un momento de profunda transformación del negocio de la música en directo en València. Más allá de la calidad y la popularidad de los artistas con los que se ha conformado el cartel, la coincidencia de varios factores -desde las olas de calor hasta el aumento de la competencia y de los precios- ayuda a explicar por qué un ciclo que durante años concentró buena parte de la oferta musical de julio está ahora de capa caída.
La competencia
Por primera vez, los conciertos municipales han tenido que convivir durante todo julio con otro ciclo de características similares en la propia ciudad. El FAR ha duplicado en su segunda edición el número de actuaciones en la Marina Nord y ha programado nombres como Jean-Michel Jarre, ZZ Top, Rubén Blades, Belle and Sebastian, Gipsy Kings, Judeline u OMD. El propio ciclo ha asegurado que ha vendido en su segunda edición 45.000 entradas.
El formato de los dos ciclos es parecido: conciertos independientes, un cartel dirigido a públicos diversos y un recinto para alrededor de 5.000 o 6.000 personas. La diferencia en que uno es público y veterano y el otro es privado y nuevo. Entre sus impulsores -valencianos o asentados aquí desde hace mucho tiempo- está Julio Martí, promotor asimismo de Noches del Botánico, el ciclo madrileño que se ha consolidado como la principal oferta musical del verano en la capital, imponiéndose a una propuesta municipal como son los Veranos de la Villa.
FAR y Viveros han competido así por artistas, promotoras y compradores en las mismas fechas. La aparición de una segunda programación estable obliga al público a repartir su presupuesto entre una oferta mucho mayor que la existente hace apenas dos años.
El efecto Roig Arena
A esa competencia se suma la apertura del Roig Arena, que ha transformado en menos de un año el calendario musical de València. Es la primera edición de Viveros celebrada con el nuevo recinto plenamente operativo y ofreciendo actuaciones durante todo el año, incluido julio.
Solo durante ese mes, el pabellón programó conciertos de Kany García, Pet Shop Boys, Chayanne, Yandel y Wolfmother, además de espectáculos como el de Operación Triunfo y el Reve Fest. El recinto había anunciado para sus primeros doce meses alrededor de 70 conciertos y eventos de entretenimiento, con una previsión cercana a 600.000 espectadores.
La nueva oferta no compite siempre por el mismo tipo de artista ni de público, pero incrementa el número de entradas disponibles cada semana. También ofrece un recinto cubierto, climatizado y con unas condiciones acústicas más controlables, una ventaja especialmente significativa en un verano marcado por el calor y las controversias sobre el ruido.
Precios mínimos más altos
El precio es otra de las variables. El ayuntamiento anunció localidades desde 25 euros y situó la media de la edición en 37, aunque algunos conciertos alcanzaron los 46 euros. Ese precio mínimo de 25 euros es el más alto de, al menos, las cinco ediciones anteriores. En 2025 había localidades desde 18 euros; en 2024, desde 20; en 2023, alrededor de 21; y en 2022, desde 12. Aunque no existen medias oficiales comparables de todos los ejercicios, los datos permiten constatar un encarecimiento general del ciclo.
El consistorio adjudica cada actuación mediante procedimientos negociados por razones de exclusividad artística. Sin embargo, buena parte del riesgo económico recae en las promotoras, que gestionan las entradas y conservan la recaudación. Varios expedientes señalan que las actuaciones se realizan sin un pago directo de la corporación, mientras el Ayuntamiento asume la infraestructura general, cifrada este año en 276.326 euros, y otros 9.377 euros de coordinación. Este modelo deja a las empresas mayor dependencia de la taquilla y puede influir en unos precios concebidos para cubrir cachés y costes de producción.
Sin música en valenciano
A los factores económicos y empresariales se añade la orientación del cartel. Ninguno de los 18 nombres principales de 2026 era valenciano y no hubo ningún grupo o solista que cantase en valenciano. La programación sí contó con artistas locales como invitados o teloneros, algo que el Ayuntamiento utilizó para defender su respaldo al sector y destacó junto a la participación de nueve promotoras, ocho de ellas valencianas.
Compromís considera, sin embargo, que la desaparición de la música en valenciano y la ausencia de figuras locales con capacidad de convocatoria han debilitado la conexión del ciclo con una parte de su público tradicional. Su concejal Pere Fuset sostiene que PP y Vox han sustituido un modelo «plural y arraigado en la ciudad» por otro «excluyente y sectario», y relaciona esa pérdida de identidad con la caída de espectadores.
Poco volumen, mucho calor
La meteorología ha dejado de ser únicamente un inconveniente para convertirse en un condicionante de primer orden. La alerta roja obligó a cancelar en Viveros los conciertos de Ana Torroja y UB40 y a retrasar la actuación de Deep Purple.
No existen encuestas que permitan medir cuántas personas renunciaron a comprar una entrada por las temperaturas, pero el calor extremo introduce un elemento disuasorio en cualquier actividad al aire libre. Aemet advirtió durante julio de un peligro importante para este tipo de eventos y de noches especialmente cálidas, unas condiciones que afectan tanto al público como a los trabajadores encargados del montaje y la producción.
Las limitaciones acústicas se han convertido en otro de los problemas. En junio, el Festival de les Arts tuvo que cancelar su segunda jornada después de que el ayuntamiento detectara incumplimientos de los límites de ruido, mientras que en la Marina varios artistas y espectadores se han quejado de que el volumen autorizado en el escenario no permite tapar la música procedente de los locales de ocio cercanos.
No hay datos que permitan relacionar esas controversias con la venta de Viveros, que no ha sufrido los mismos incidentes pero sí que estaban sometidos a los límites acústicos. Pero conflicto afecta a la percepción general de la experiencia de los conciertos exteriores: un sonido más bajo, horarios estrechos y el riesgo de suspensiones o modificaciones frente a la previsibilidad de los recintos cerrados.
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