Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Jugarse la vida en las plazas del Perú: entre la vocación por el toreo y la precariedad sanitaria

La selección de toros de casta, la recuperación de los tres tercios en la lidia y la mejora progresiva de la asistencia sanitaria marcan la evolución de los festejos en los Andes, aunque con deficiecias como se vio en la cornada del Niño de las Monjas

El torero valenciano Miguel Giménez en la plaza de Huallanca, la semana pasada.

El torero valenciano Miguel Giménez en la plaza de Huallanca, la semana pasada. / Levante EMV

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Jaime Roch

Jaime Roch

València

La grave cornada en el cuello sufrida por Jordi Pérez 'El Niño de las Monjas' en Perú ha reabierto el debate sobre las carencias sanitarias de algunos festejos taurinos celebrados en pequeñas localidades del interior del país, lo que hace crecer la importancia de la vocación de los toreros valencianos que siguen allí toreando en busca de oportunidades para abrirse camino también, en un futuro, en los cosos de España.

El percance ocurrió el 29 de julio de 2026 en la plaza de toros Monte Carmelo, situada en Huallanca, en la región andina de Áncash, cuando el joven de Carlet cayó delante del animal mientras trataba de fijarlo con el capote y fue alcanzado en una zona especialmente delicada como el cuello, lo que provocó una abundante hemorragia.

Ausencia de enfermerías

La ausencia de una enfermería debidamente equipada y el cierre del centro de salud durante las fiestas patronales evidenciaron la precariedad con la que todavía se organizan determinadas corridas en poblaciones alejadas de los grandes núcleos urbanos. Jordi Pérez fue estabilizado siguiendo, mediante videollamada, las indicaciones del cirujano taurino de la plaza de toros de Acho, César Baltazar.

La cornada no afectó a la tráquea ni a las principales arterias, venas o vasos sanguíneos del cuello, aunque fue calificada como grave y requirió dos intervenciones quirúrgicas después de permanecer ingresado y de ser trasladado entre Huallanca, Huaraz y Lima.

Más allá de la evolución favorable del torero, el episodio ha reabierto el debate sobre la necesidad de establecer unas condiciones médicas mínimas en todos los festejos taurinos. La presencia de personal sanitario especializado, una enfermería, una ambulancia equipada y un protocolo de evacuación coordinado son esenciales en una actividad en la que una respuesta inmediata puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Frente a estas deficiencias, Miguel Giménez, que vive en Perú desde hace tres años, sostiene que la organización de los festejos peruanos atraviesa una transformación progresiva, aunque todavía desigual: "Está cambiando todo, a mejor y mucho mejor", manifiesta a Levante-EMV desde tierras peruanas.

"Corridas más profesionales"

"Cada vez hay más toros de casta y menos toros cruzados con otros procedentes de la propia región", explica. Esta evolución favorece la celebración de "corridas más profesionales", en las que se respetan con mayor frecuencia las distintas fases de la lidia: "Antes, en muchas plazas, no se quería que ni se picara ni se diera muerte al toro", recuerda Giménez.

El torero de la Pobla de Vallbona destaca que cada vez son más los municipios que incorporan personal sanitario, ambulancias y medios de primera intervención: "En cuestiones médicas, cada vez hay más pueblos equipados con personal y medios para atender a los toreros", señala, aunque también aclara que "no es así en todos los lugares. Uno, obviamente, va con más precaución y con mucha preparación", sostiene.

Pese a los avances en la organización, la selección del ganado y la asistencia sanitaria, Giménez recuerda que ninguna medida puede eliminar por completo el peligro inherente a la profesión de ser torero: "Eso no exime de los riesgos, siempre presentes, de lidiar con cualquier tipo de res brava".

Miguel Giménez sigue en Perú, donde se prepara para una próxima confirmación de alternativa en la plaza de Las Ventas, el sueño de torear en València y estar presente en la futura Copa Chenel. Con las mismas intenciones también viajó a tierras peruanas Jordi Pérez 'El Niño de las Monjas', quien ya está recuperándose en casa tras pasar "unos días de mucho dolor".

Valencianos en Acho

La presencia actual de toreros valencianos en Perú prolonga una relación histórica que ha tenido en la plaza de Acho uno de sus principales escenarios. Muy pocos aficionados del Perú olvidarán aquella faena de Vicente Barrera en Acho en noviembre de 1996 -de la que este año se cumple el 30 aniversario- al toro 'Castaño' de 548 kilos al que le cortó el rabo y le hizo triunfador a la postre con el Escapulario de Oro del Señor de los Milagros.

Su abuelo, Vicente Barrera Cambra, una de las grandes figuras del toreo de su época tras alternar con frecuencia con Marcial Lalanda o Domingo Ortega, debutó en la plaza de Acho en 1934.

Igual que Enrique Ponce, quien debutó en Acho en 1991 y mantuvo durante más de tres décadas una relación especialmente estrecha con la afición limeña. El torero de Chiva participó en numerosas ediciones de la Feria del Señor de los Milagros, salió repetidamente por la puerta grande y obtuvo cinco Escapularios de Oro en 1995, 2000, 2008, 2011 y 2014.

Entre las oportunidades profesionales y unas garantías sanitarias todavía desiguales, los toreros valencianos continúan buscando en las plazas peruanas los contratos y la experiencia necesarios para abrirse camino en España.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents