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El arte y la cultura dan una segunda vida al patrimonio valenciano

La nueva etapa de La Gallera, reconvertida en galería de arte y centro cultural, así como la futura transformación del antiguo edificio de Correos en el Espai Sorolla, agrandan el recorrido cultural de València que se expande sobre fábricas, palacios, mataderos y naves industriales que han cambiado su función para no desaparecer

La iglesia desacralizada de la Beneficència, la Fábrica de Hielo y el Museu de la Mar, antigua casa dels Bous: tres ejemplos de edificios históricos reconvertidos en espacios para la cultura.

La iglesia desacralizada de la Beneficència, la Fábrica de Hielo y el Museu de la Mar, antigua casa dels Bous: tres ejemplos de edificios históricos reconvertidos en espacios para la cultura. / L-EMV

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Amparo Soria

Amparo Soria

València

Los mapas de las ciudades están plagados de edificios cerrados a calicanto esperando encontrar un nuevo propósito que abra sus puertas. En València, cada vez con más frecuencia su destino termina siendo la cultura, como ha sucedido recientemente con la reapertura de La Gallera y como pasará con el Palacio de las Comunicaciones. Los ejemplos, sin embargo, se cuentan por decenas.

La Gallera es probablemente uno de los caso más singulares. El edificio de la calle Aluders abrió en 1870 como circo gallístico, concebido específicamente para celebrar peleas de gallos y, como tal, se construyó con una peculiar arquitectura que todavía le delata: un espacio central rodeado por tres gradas desde las que el público observaba el espectáculo. Más de siglo y medio después, donde se enfrentaban animales se exhiben obras de arte. No es una novedad, ya que el inmueble funcionó durante años como un edificio vinculado al Consorci de Museus, que dejó el alquiler en 2016 y buscaba desde entonces nuevos inquilinos. Ahora se ha constituido como La Gallera Art, concebida como galería de arte y espacio cultural para todo tipo de propuestas.

A pocos minutos andando se prepara otra metamorfosis, pero esta vez a una escala mucho mayor. El Palacio de las Comunicaciones de la Plaza del Ayuntamiento, el monumental edificio construido entre 1915 y 1922 para Correos, está llamado a convertirse en sede del denominado Espai Sorolla y de la colección cedida por la Hispanic Society of America. El acuerdo contempla la llegada a València de alrededor de 220 obras y documentos vinculados al pintor, además de adecuarlo para tienda y cafetería. La Generalitat planteó una intervención sobre unos 9.461 metros cuadrados y cifró inicialmente las obras de adecuación en más de 17 millones de euros.

La licitación para redactar el proyecto se vio envuelta en recursos administrativos y la Generalitat tuvo que sacar de nuevo el concurso, lo que ha ralentizado más todavía la puesta a punto de este edificio, lo que ha obligado a la Generalitat y al Ayuntamiento de València a buscar un emplazamiento provisional que albergue las obras. Será el Museu de la Ciutat la galería donde se expongan las obras de Sorolla durante al menos tres años, el tiempo que llevará en poner a punto el edificio de Correos.

Esa condición de proyecto pendiente, anunciado a bombo y platillo tras varios años sin tener un propósito fijo, lo convierte en la siguiente pieza de una transformación que la ciudad lleva años viviendo: la de convertir una fábrica en un museo, un palacio en un centro de arte o un matadero en un archivo vecinal.

De fabricar bombas a promover experiencias

El caso paradigmático del patrimonio industrial es Bombas Gens. El complejo de Marxalenes, en València, nació en la década de 1930 como fábrica de bombas hidráulicas y maquinaria, diseñado por Cayetano Borso di Carminati con una arquitectura de inspiración art déco. La actividad industrial cesó en 1991 y la fábrica atravesó años de abandono hasta su recuperación por la Fundació Per Amor a l'Art. Las antiguas naves se transformaron primero en centro de arte y, desde 2024, el complejo funciona como Bombas Gens Centre d'Arts Digitals, dedicado especialmente a exposiciones inmersivas y creación audiovisual. El cambio de uso ha permitido además conservar y hacer visibles elementos que estaban ocultos bajo su propia historia industrial, como un refugio antiaéreo de la Guerra Civil o una bodega medieval.

Algo parecido sucedió con el Centro de Arte Hortensia Herrero, también reconvertido gracias a la inversión privada. No era una fábrica, sino una casa solariega, donde la Fundación Hortensia Herrero decidió establecer su base y colección privada de arte tras una rehabilitación de cinco años. Se trata de una construcción barroca del siglo XVII en la calle del Mar que abrió sus puertas como museo en 2023 y que alberga obras de Anselm Kiefer, Georg Baselitz, Jaume Plensa o Olafur Eliasson, que conviven con restos del circo romano de la ciudad, de la muralla islámica y la antigua judería.

Se incluye aquí el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, que ocupa el Palacio del Marqués de Dos Aguas, cuya historia se remonta al siglo XV y que fue transformándose hasta adquirir la configuración barroca que conocemos hoy y que sirve de sede estatal de las artes cerámicas.

Oficios transformados

En esa reutilización patrimonial, los barrios tradicionalmente ligados a oficios o con un vecindario de clase obrera conservan auténticas joyas. Es el caso de L'Escorxador, actualmente un centro cultural que funcionó como matadero en el Cabanyal-Canyamelar, construido en 1910 y recuperado para el barrio. Antes de su rehabilitación fue un almacén y sede de diferentes colectivos, entre ellos Salvem el Cabanyal, cuya huella quedó para siempre unida al inmueble, ya que aparte de actividades culturales funciona como sede de la memoria del barrio.

Edificio de l'Escorxador ya rehabilitado.

Edificio de l'Escorxador ya rehabilitado. / Open House

Sucedió algo parecido con Las Naves, en la calle Joan Verdeguer. El complejo ocupa antiguos almacenes vinculados a la actividad portuaria que hoy funcionan como centro de innovación y creatividad del Ayuntamiento de València, reconvertidas en un espacio de referencia que acoge encuentros, conciertos o todo tipo de actividades de cultura y divulgación.

A poca distancia se encuentra otro ejemplo todavía en proceso de culminación. Se trata de la Casa dels Bous, construida entre 1877 y 1895 por la Sociedad Marina Auxiliante para guardar los bueyes utilizados tradicionalmente para meter y sacar del agua las embarcaciones tradicionales del barrio. Se conocía como la 'pesca de bou' y más de un siglo después, el anterior gobierno inició el proyecto que verá la luz finalmente este septiembre, con otro gobierno al frente del consistorio, y será el 'Museu de la Mar'. Repasará la tradición pesquera, oficios, embarcaciones y evolución del puerto.

Precisamente, la Marina Auxiliante fue la constructora también de la Fábrica de Hielo, junto a la playa del Cabanyal, que formaba parte del mismo conjunto de inmuebles que levantó la sociedad pescadora en el siglo pasado. La iniciativa privada recuperó este edificio en 2014, convirtiéndolo en un espacio creativo dedicado a la música, el teatro y las artes plásticas, además de ser un bar referencia en la ciudad por su proximidad al mar y por una agenda cultural con planes cada semana.

Un poco más al norte, en la Patacona de Alboraia, La Casa de la Mar prolonga esa misma idea. La inversión privada convirtió una antigua nave industrial junto a la playa en un espacio de más de 1.200 metros cuadrados dedicados a conciertos, encuentros culturales y actividades para todos los públicos, además de funcionar como bar. Aunque su valor patrimonial no es comparable a los ejemplos citados anteriormente, sí se refleja esa voluntad de dar una segunda vida a grandes espacios que han perdido el propósito cuando el futuro les pasó por encima.

Conventos y hospicios transformados en museos

El Centre del Carmen Cultura Contemporània es otro buen ejemplo de reutilización urbana. Su sede es el antiguo Convento del Carmen, un conjunto con unos siete siglos de historia que fue rehabilitado para usos culturales y que desde 2017 funciona específicamente como centro cultural. Entre sus claustros históricos conviven exposiciones, performances, danza, diseño, cine y creación experimental, acogiendo todo tipo de iniciativas culturales.

Otro precedente se encuentra apenas a unas calles. La actual Beneficència, que alberga L'ETNO y el Museo de Prehistoria de València, fue durante más de un siglo una institución asistencial, funcionando como asilo y orfanato hasta 1981. Tras su restauración integral, el inmueble se convirtió en 1995 en centro cultural y museístico.

La iglesia desacralizada de la Beneficència, propiedad de la Diputación de València donde se celebran diferentes encuentros.

La iglesia desacralizada de la Beneficència, propiedad de la Diputación de València donde se celebran diferentes encuentros. / L-EMV

Quizá el ejemplo más claro de cambio de función sea el Museu d'Història de València. Su sede es el antiguo depósito de aguas construido en 1850 para abastecer a la ciudad, que fue restaurado entre 1998 y 2001, para que en 2003 de inaugurara como museo dedicado a la evolución de la ciudad.

Más recientemente también se ha recuperado el patrimonio ferroviario al acondicionar las Naves de Ribes junto al Parque Central, que formaban parte de la Estació del Nord y que estaban dedicadas a reparar vagones de tren. En concreto, la Nave 3 funciona ya como centro cultural municipal y laboratorio de participación y dinamización cultural y próximamente se inaugurará en el muelle el Espai Manolo Valdés dedicado al artista valenciano.

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