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Crónica social de València | @Fiteraworld

Los lugares que somos

Las casas, las ciudades y hasta los objetos que guardamos terminan contando mucho más de nosotros de lo que imaginamos.

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Gadea Fitera

Gadea Fitera

València

Tengo una teoría (sin ninguna base científica, como casi todas las teorías locas que circulan por ahí) de que se puede saber bastante de una persona mirando su casa. Los libros que tiene, los cuadros que ha elegido, las fotografías que conserva, esa silla horrorosa que nadie se atreve a tirar porque perteneció a la abuela, o el cajón lleno de cosas completamente inútiles que, por alguna razón sentimental, nos acompañará hasta la tumba. En general, somos bastante menos racionales de lo que nos gusta creer.

Pensaba precisamente en eso mientras recorría DOMESTICA, la nueva exposición de JARR en la Sala Parpalló del MUVIM. En mi caso, además, resulta complicado separar al artista de la persona. JARR y su pareja, Josep Lozano, son amigos de mi familia desde hace muchos años y existe entre nosotros ese cariño que permite alegrarse de los éxitos ajenos tanto como si fueran propios.

Yo admiro profundamente a JARR. Me gusta su obra, pero me gusta también esa capacidad suya para mirar aquello que los demás apenas vemos y convertirlo en algo distinto. En DOMESTICA aparecen objetos encontrados, tejidos, imágenes, ensamblajes, fragmentos de nuestra cultura visual y materiales que quizá en otras manos no significarían absolutamente nada. En las suyas adquieren una vida nueva.

La exposición, comisariada por Alejandro Villar, recorre más de treinta años de investigación artística y está dividida en tres grandes espacios. Jarr articula nuestra memoria por compartimentos perfectamente ordenados. Recordamos un olor, una tela, una canción, una taza que estaba siempre en casa de nuestra abuela. Proust necesitó una magdalena para recuperar todo Combray y yo estoy convencida de que todos tenemos nuestra propia magdalena escondida en algún armario.

Hay además mucho hilo, tejido y nudo en esta exposición, elementos tradicionalmente vinculados a lo doméstico y también, inevitablemente, a las mujeres. Durante siglos nosotras cosimos, bordamos, remendamos y conservamos.

La inauguración reunió a muchísima gente y fue bonito ver a JARR tan arropado. Estaban Paco Teruel, David Gimilio, Amador Griñó, Rafael Armengol, Pepe Sanleón, Ximo Amigó, Inma Coll, Blanca de la Torre, Carlos Gil, Juan Luis Giménez, Nacho Palau, Julio Guixeres, Esther Pastor, Lourdes Paterna, Mayrén Beneyto, Coté Soler, Anna García de Blas, Fermín García de Blas, María José Murgui, José Antonio Murgui, Carlos Cervera, Javier Martínez Rubio y Manuel Navarro.

También los fotógrafos Óscar Vázquez, Esteban Roca y El Flaco, además de Laura Grande, Javier Cruz, Toni Guerola, Carlos Soler d’Hyver, Natalia Segrelles, Mayka Raga, Manuel Picazo, Begoña Albert y Paloma Blasco.

DOMESTICA podrá visitarse hasta finales de octubre y se lo recomiendo especialmente. No solo porque quiera a JARR (que también) sino porque creo que es una de esas exposiciones que continúan trabajando dentro de uno después de haber salido de la sala.

Esta semana pasé también a otro tipo de espacio que también habitamos y al que normalmente prestamos mucha menos atención, nuestra propia ciudad. El Only YOU Hotel Valencia organizó una de esas mañanas de verano que sirven para recordar que no hace falta coger un avión para sentir que estamos de vacaciones.

En la novena planta del hotel, en The City Lover Room, y con unas vistas espectaculares, disfrutamos de diferentes talleres pensados para el verano. Hicimos nuestro propio sérum con Pranarom, nuestro collar con We are winers y hasta aprendimos a preparar un cóctel (esto último siempre me ha parecido una habilidad bastante más útil para la vida adulta, que muchas de las cosas que estudié en el colegio…)

Compartieron un momento tan especial caras tan conocidas como Cristina Juanes, Lucía Balaguer, Patricia Moreno, Azucena González, o Gemma Alpuente.

Entre una exposición que habla de las casas y una mañana contemplando desde arriba la ciudad en la que vivo, he terminado pensando que quizá somos también los lugares que habitamos. Las casas donde hemos crecido, las ciudades por las que caminamos, los restaurantes donde hemos celebrado cosas importantes, las habitaciones donde hemos llorado, y las mesas alrededor de las que hemos sido felices.

Al final acumulamos lugares de la misma manera que JARR acumula objetos para transformarlos después en memoria. No guardamos la taza, el vestido, una entrada de teatro o aquella silla vieja porque sean especialmente valiosos. Los guardamos porque, de alguna manera inexplicable, allí dentro seguimos estando nosotros.

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