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Aniversario

Pre-Textos, medio siglo de vida defendiendo una vocación universal

El sello valenciano, fundado por Manuel Borrás, Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba en 1976, llega a los 50 años sin haber perdido nunca su ADN, con la memoria republicana, los autores americanos y la traducción de escritores europeos como marca

Manuel Borrás. Co-fundador de la editorial Pre-Textos.

Fernando Bustamante

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Juanma Vázquez

Juanma Vázquez

València

Año 1974. La dictadura franquista afronta el que será su último año completo de existencia. La inestabilidad política marca la realidad social de una España en la que Carlos Arias Navarro acaba de asumir la presidencia del Gobierno. En ese momento, lejos del centralismo madrileño, tres jóvenes intentan en València cumplir un sueño distinto al de la mayoría. Quieren editar libros. Llevan dos años esperando la aprobación de las autoridades, un documento que no llegará hasta ese nuevo Ejecutivo. Su primera publicación, eso sí, no verá la luz hasta casi dos años más tarde, en 1976 y al límite del plazo permitido para no tener que repetir todo el proceso. Pero la semilla de una editorial diferente –una ‘rara avis’ que en los tiempos actuales de grandes superventas en la industria del libro va a cumplir medio siglo de vida este septiembre- ya estaba plantada. Tenía ahí su origen Pre-Textos. O lo que es lo mismo, el proyecto que durante toda una vida han defendido y puesto en valor sus tres fundadores: Manuel Borrás, Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba.

Es el primero de ellos, desde el barrio valenciano de Russafa en el que el sello tiene su sede y donde también se encuentran hoy sus más de 2.000 títulos publicados dentro de una biblioteca con cerca de 30.000 volúmenes, el que echa la vista atrás para dar contexto de cómo se originó todo. "En mi caso no había ningún antecedente editorial en la familia, pero sí disponíamos de una biblioteca en casa", recuerda. Allí fue donde Borrás empezó a leer y a darse cuenta de que los libros "no eran simplemente un gusto, sino también un medio de incorporarse al mundo". Ese primer ‘gusanillo’ para ser editor ya le había picado.

Sin embargo, la historia del surgimiento de Pre-Textos no se entiende sin otra figura que "fue quién nos enseñó el camino de la edición". Y ese fue la del poeta Eduardo Hervás. Cuando Borrás y Ramírez acababan de ingresar en la Facultad de Filosofía y Letras con apenas 16 años, este -unos años más mayor- les propuso colaborar en la creación de una pequeña plataforma editorial. En ella participaron durante un año. No obstante, el suicidio poco después de Hervás les acabó creando "una convulsión enorme". Tanto que Borrás le llegó a plantear a su padre abandonar la universidad. Pero su progenitor le propuso otra cosa. Más allá de poder completar sus estudios por lo que pudiera suceder, "me dijo: ‘el mejor homenaje que le podéis rendir a vuestro amigo muerto es seguir esa ruta que habíais emprendido, que os tenía muy ilusionados’. Y esa reflexión me encendió una luz".

Manuel Borrás, uno de los fundadores de Pre-Textos junto a Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba, en la sede que la editorial valenciana tiene en Russafa.

Manuel Borrás, uno de los fundadores de Pre-Textos junto a Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba, en la sede que la editorial valenciana tiene en Russafa. / Fernando Bustamante

Las sospechas del Régimen

Esa ‘iluminación’ elevó su voluntad de impulsar una editorial. El problema era que aún era demasiado joven. "Cuando fui a la Delegación de Información y Turismo, porque yo era la persona física que daba la cara, el funcionario me dijo ‘¿Usted qué edad tiene?’. Yo le dije que en dos meses iba a cumplir los 18 y me dijo ‘Ay no, le recuerdo que en este país la mayoría de edad es a los 21 años. Si su padre le da la libre patria potestad, pues podríamos empezar a incoar su expediente’". Y eso fue lo que acabó sucediendo.

Las autoridades, al principio, pensaban que la editorial era "una tapadera de no se qué conspiración"

No obstante, no se acabaron ahí las dificultades. Tampoco las sospechas de las autoridades, que llegaron a presentarse –a través de la Brigada Político-Social– un día en su casa para interrogarlo. "Ellos pensaban que éramos una tapadera de no sé qué conspiración para poner en circulación libros y eso era mentira. Éramos una iniciativa privada, personal, de unos jóvenes muy avezados y, si quieres, precoces", explica sobre ese surgimiento que podía no haber llegado a buen puerto a pesar de sus ganas.

Y es que tras recibir las autorizaciones pertinentes en ese 1974, tuvieron que empezar a trabajar con rapidez para editar un primer libro que no tenían. Ahí fue cuando apareció su colaborador -y el que considera que es ‘el cuarto Pre-Textos’- Manuel Arranz. Él fue quién les habló de que el doctor López-Piñero tenía un libro acabado para imprenta que se llamaba ‘Materiales para la historia de las ciencias en España: Siglos XVI-XVII’, un ejemplar que era "interesante, lleno de curiosidades. Y dijimos ‘nos acogemos a eso y salimos del impás’", reconoce Borrás sobre un volumen "extemporáneo dentro de lo que fue después el catálogo de Pre-Textos, pero al que yo le tengo especial cariño". No es para menos. Porque es libro de medicina sirvió como primera piedra para iniciar la trayectoria de un sello surgido con varias marcas muy claras en su ADN.

'Materiales para la historia de las ciencias en España: Siglos XVI-XVII’, el primer libro de Pre-Textos.

'Materiales para la historia de las ciencias en España: Siglos XVI-XVII’, el primer libro de Pre-Textos. / Fernando Bustamante

Las tres vías de Pre-Textos

"Como hijos de la Transición pensábamos que era necesaria la reconciliación entre las dos Españas y, en la medida de nuestras modestas posibilidades, teníamos que recuperar parte de la memoria del exilio republicano", destaca Borrás sobre una misión –que ya habían iniciado también otros editores "de forma modesta"– que costó en sus inicios porque estos autores nos les acababan de facilitar libros por no tener un gran catálogo. Y así fue hasta que Juan Larrea rompió ese círculo y se convirtió en "el primero de los grandes intelectuales del exilio que nos confió un libro, ‘El amor de Vallejo’".

Pero este no sería el único objetivo a cumplir dentro de una visión que ya miraba de forma cristalina hacia lo universal, seña de identidad que mantiene en la actualidad una editorial de gran prestigio a nivel internacional. Porque a él se sumó "nuestra vocación americanista", ligada al exilio republicano también y porque este continente –especialmente Latinoamérica– "nos había dado muchísimo".

Por último, la tercera pata se centró en cubrir el vacío de conocimiento que existía en lo que se refiere a los libros que escribían en  otros idiomas. "Se maltrataba muchísimo a los autores en las traducciones y eso fue también lo que nos movió a añadirlas al catálogo", sobre todo los del ámbito francés. Y no solo porque "nos interesaba el mundo cultural" del país vecino, sino también porque "fueron los únicos colegas internacionales que confiaron en un pequeño grupo de jóvenes periféricos".

Ramón Gaya, Felipe Benítez Reyes, Luís Antonio de Villena y Juan Manuel Bonet, de izquierda a derecha, en una imagen en la sede de Pre-Textos.

Los escritores Antonio Colinas, Francisco Brines, Andrés Trapiello, Ramón Gaya, Felipe Benítez Reyes, Luís Antonio de Villena y Juan Manuel Bonet, de izquierda a derecha, en una imagen en la sede de Pre-Textos. / Fernando Bustamante

Ese término, el de ‘periféricos’, no resulta anecdótico. Porque al principio de su existencia, "las pocas reseñas que teníamos nos decían la editorial catalana o madrileña Pre-Textos. Ni siquiera nos daban la condición de valencianos haciendo las cosas desde València", lamenta. Curiosamente, fue después de que Borrás se instalara personalmente en Madrid cuando "empezamos a tener cierta presencia con la prensa nacional".

Más allá de este hecho, poco a poco, Pre-Textos fue creciendo y, con ello, aumentando también sus publicaciones. En el primer tramo del sello, "no se hacían distinciones, todo era la misma colección". No obstante, ante las influencias del mercado y "la necesidad de etiquetar todo de la sociedad" la editorial no tuvo más remedio que empezar a expandir sus compilaciones porque "se negaban a distribuirnos sino. Había una imposición". "Fue ahí cuando empezamos a crear colecciones y se inauguró la de poesía con unas características muy concretas", analiza.

Un libro salvador

Pero como en cualquier trayectoria que acumula décadas, algunos libros y personalidades acaban teniendo un peso especial. Para Borrás, entre las segundas estuvieron las figuras de José Antonio Muñoz Rojas –del que Pre-Textos publicó su ‘Amigos y maestros’– y Ramón Gaya. Sin embargo, entre esos volúmenes especiales, no tiene dudas en señalar uno: ‘Las voces de Marrakesh’, de Elias Canetti. O, dicho de otra forma, un ejemplar sin el que la vida del sello podía haberse acabado. "Es el primer libro que podemos traducir del alemán y nos salvó. [...] Estábamos cansados de pedir dinero a nuestras respectivas familias para seguir adelante, porque la cosa no chutaba", recuerda sobre ese momento el fundador. Sin embargo, Canetti recibió el Nobel de Literatura en 1981, justo en el momento en el "que estábamos a punto de tirar la toalla" y en el que su libro estaba a punto de ser publicado por Pre-Textos. Se convirtió en "un éxito de ventas porque coincidió exactamente con una coyuntura ideal y mostró, además, que no estábamos equivocados".

El Nobel a Elias Canetti mientras el sello editaba ‘Las voces de Marrakesh’ fue una tabla de salvación

Y es que, 50 años después, el corazón de Pre-Textos sigue latiendo al ritmo de sus tres fundadores, personas que en palabras de Borrás sí han podido tener "tiranteces, pero nunca crisis verdaderamente dignas". "Manolo lleva hoy con gran entusiasmo lo que ocurre y Silvia también está al pie del cañón. Seguimos con el ánimo de siempre y mientras la biología nos acompañe, lo haremos".

Un editorial con un catálogo de "libros vivos"

Cuando una empresa –en este caso una editorial– cumple medio siglo de vida es manifiestamente cierto que muchas situaciones ha tenido que vivir. Y que superar. Sin embargo, en el caso de Pre-Textos, esos 50 años no han cambiado "las marcas" que impulsaron el sello en sus inicios. "Cometimos los errores típicos de personas jóvenes, inexpertas, pero yo creo que ha cambiado muy poco nuestra filosofía", asegura Borrás sobre un pasado que se entrelaza con su presente y, espera, también con su futuro. "Nuestro afán siempre ha sido el de compartir algo que había sido útil en nuestras vidas, ya que ¿por qué no iba a serle útil a otros en sus respectivas vidas?", añade.

Su producción, a día de hoy, se mantiene en más de un centenar de libros editados cada año entre nuevos y reediciones, volúmenes que "a diferencia de lo que pasa en muchos catálogos", tienen la peculiaridad de que la mayoría "están vivos, que eso es ya muy difícil".

No en vano, el cofundador del sello considera que dentro de una actividad como editar que en "España es una cosa muy complicada" y que tiene que adaptarse también en parte al mercado porque "sino no podríamos seguir", su intención ha sido siempre la de "no vendernos nunca" y "no estar al dictado de las modas". "Creo que Pre-Textos ya es una ‘rara avis’ y te diría también que en extinción".

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