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Arte

La obra destruida por la guerra en el Centro de Arte Hortensia Herrero resucita con las primeras flores

'El mundo del cambio irreversible' entra en una nueva fase vital con la naturaleza adueñándose de las ruinas de la aldea japonesa, con girasoles y flores rosas y azules. El 14 de febrero se desató una guerra civil tras la interacción continuada de los visitantes, que al tocar la pantalla crisparon a los habitantes y se desató un conflicto que arrasó la obra

La obra destruida por la guerra del Centro de Arte Hortensia Herrero vuelve a la vida con las primeras flores

Francisco Calabuig

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Amparo Soria

Amparo Soria

València

'El mundo del cambio irreversible' ha cumplido con su destino. La obra interactiva del colectivo japonés teamLab ha muerto y ha resucitado en el Centro de Arte Hortensia Herrero. Seis meses después de la fatídica guerra que destruyó la aldea japonesa que vivía dentro del cuadro, la sangre y el fuego han dado paso a las primeras flores. Este mes de agosto, los girasoles han comenzado a crecer entre la destrucción que dejó la batalla y cada vez son más abundantes, junto a otras flores de distintas formas y colores.

Es la segunda vida de una obra que ya no volverá a ser la misma. La vegetación comienza ahora a apoderarse de los escombros y del paisaje desolador que ha mostrado el cuadro durante los últimos meses. Allí donde antes había casas, calles y habitantes, ahora aparecen pequeños brotes que anuncian una nueva transformación donde la vida se abre paso entre las ruinas, con una naturaleza que coienza a ocupar el espacio que dejó una civilización.

No es un efecto programado para adornar las ruinas, sino el destino que teamLab había diseñado para la pieza. La obra está concebida como un mundo en permanente transformación, condicionado por el público que la contempla y por el paso del tiempo. La guerra era irreversible, como lo que ha venido después, porque una vez desaparecida la aldea, el ciclo vital de la obra continúa sin posibilidad de regresar al paisaje original.

Han pasado seis meses desde que estalló la guerra, el 14 de febrero de 2026, después de más de dos años de relativa calma. Durante ese tiempo, los habitantes de la aldea medieval japonesa que aparece en la instalación habían trabajado, celebrado sus fiestas y desarrollado su vida cotidiana mientras las estaciones se sucedían dentro del cuadro. Pero la aparente tranquilidad escondía una acumulación de pequeñas alteraciones provocadas por los visitantes que pasaban a ver la obra y la tocaban.

'El mundo del cambio irreversible' no funciona como una imagen digital convencional, ya que la pantalla está dotada de sensores capaces de detectar la interacción del público. Cuando alguien toca la superficie, los habitantes reaccionan: se inquietan, se molestan, se enfadan y modifican su comportamiento. Cada una de esas acciones queda incorporada al sistema de la obra y se suma a las anteriores, provocando una acumulación que, en el caso de lo que sucedió en febrero, creó un conflicto derivado de la acumulación de interacciones durante meses.

Comienza la violencia

Aquel sábado por la tarde, las pequeñas tensiones terminaron por convertirse en violencia. Primero comenzaron las peleas en uno de los extremos de la aldea y poco después aparecieron los primeros cadáveres. Al día siguiente, los trabajadores del museo encontraron buena parte de la ciudad en llamas, culminando la secuencia con la destrucción de la población que había habitado el paisaje digital desde que se instaló en València.

El Centro de Arte Hortensia Herrero decidió incluso abrir de forma excepcional el domingo y el lunes, días que habitualmente está cerrado. Lo hizo por el interés que despertó entre el público la posibilidad de contemplar en directo la transformación de la obra, porque lo que estaba sucediendo no era un fallo del sistema, sino el cumplimiento de uno de los escenarios previstos por sus creadores.

Las llamas se expanden por 'El mundo del cambio irreversible' del Centro Hortensia Herrero

Germán Caballero

La guerra no podía detenerse una vez comenzara y no había forma de 'resetear' la obra para recuperar el estado inicial. La destrucción era definitiva y durante semanas, el fuego consumió el paisaje, que transformó en cenizas y escombros. Desde hace algunos meses, la naturaleza es la protagonista del cuadro.

Los primeros cambios empezaron a notarse en primavera, cuando aparecieron pequeños brotes verdes entre los restos de la ciudad. Al principio apenas eran perceptibles y quedaban casi ocultos entre los escombros digitales. Con el paso de las semanas, la vegetación fue ganando presencia y comenzaron a aparecer flores blancas, rosas y azules, hasta que este mes de agosto han llegado los girasoles, que cada vez ocupan una mayor superficie del paisaje.

Un destino incierto

El proceso no tiene un calendario cerrado y en el Centro de Arte Hortensia Herrero desconocen cuál será exactamente la evolución de la instalación, ya que corresponde a los parámetros establecidos por teamLab. Todo apunta a que la vegetación continuará creciendo y ocupará progresivamente las antiguas calles y viviendas, pero no es posible determinar cuándo se producirá cada transformación ni cuál será el siguiente episodio de la obra.

La instalación seguirá, además, vinculada al mundo exterior. Desde su llegada a València, 'El mundo del cambio irreversible' reproduce en su interior las condiciones de la ciudad en la que se encuentra. El amanecer y el anochecer siguen el ciclo solar valenciano y el sistema incorpora las condiciones meteorológicas, climatológicas y los cambios estacionales. La lluvia, el paso de las estaciones o la evolución de la vegetación forman parte de una obra que está en permanente cambio.

Durante los dos años y medio anteriores a la guerra, los visitantes pudieron contemplar ese ciclo en directo, porque los cerezos en flor anunciaban la primavera, las lluvias modificaban el paisaje y la nieve cubría la aldea durante el invierno. La vida de los personajes avanzaba paralela a esos cambios, los mismos que veían los visitantes a su alrededor.

Más de 400.000 personas habían pasado por el Centro de Arte Hortensia Herrero desde su inauguración cuando se desencadenó el conflicto. Los mediadores culturales explicaban a los visitantes que tocar la pantalla tenía consecuencias y advertían de la posibilidad de que los habitantes terminaran enfrentándose, lo que generaba multitud de reacciones entre el público: unos preferían no intervenir para evitar la destrucción de la aldea mientras otros buscaban precisamente provocar esa reacción y acelerar los cambios en el cuadro.

Entre el arte y la tecnología

Ese mecanismo resume el planteamiento de teamLab, un colectivo japonés fundado en 2001 por Toshiyuki Inoko y formado por artistas, ingenieros, programadores, matemáticos, animadores y arquitectos. De ahí que sus creaciones se sitúen a mitad caballo entre arte, ciencia, tecnología y naturaleza y que el espectador forme parte de la obra con sus interacciones.

La historia de la pieza en València comenzó en Art Basel, la feria internacional de arte contemporáneo, donde Hortensia Herrero descubrió otra obra de la misma serie. En aquella ocasión, la enorme afluencia de público aceleró el proceso hasta provocar la guerra en apenas un día, lo que llevó a la presidenta de la fundación a interesarse por el proyecto y adquirir esta pieza.

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