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Crónica social de València | @Fiteraworld

Viajar, todavía

Viajar sigue siendo una de las formas más agradables de curarnos de nosotros mismos

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Gadea Fitera

Gadea Fitera

València

Hay una frase de Mark Twain que siempre me ha gustado, «viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras». Aunque sospecho que Twain nunca tuvo que facturar una maleta en agosto ni hacer una cola de dos horas en un aeropuerto europeo, en lo esencial tenía razón.

Viajar nos saca de nuestro pequeño mundo, nos obliga a mirar otras cosas y, durante unos días, nos permite incluso convertirnos en personas ligeramente diferentes. Más curiosas, más despreocupadas y, con suerte, menos pendientes del reloj. Por eso, ahora que agosto termina y todos empezamos a regresar poco a poco a nuestras vidas habituales, me ha gustado preguntar a algunos amigos y conocidos dónde se han perdido este verano, y hay para todos los gustos.

Ana García-Rivera, fiel a su costumbre, ha practicado ese maravilloso deporte mediterráneo que consiste en ir enlazando lugares sin terminar de saber exactamente dónde empiezan las vacaciones y dónde acaba la vida normal. Se ha dividido entre Jávea, Denia y Formentera, navegando en el barco de su marido, Iván Martínez-Colomer, y compartiendo días con amigos como Lucía Asensio. Después cambió el Mediterráneo por el Atlántico y viajó a Lisboa y Comporta para celebrar el cumpleaños de uno de sus mejores amigos portugueses, al que conoció cuando vivía allí.

Hay veranos, sin embargo, que sirven para cumplir sueños pendientes. El doctor Giovanni Bistoni se fue nada menos que a Perú para conocer Machu Picchu. Me contó que era uno de esos lugares que llevaba tiempo queriendo visitar y que encontró allí una energía especial. No me extraña, hay paisajes ante los que uno comprende perfectamente por qué nuestros antepasados estaban mucho más dispuestos que nosotros a creer en los dioses.

Adrián Salvador Candela eligió bastante mejor que muchos de nosotros las temperaturas y pasó dos semanas en Suecia. Comenzó por Estocolmo, donde asistió al concierto de Bad Bunny (la globalización también es esto) y después viajó a Höga Kusten, la llamada Costa Alta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Bosques junto al mar, senderismo, islas y esas maravillosas casas de madera pintadas del característico rojo sueco, todo muy bucólico y campestre.

También el arte ha tenido sus propios viajes. José Cosme ha estado vinculado este verano a la Bienal del Agua de Estoril, donde ha presentado su obra ‘Inquiry H2O’ en la exposición principal del Centro de Congresos. Por allí coincidió con Chus Casares, Nilo Casares, Presen Rodríguez, Caridad Botella, Federico Moreno, Amparo Forés, Nacha Sala y Casín Trullenque.

Muy distinto ha sido el verano del doctor Pedro Guillem, subdirector médico del Hospital Universitario Doctor Peset, porque el trabajo no le ha permitido tener vacaciones propiamente dichas. Ha hecho algo que conocemos bien quienes tenemos cierta dificultad para desaparecer del mundo durante un mes entero: convertir los fines de semana largos en pequeñas vacaciones.

Una de esas escapadas le llevó a Inglaterra para asistir a la Henley Royal Regatta desde el Phyllis Court Club, histórico club privado a orillas del Támesis. La regata reunió este año más de cuatrocientas carreras durante seis jornadas, y debo confesar que casi todo lo británico me resulta irresistible, sobre todo si hay remo, Támesis, club centenario y una cierta liturgia social. Casi puedo imaginar a Nancy Mitford observándolo todo desde una silla y clasificando silenciosamente a los asistentes.

Sonia Baselga y Luis Frías, por su parte, eligieron Grecia junto a sus hijos, Paola y Luis. Pasaron por Atenas antes de continuar hacia Milos y Paros, dos islas que les habían recomendado precisamente para escapar de las más concurridas Santorini y Mykonos. Apasionados del mar, volvieron enamorados de ambas y prolongaron después ese espíritu mediterráneo con escapadas a Baleares y Altea.

Quizá sea eso lo que más me gusta de preguntar a la gente por sus vacaciones, en ocasiones descubres rápidamente que cada persona viaja casi como vive. Hay quien necesita cruzar medio planeta, quien busca una isla sin demasiada gente, quien quiere cultura, quien quiere mar, quien aprovecha tres días porque el trabajo no concede más tregua y quien convierte el verano entero en una sucesión de puertos.

Dentro de unos días volverán los horarios y las agendas, pero sin duda nos quedarán los lugares vistos, las conversaciones, las fotografías y, sobre todo, los recuerdos. Porque al final uno regresa de los viajes con bastante más equipaje del que llevó, porque afortunadamente el más importante no se factura.

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