Aniversario
El efecto Roig Arena: el año que ha cambiado la agenda cultural de València
El recinto cumple su primer aniversario con 300 eventos, 1,5 millones de visitantes y una programación que ha ampliado la oferta musical, deportiva y empresarial de la ciudad, tapando un vacío que existía en la ciudad en cuanto a recintos preparados para acoger cualquier tipo de espectáculo. Mientras, el sector apunta al siguiente reto: consolidar un gran espacio al aire libre que acoja eventos de más de 20.000 asistentes tras la polémica con los festivales

A lo largo de un año, ha habido una pregunta que se ha repetido en casi cualquier conversación entre amigos cuando uno contaba qué tal lo había pasado en el concierto de la noche anterior: «Ah, ¿fue en el Roig Arena? No he estado todavía. ¿Cómo es?». Esa curiosidad se ha ido disipando a medida que el nuevo recinto consolidaba una agenda musical, deportiva y corporativa para casi todos los gustos: prácticamente todo el mundo ha tenido una excusa para ir allí y ver un espectáculo. Lo confirman los datos: 300 eventos y 1,5 millones de visitantes en sus primeros doce meses, una cifra que supera en medio millón las previsiones que manejaba la organización hace ahora un año. El 6 de septiembre de 2025 abrió sus puertas un recinto destinado a cubrir -desde la iniciativa privada de la familia Roig- uno de los grandes vacíos que la ciudad tenía con los grandes auditorios. ¿Qué ha cambiado en la ciudad -y en su tejido cultural- su apertura?
En el último año, la oferta de conciertos ha sido casi ilimitada. Se podría decir que excepto los grandes artistas de la liga internacional -Bad Bunny, Rosalía, Shakira o Karol G-, el resto, ha pasado por València. En sí mismo, es una buena noticia para la ciudad, que ha podido disfrutar de los máximos referentes de la música urbana, pop, rock y casi de cualquier género cuya gira hacía parada en España. Eso, unido a los partidos del Valencia Basket femenino y masculino, junto a diversos espectáculos deportivos más, dan cuenta de ese millón y medio de visitantes al recinto. Supera, en medio millón, la previsión que hacía la organización el 2 de septiembre de 2025, cuando convocó a los medios de comunicación para poner negro sobre blanco y la inversión realizada y los datos que esperaban conseguir durante su primer año de apertura.
A los seis meses de su apertura, el propio Roig Arena publicó datos: 930.000 asistentes en 182 eventos. Pollstar, revista especializada en música y conciertos en directo, afinaba más el tiro afirmando que solo en espectáculos musicales se habían congregado allí más de 410.000 espectadores en 60 conciertos, la mitad de ellos completamente agotados. La misma revista situó a este recinto el pasado enero como el octavo auditorio del mundo de entre 15.000 y 30.000 espectadores por venta de entradas. A finales de julio subió un puesto en el ránking, situándose en el séptimo lugar internacional.
Las buenas cifras van más allá de los datos objetivos ofrecidos por la organización y por las plataformas especializadas. Lo confirman, también, los profesionales del sector en la Comunitat Valenciana. Armand Llàcer, gerente de la Federació Valenciana de la Indústria Musical (Fevim), califica la irrupción del Roig Arena como "espectacular". "Se esperaba bastante y ha superado las expectativas, ha sido un cambio importante para una ciudad donde era necesario contar con un espacio así porque València está en un momento de madurez en cuanto a infraestructuras de ocio, culturales y turísticas se refiere", añade.
Para Llàcer, la programación musical tanto del recinto grande (hasta 20.000 personas) como del auditorio (hasta 2.000 personas) ha sido un acierto, sin distinciones de géneros musicales, artistas o públicos. "Ha tenido una repercusión nacional, con personas que venían de fuera para ver conciertos, como lo que sucedió con Rod Stewart ofreciendo el único concierto en España en València, pero también con bandas menos conocidas que tienen su propio público y han arrastrado visitantes aquí", completa el gerente de Fevim.

Voro Contreras
Sucedió con la gala de Los 40 Music Awards, que celebró por primera vez en València su espectáculo anual con desfile de rostros conocidos de la música y la televisión. Todos vinieron a València y, con ellos, miles de personas de toda España que agotaron las entradas en menos de una hora. Valió la pena, porque fue en este escaparate nacional -una alfombra roja para presentarse ante el resto de España- cuando Rosalía actuó en directo apenas 24 horas después de publicar 'LUX'. Cantó únicamente una canción, 'Reliquia', pero toda la atención mediática estaba puesta en ella. Tanto fue así que la otra actuación estelar de la noche, la de Ed Sheeran, quedó eclipsada por el efecto Rosalía en València.
Un escenario viable para cualquier gira
Aunque la cuestión deportiva es ineludible -el sentido de este estadio es ser la casa del València Basket-, es en la faceta musical donde el Roig Arena ha permitido colar a València en casi cualquier gira de artistas. La programación ha sido variada, estable, con una agenda donde cada semana se celebraban entre uno y tres conciertos en cualquiera de sus dos espacios. Además, han apuntado a todos los públicos; esta es, seguramente, una de las claves de su éxito. No se ha centrado en la capacidad, sino que ha cambiado el tipo de artistas para los que actuar en València es viable.
Así, el primer concierto celebrado fue una declaración de intenciones. El homenaje a Nino Bravo del 6 de septiembre de 2025 reunió a una decena de artistas para interpretar el repertorio del artista valenciano, con David Bisbal, Víctor Manuel, Marta Sánchez o Malú estrenaron las instalaciones para acoger este espectáculo que conectaba directamente con la identidad cultural valenciana con la figura de Nino Bravo en el imaginario social.
El target era claro, como lo fue el de Manuel Carrasco, Joaquín Sabina (con tres conciertos agendados en el recinto y agotados), Raphael, David Bisbal, Fito o Ana Belén, enfocado a un público adulto que busca a estos artistas consolidados en la música española. Sin embargo, el público más joven también ha tenido su oferta con Quevedo, Aitana, Bad Gyal, Rusowsky, D Valentino o Grecas pasando por sus escenarios y agotando, de nuevo, todas las entradas en cuestión de horas.
Cubrir todo el abanico de edades ha sido un hecho, como también lo es haber dado espacio a todos los géneros con artistas internacionales de la talla de Judas Priest, Megadeath, Pet Shop Boys, Rod Stewart o Hans Zimmer. El género latino funciona por sí mismo y quedó cubierto con las actuaciones de Camilo, Sebastián Yatra, Eladio Carrión, Chayanne o Yandel.
Pero, como destacaba Llàcer, seguramente el acierto fue también crear un espacio para esas 2.000 personas que buscan una oferta musical más alternativa y que han encontrado en el auditorio un lugar donde ir a ver a bandas como Suede, The Waterboys, The Psicodelic Furs o Xavier Rudd, entre muchos otros.
Fue precisamente Quevedo el artista a quien más público congregó en su concierto, gracias al formato de escenario situado en el centro de la pista y 360 grados. Asistieron 19.000 personas, un récord de asistencia que permite visibilizar lo que ha sucedido: València entra en ese circuito de grandes giras nacionales.
Ir más allá
Y aquí, de nuevo según Llàcer, el sector está contento, aunque añade un matiz: el Roig Arena llena ese hueco grande y evidente que existía en la ciudad, pero sigue haciendo falta un recinto al aire libre en condiciones. "Ahora mismo solo está la Marina Norte y se queda corto, porque otros lugares como la Ciutat de Les Arts i les Ciències ya no es una opción después de la denuncia vecinal". "Se necesita un recinto exterior que sea escalable y moldeable que pueda dar para 4.000 personas como sucede en Viveros o para 40.000 para un gran festival, como tienen el resto de ciudades grandes de España. Ese es el principal reto que tenemos ahora", sentencia Llàcer.
No es lo único, ya que el gerente de Fevim también añade que a la falta de recintos se suma una legislación y una seguridad jurídica que tarda en llegar, para lo que señala directamente a las instituciones, desde la Generalitat al Ayuntamiento de València, a quienes pide "una apuesta firme por la música en directo, que permita ejecutar la estrategia de València Music City".
Deporte y celebraciones
El deporte ha sido otra de las patas de la actividad del Roig Arena durante su primer año, con el Valencia Basket como principal usuario tanto en partidos como en celebraciones. Los primeros equipos masculino y femenino han jugado -y ganado- la Liga Endesa y la Liga F Endesa, además de competiciones europeas, que solo en sus primeros seis meses atrajeron a 370.000 espectadores. No solo eso, sino que el recinto permitió acoger en febrero la Copa del Rey de baloncesto, que reunió durante cuatro días a los ocho mejores equipos de la ACB y que terminó con el Baskonia como campeón. El Valencia Basket, anfitrión del torneo, cayó en semifinales ante el Real Madrid por 108-106.

Miguel Angel Montesinos
En julio, el recinto volvió a abrir sus puertas para convertir sus pantallas en un punto de encuentro para los aficionados al fútbol: alrededor de 10.000 personas acudieron a ver la semifinal del Mundial entre España y Francia, y el Roig Arena repitió la fórmula para la final. No fueron partidos disputados en el pabellón, pero sí otro ejemplo de cómo el espacio ha empezado a funcionar como escenario para acontecimientos que trascienden su programación habitual.
El mundo corporativo: un motor silencioso
La pata corporativa es menos visible que la musical o deportiva, pero resulta clave para entender el modelo de explotación del recinto: el Roig Arena no está pensado para abrir únicamente cuando hay un gran concierto o un partido, sino para mantener actividad durante toda la semana. En sus primeros seis meses acogió cerca de 60 eventos corporativos, que reunieron a unos 50.000 asistentes, entre ellos la Noche de la Economía Valenciana, encuentros de AECOC, un acto de apoyo al Corredor Mediterráneo o la Cerámica Night Experience, que congregó a más de 3.500 profesionales.
La buena acogida del recinto también se refleja en las valoraciones de los usuarios. Una revisión de las reseñas publicadas en Google muestra que alrededor del 80% de las puntuaciones se sitúan entre las cuatro y las cinco estrellas, con comentarios que destacan especialmente las instalaciones, la limpieza, la organización, el trato del personal, la visibilidad y el sonido. Las críticas, por su parte, se concentran menos en el funcionamiento general del recinto que en cuestiones concretas de la experiencia, principalmente el precio de la comida y la bebida y las condiciones de los conciertos con público de pie en pista. También aparecen quejas puntuales relacionadas con las colas, los accesos o el aparcamiento, que sí ha generado problemas en el entorno en los conciertos más grandes al colapsarse las vías de acceso, principalmente la Avenida de los Hermanos Maristas.
¿Y el resto de salas?
La llegada del Roig Arena no se ha traducido, al menos de momento, en una pugna directa con las salas de conciertos valencianas, más pequeñas y con una programación igual de estable. Lo confirma Llàcer, que cree que este recinto "suma y se complementa" con una escena que necesita espacios para diferentes bandas, públicos y formatos. A su juicio, el Roig Arena llega en un momento de "madurez sectorial", después de años de organización y profesionalización de la industria valenciana, con iniciativas como la Fira Trovam, el Anuario de la Música Valenciana, el circuito En Viu o la propia FEVIM, que agrupa a unas 70 empresas entre salas, promotoras, festivales y managers.
El reto sostiene, pasa ahora por seguir desarrollando ese ecosistema en todos sus niveles, desde las salas y los pequeños formatos hasta los grandes recintos para lo que, de nuevo, apela a las instituciones públicas: "Hay que hacerles entender que el sector necesita una mirada más amplia, que la música llegue a todos los niveles del ecosistema musical, desde bandas de música a centros educativos, festivales o conciertos grandes", sostiene.
El Roig Arena ha tapado un gran vacío que existía en la ciudad, pero queda pendiente si València será capaz ahora de mirar más allá y seguir creando un ecosistema de recintos, espacios y políticas culturales que estén a la misma altura que lo que ha conseguido la inversión de la familia Roig.
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