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El Soro: "Soy el único torero que ha resucitado"

Vicente Ruiz "El Soro" tomó la alternativa en las Fallas de 1982. "Me sentía un ídolo del pueblo porque crecí en la huerta y me hice figura", explica sobre una carrera que coronó tras su reaparición en 2014

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La entrevista a El Soro, en imágenes Daniel Tortajada

La entrevista es en una casa de Foios primorosamente adornada y abastecida con la historia taurina de El Soro. Situada en la calle Francesc Corell, allí se encuentran las cabezas de los toros de su reparación en Xàtiva y València, los últimos trajes que vistió y un sinfín de trofeos y fotos entre las que destacan la de su alternativa y una con Paquirri el mismo año de su fallecimiento: «Se lo he ofrecido todo a la Diputación para que hagan un apartado especial en el Museo Taurino», señala. Nada más entrar, lo primero que pide son unas banderillas como movido por una irreprimible pasión. Una vecina le grita «torero» desde la puerta mientras se recrea en el posado de las fotos. Y es que las banderillas fueron el mapamundi que marcó la brújula de su carrera. De su vida. Son puro Soro.

¿Qué recuerda de su alternativa en 1982?

Fue un día de muchas emociones y sentimientos. Creo que es la tarde, junto a la de mi reaparición en València, más especial de mi carrera.

El maestro Camino y Pepe Luis Vázquez en el cartel.

El cartel inicial era Antonio Ordóñez como padrino y Paco Camino de testigo. Pero Ordóñez tuvo que ser operado de urgencia en París ese mes de marzo por su lesión de cadera y la terna quedó con Camino y Pepe Luis Vázquez. Aunque me hubiese gustado que Ricardo de Fabra hubiera completa el cartel porque se quería cortar la coleta.

Usted eligió los toros.

Sí, antes las figuras no imponían sus ganaderías. Pero sí que en las Fallas todos querían torear conmigo y aceptaban los animales que yo elegía. Hasta Paquirri, Dámaso, Capea… Todos aceptaban la ganadería que yo pedía porque querían torear conmigo.

Eso sí que era mandar.

Y eso que era muy joven. Recuerdo que un año después de la alternativa propuse a la empresa torear toda la feria. Había seis corridas de toros, pero finalmente mi apoderado me quitó la idea de la cabeza para no ‘quemarme’ tan pronto.

¿Qué le dijo Paco Camino en el doctorado?

Me deseó la misma suerte que él había tenido en el toreo. Lo quiero como a un padre. Su quite por chicuelinas en el último toro fue precioso, todavía lo tengo en mi mente. Lo hizo herido en su orgullo, después de que yo hiciera uno por faroles de rodillas. Y Vázquez me pidió también hacerlo y la plaza vivió uno de los momentos de la tarde.

Y el sorismo despegó.

Sí, a los días corté un rabo en Castelló. Fue a un toro de Dolores Aguirre al que le daba de comer en la finca de Pedrés.

¿Es el último torero de València con más carisma?

Creo que sí. Era pasión, un amor recíproco. Yo podía cortar las orejas únicamente pegando manoletinas. Tenía al público muy entregado. Me sentía un ídolo del pueblo porque crecí en la huerta y me hice figura. La gente se identificaba conmigo para crecer en su vida. De novillero, los vecinos venían a verme labrar lechugas al campo de la misma manera que acudían a la plaza a verme torear.

¿Qué faena no olvida?

Un toro del Conde de la Corte muy áspero en La Coruña, que fue una faena de poder a poder, y uno de Diego Puerta en Córdoba. También hay otra en Benidorm a un toro de nombre «Matajacas», de Victorino Martín, en la que corté un rabo y siempre me la recordaba Victorino Martín padre.

El cartel con Esplá, Mendes y Soro era único.

Uno de los más taquilleros de la historia. Jamás entrenamos juntos y teníamos una sincronización única dentro del ruedo. Estábamos conectados mentalmente. De hecho, cuando entraron otros toreros en el cartel, la comunicación no fluía igual.

¿Os enfadabais?

Teníamos orgullo, nada más. Cuando el maestro Luis Francisco Esplá cuajaba un tercio de banderillas era muy difícil de igualar, sobre todo en los pares por dentro. Es el Joselito El Gallo de nuestra época, he aprendido mucho de él.

¿Y Víctor Mendes?

Era muy sincero. Cuando le daba un par de banderillas tenía la sensación de que le estaba dando la tumba porque no se aliviaba nunca. Tenía un suspense en el embroque del par muy auténtico. Además, los toros eran muy astifinos y lidiábamos la de Guardiola, la de Pablo Romero, la de Miura, Cuadri o Conde de la Corte.

Había que hacerles frente. Su técnica también marcó la diferencia.

Sí, si no la llego a tener, esas ganaderías me comen. El toro de antes tenía mucho genio, había que limar muchas asperezas, y en banderillas apretaban de verdad.

¿De quién aprendió esa técnica tan depurada?

De Paquirri, aunque Pedrés fue mi descubridor, quien marcó mi línea como torero y quien me puso en contacto con Paco.

De novillero vivió un año largo en Cantora.

De Paquirri aprendí la disciplina, el rigor, la capacidad de sufrimiento. Era un «rambo» del toreo, hecho a prueba de bombas. Recuerdo que una vaca le pegó una cornada entrenando y él mismo se la cosió sin anestesia ni calmantes.

La tauromaquia de Dámaso González también le impactó.

Su técnica y su temple eran únicas. Recuerdo un tentadero en Los Derramaderos (Carlos Núñez) junto a Dámaso y Paco Ojeda. Yo era novillero y toreamos vacas viejas, cuajadas. Me oriné en los pantalones del miedo que pasé viéndolos torear. Para no parecer que me había meado, me eché encima agua y disimulé las manchas.

¿Ha superado la muerte del maestro Paquirri?

La superé con mucha afición y fe porque la muerte de Paco, como la del Yiyo, son irreparables. La prensa me acosaba cada vez que iba a torear. Era el único superviviente de Pozoblanco y la pregunta era la misma: «¿Usted cree que lo va a matar un toro?». Todos tenemos la fecha de nuestra muerte fijada, un destino, pero no lo vemos.

La rodilla izquierda ha sido su calvario tantos años.

De niño tuve malformaciones congénitas en mis rodillas. Luego he sufrido triadas, tumoraciones y hasta un virus de quirófano que me tuvo apartado 20 años de los ruedos. En abril pasaré por el quirófano para ver si me vuelven a poner una prótesis o me amputan la pierna.

Pudo reaparecer gracias a Pedro Cavadas.

Mi única pena era no volver a torear y gracias a la pierna biónica volví a hacerlo en Xàtiva y en la Feria de Fallas de 2015. Gracias a Cavadas y, sobre todo, a mi pareja Eva, que ha estado a mi lado durante mi recuperación. Recobré la autoestima, la credibilidad y la confianza. Ese 2015 en València me tuve que retirar definitivamente.

¿Por qué?

Porque ya había conseguido lo que quería. Y creo que el mensaje fue mucho más allá por la historia de superación y el ejemplo que supuso.

La prótesis le hizo estar al borde de la muerte.

Sí, me produjo una grave sepsis que me tuvo en la UCI. Antes de que me sedaran, llegué a planear mi entierro y elegir el traje de luces con el que quería que me amortajaran. Pero puedo decir que soy el único torero que ha resucitado porque pasé de un fallo multiorgánico a recuperarme en días. En el parte médico ponía «resucitación del paciente».

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