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Diego Urdiales: "La pureza es egoísta"

El maestro de Arnedo torea hoy junto a José María Manzanares y Roca Rey con reses de la ganadería de Victoriano del Río - "Cuando toreas con pureza no piensas en el triunfo", afirma

Curro Romero, Espartaco y Diego Urdiales en una jornada de campo.

Diego Urdiales viene de recoger el premio a la «Mejor estocada» de la Maestranza de Sevilla. También estuvo en la gala de San Isidro, plaza madrileña en la que actúa dos tardes. Habla desde el coche, con kilómetros por delante hasta llegar a València, coso en el que esta tarde torea junto a José María Manzanares y Roca Rey frente a la ganadería de Victoriano del Río. Es uno de los carteles estrella de la Feria de Fallas.

La primera pregunta que él hace, antes de iniciar la entrevista, es evidente: «¿Hace mucho aire?». Luego también pregunta si llueve, claro. La predicción del tiempo le tiene en vilo, pero está tranquilo. Sin nervios, con confianza: «Voy muy ilusionado porque es una plaza que todavía no me ha visto en plenitud», manifiesta.

Porque para él, torear es poner su vida interior al servicio del toro a través de ese destello constante que quiere materializarse en forma de emoción, de convulsión. Su toreo es un calambrazo, un dialecto sonoro, auténtico y, sobre todo, impasible al tiempo: «Mi objetivo, cuando toreo, es que la gente me recuerde por lo sentido», dice sin titubeos a pesar del embravecido paso del tiempo hoy en día. Pero insiste: «La idea es producir arte a través de mis sentimientos y de mis emociones para lograr una faena que deje huella».

Su filosofía es clara, pero es difícil de llevarla a cabo todas las tardes. En 2021 lo logró en Vistalegre, pasando por Burgos, Colmenar Viejo, Logroño y hasta la Maestranza de Sevilla: «Ha sido la temporada que más toros me han embestido, he tenido suerte en los sorteos». Sobre qué faena del año pasado elige, explica que «no pienso en las faenas que he hecho. Es muy peligroso hacerlo porque cerebralmente no me liberaría para poder crear otra. Solo pienso en la que vendrá, en buscar ese matiz que me haga evolucionar. Velázquez no olvidó Las Meninas y nunca más se superó como pintor».

«Me nutro de mis sensaciones interiores y, ese sentimiento, me lleva a un estado extraño, maravilloso, que me hace emocionarme». Esa es la clave de la tauromaquia de Diego Urdiales: emocionarse toreando, pero ¿cómo se logra? «Con los años. Cuanto más conocimiento he adquirido, más posibilidades he tenido de llegar a ese momento sublime». A través de ese conocimiento -asevera- se llega al dominio del toro «para intentar torear mejor cada año», su máxima obsesión.

A la pregunta de cómo logra evolucionar un torero, expone que «buscando y ejecutando constantemente. Desde el sofá de casa, hasta en los tentaderos y toreando de salón»: «Últimamente he llegado a la conclusión de que la colocación de un dedo de la mano hace el muletazo más largo y, por tanto, más duradero, más profundo». Explica que toda la tensión que pueda haber en cualquiera de los dedos en medio de un pase influye en el «muñecazo» final para proyectar al toro.

Sobre dos virtudes que destacan especialmente en su concepto como la naturalidad y la pureza, el torero de Arnedo revela que «la pureza es un acto egoísta del torero porque, cuando la llevas al máximo extremo, el que más disfruta es uno mismo». Más en concreto, aclara que, si hay pureza, ese muletazo o ese lance pueda ser el último: «Cuando toreas con pureza no piensas en el triunfo, ni siquiera en el muletazo de después. Por eso es egoísta, porque buscas la satisfacción interior antes que la del público». La naturalidad va ligada a esa pureza: «La naturalidad es no buscar nada impostado en el toreo. Que aquello fluya con la misma sencillez, con el mismo compás que el cauce de un río sereno», concluye.

Y es que su madurez culminante impregna de una hermosura inédita cada muletazo, cada natural. Y eso no debería olvidar. 

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