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Emilio de Justo: "Busco la excelencia de mi toreo cada día"

Es el gran triunfador de 2021 tras sus dos puertas grandes seguidas en Las Ventas y su gran tarde en Sevilla. Ahora debuta en la Feria de Fallas

Emilio de Justo, durante un tentadero en Victoriano del Río. A. Romero

La palabra de Emilio de Justo está impregnada de serenidad. La agudeza y la perspicacia con la que habla denotan una madurez que también se traduce cada tarde delante de la cara del toro. El espada de Torrejoncillo (Cáceres) ha saboreado esta temporada más que nunca porque, después de «anteponer el toreo a prácticamente todo en mi vida», ha recogido sus frutos: debuta en la Feria de Fallas como matador de toros -ya lo hizo en la Feria de Julio del 2019- en un cartel de campanillas. Le esperan El Juli y José María Manzanares frente a los toros de Garcigrande. Pero no es para menos. Él ha sido uno de los máximos triunfadores del 2021. Y los triunfos, en el toreo, son la ley que más se premia.

Al fin, debuta en Fallas.

Es un sueño, la verdad. Ya toreé en la Feria de Julio, pero este es un cartel tan redondo, tan bonito y con tanta expectación que estoy muy ilusionado.

¿Qué espera de la tarde?

Voy preparado para que sea un día importante. Estoy muy concentrado para ser capaz de dar mi mejor nivel.

¿Cómo se ha preparado?

Soy una persona que vive prácticamente las 24 horas para el toreo. Me preparo mucho también psicológicamente, pero sobre todo lo que más me ayuda es torear en el campo.

¿Por qué?

Ahí es donde realmente veo mi progresión y donde trato de mejorar. Esa mezcla de metalización y torear en el campo me hace creer en mí y ser un torero con la preparación mental suficiente para tener confianza y mucha seguridad delante del toro.

¿Es exigente?

Sí, tengo mucha autodisciplina. Vivir en torero requiere una disciplina muy férrea, muy dura. Y eso creo que nace de dentro, de la voluntad. Nadie está detrás de mi con una vara para que me entregue a la profesión. Ahí fijo hasta dónde quiero llegar como torero.

¿Cómo es esa disciplina?

Con mucha afición y vocación al toreo. De hecho, he antepuesto el toreo a prácticamente todo en mi vida, incluso hasta mi familia.

Pero desconectará.

A veces, aunque normalmente no relajo la mente porque estoy en un punto tan bueno de mi carrera que no tengo tiempo para olvidarme de lo que es el toro y el toreo.

¿No tiene otras aficiones?

Sí, el flamenco, el ciclismo y el fútbol. Mi ídolo siempre ha sido Camarón de la Isla, un genio tocado por la varita del arte. Cuando escucho flamenco, me vengo arriba en los momentos complicados.

¿Qué objetivos se ha marcado para esta temporada?

Voy a ir día a día, como hice el año pasado. Porque empezamos la temporada en el mes de abril, pero realmente no se sabía qué iba a pasar. No quiero pensar más allá de cada corrida, sino tratar de salir a la plaza para expresar mi toreo y convencer al público.

Emilio de Justo, en un natural. A. Romero

¿Es una forma de quitarse presión?

Sí, no quiero fijarme un número de festejos toreados ni un número de triunfos porque sería un estrés. El cuerpo y la mente no lo aguantarían con la presión que hay cada tarde. Lo que sí creo es que hay que mantener la calma en los días difíciles y no endiosarse en los triunfos.

Ha tenido motivos suficientes para endiosarse este 2021.

Ya, pero por mis 39 años y los tantísimos años que he pasado en el ostracismo, he encontrado ese equilibrio. Por eso, cuando triunfo me alegro más por la gente de mi alrededor que siempre ha estado a mi lado, que incluso por mí, porque les veo disfrutar mucho.

¿Cuáles son sus metas técnicas este año?

Intentar torear cada vez más despacio, más reunido, y ser consciente de que hay que hacer esfuerzos porque el toro bueno no sale todas las tardes. Mi base es el toreo clásico, ese de la verdad y de la pureza.

¿Qué es la pureza?

La entrega de un torero. Cuando te colocas delante de un toro de verdad y tiene que elegir entre la muleta y tú. También es donde más miedo se pasa.

¿Y cómo se mastica ese miedo ahí delante?

Con la costumbre. Es como cuando tienes que comerte un plato que no te gusta y no hay otra cosa. O como cuando hace frío y te pones una chaqueta. Hay que adaptar el cuerpo al valor con la mentalización. Y, a pesar del oficio y los años de trabajo, muchas tardes surgen dudas.

¿Por qué duda?

Porque soy humano. Un torero tiene muchas inseguridades también. Antes de una corrida me pregunto si seré capaz de triunfar, de estar a la altura de la plaza, de demostrar mi mejor nivel. Esas dudas son buenas porque te hacen estar comprometido con la profesión.

¿Cuál sería la cumbre de la temporada pasada?

Madrid, donde me han salido dos toros de triunfo o de fracaso. Tanto «Duende», de Victoriano del Río, como «Farolero», de Garcigrande, fueron dos toros muy fieros y muy difíciles de torear. Ambos tuvieron un punto de bravura, de casta y de existencia grandísimas. No fue fácil estar a la altura, pero creo que lo logré porque estaba mentalmente fuerte, preparado y maduro. Pero este año tengo que dar un paso más y, por eso, me encierro con seis toros en Las Ventas el Domingo de Resurrección. Le debo mucho a esa plaza de toros.

¿A qué se refiere?

La faena más artística, más redonda, la más soñada no ha llegado todavía. La faena en Arles al toro de Jandilla se acercó porque reunió todas esas virtudes que busco.

¿Cuáles son esas virtudes?

Busco la excelencia de mi toreo cada tarde. Tener la capacidad cuajar un toro de Victorino, Martín, como hice en Sevilla, sin salirme de mi concepto y cuajar ese toro de Jandilla en Arles. Sueño con ser un torero largo en el aspecto de tener la capacidad suficiente para tocar varios registros con diferentes tipos de toro y público.

¿Y eso cómo se logra?

Para que el toreo te de todo, primero hay que entregarle todo a él. Eso se logra con capacidad y motivación. Mi finalidad es llevar mi concepto a

la máxima expresión. 

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