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Análisis

Unas Fallas sin retorno

Roca Rey, Luque y Aguado han sido capaces de emocionar al público valenciano dentro de un ciclo con escaso argumento artístico. El mal tiempo, el precio de las entradas y la ausencia de toros en València durante dos años consecutivos han pasado factura

Roca Rey, en un pase cambiado por la espalda. Levante-EMV

La sensación que recorrió inevitablemente los tendidos cuando anunciaron la suspensión de la corrida de toros el día de san José fue triste, larga, fluctuante. Los nubarrones que cada día se apoderaban del cielo en la semana fallera también abrazaban a los absortos aficionados taurinos del “Cap i Casal” tras concluir antes de hora una de las Ferias de Fallas más cortas de su historia.

Las tres corridas de toros, una novillada con picadores y un festejo de rejones arrojan una pobre conclusión: València ha pagado caro estar dos años sin toros porque en ningún festejo se ha puesto el cartel de “No hay billetes”, un hecho insólito en los años previos al coronavirus.

El elevado precio de las entradas, incrementadas en un 5% y 12% en el tendido de sombra y en un 13% y 20% en el de sol en las corridas de toros, también ha jugado su papel negativo.

Ni Andrés Roca Rey, el torero con mayor tirón taquillero, fue capaz de agotar las localidades el 18 de marzo, día del cartel estrella junto a Diego Urdiales y José María Manzanares. Ni el propio Manzanares, base del ciclo con la responsabilidad de estar anunciado dos tardes, fue competente para tener ese impulso necesario en la taquilla que complementara los aforos los días 18 y 19 de marzo.

Evidentemente, la suspensión del festejo del día 19, con El Juli, Manzanares y Emilio de Justo en el cartel, era entendible por el estado del ruedo, un auténtico barrizal, impracticable para torear. Por la mañana, durante el festejo de rejones, no paró de llover. Pero, tras los rejones, ¿no se podían haber tirado sacos de arena y cubrir el ruedo con la lona? Quizá, si la entrada hubiese sido otra, con dos figuras en el cartel, se hubiera trabajado con la previsión necesaria para que no se hubiera suspendido. 

Por lo tanto, además de la incertidumbre después de dos temporadas sin festejos, el mal tiempo a cargo de la borrasca Celia también echó por tierra las reservas de entradas y de hoteles para asistir a las Fallas.

Por eso, la pena más grande que aboca este ciclo josefino es que, desgraciadamente, se le está poniendo cara de Feria de Julio. Ya sabemos lo que eso implica: hacer un ciclo corto, bajo mínimos, porque no es rentable. (Cada temporada, la empresa debe pagar 452.000 euros por regentar la plaza). Visto lo visto, parece que no hay retorno.

Los triunfadores

Respecto a los nombres de los triunfadores, habría que situar al de Roca Rey por encima de todos. Fue el único torero que desintegró el viento para, cómodamente, calibrar la embestida del bravo “Centinela”, de Victoriano del Río, el mejor toro que ha salido en Fallas. El joven peruano se levantó como un vendaval huracanado para hacer la mejor faena del ciclo josefino. Con su gélida determinación habitual, desplegó su tauromaquia y levantó pasiones con rebeldía y solidez. Pero, por primera vez desde su debut en 2016, no ha salido por la puerta grande de València y únicamente paseó una oreja.  

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El plomo de Daniel Luque en Fallas Fernando Bustamente

Daniel Luque y Pablo Aguado fueron los otros matadores de toros que puntuaron en la feria tras cortar una oreja cada uno en sus respectivas tardes. Quizá, la tarde de Daniel Luque marcó la diferencia con el resto. Por capacidad, entrega y clarividencia delante de los serios victorinos. El torero de Gerena ofreció una versión madura y solvente frente a dos ejemplares dificilísimos que pesaban en la muleta como el hormigón. Por su parte, Aguado tiró de clase para dejar muestra de su concepto puro y natural en la mala corrida de Juan Pedro Domecq.

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Pablo Aguado destaca en Fallas entre el hastío ganadero Germán Caballero

Finalmente, el valenciano Jordi Pérez, “El Niño de las Monjas”, demostró sus ganas por ser torero en la novillada con picadores de El Pilar y logró salir por la puerta grande. Se mostró como un novillero robusto y capaz. Hay madera. Menos mal. 

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"El Niño de las Monjas", primera puerta grande de Fallas J.M. López

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