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Análisis

La Feria de Julio, en urgencias

El tradicional ciclo en honor a san Jaime, despegado en su totalidad de ese 25 de julio, ha ofrecido una pobre imagen de público en los tendidos sin colgar el cartel de "No hay billetes"

El valenciano Román Collado da una vuelta al ruedo en la Feria de Julio de València CarlosGomez_litugo

Los más viejos del lugar, tras salir del último festejo de la Feria de Julio en la plaza de toros de València, hacían una reflexión en voz alta: «Esto no puede seguir así, hay que criticar».

Pero no es criticar por criticar. Es que a estas alturas de la temporada taurina valenciana, ya habría que decir que es un síntoma de extrema gravedad el hecho de que no se haya colgado el cartel de «No hay billetes» en el coso valenciano. Ni ahora ni en la Feria de Fallas. Ni en todo el año.

Ni el idilio de Andrés Roca Rey, ni la ambición de Morante ni la ilusión de los jóvenes aspirantes ni las ganaderías de primer nivel lo han conseguido. Nada. Que el coso de la calle Xàtiva no se haya llenado después de los años del coronavirus revela que ya es mucha la distancia que hay creada entre los valencianos y los toros. Y esa desafección tiene culpables. Porque una mala gestión de Simón Casas antes y durante la pandemia dejó una herencia difícil de remontar para Espacios Nautalia 360, la marca de Nautalia Viajes para la gestión integral de cosos taurinos en su primer año de empresa en la plaza de València.

La imagen de vacío que proyectaba el tendido de sol, en plena ola de calor y con el precio del sillón de rellano -última fila del tendido- a 42 euros, era tristísima y golpeaba sin piedad cada vez que entrábamos a la plaza. Como una punzada, un arañazo que señalaba directamente la urgencia en la que vive sucumbido, esperemos que por un tiempo concreto, este histórico ciclo veraniego.

Sobre todo, en la corrida de Luis Algarra, la de Fuente Ymbro y la novillada de Montealto. Esos tres días, la plaza, con unas 10.500 localidades, no registró más de un cuarto de aforo. Es decir, no llegó a 2.000 personas por festejo. Así, ni los verdaderos aficionados a los toros acudieron a la plaza por julio después de la pobre programación en la Feria de Fallas, con la suspensión de la última corrida de toros incluida. Solo la tarde Victoriano del Río con Morante y Roca Rey en el cartel llenaron la plaza en sus tres cuartos de aforo.

Por lo tanto, la Feria de Julio está, definitivamente, en urgencias. Es evidente que la gente no ha respondido y el triaje que debería hacerse es que necesita redefinirse, buscar otros horizontes, nuevas conexiones y, sobre todo, que València ofrezca un torero con el que los valencianos se apasionen de verdad. El ciclo en honor a san Jaime sería un paciente de prioridad absoluta con atención inmediata y sin demora. Su supervivencia es de riesgo vital.

Esa conexión con la gastronomía del proyecto «Mentaja’t la Fira» fue buena pero de nefasta puesta en escena tras incumplir la nueva normativa del Ayuntamiento de València. Habría que replantearlo con mayor acierto. La proeza de adelantar las fechas es sinónimo de abandonar tu esencia y tampoco ha funcionado. No se puede presentar un ciclo en València con la vista puesta en Santander y su Feria de Santiago. Toda la vida han sido compatibles, aunque también hay que tener en cuenta el pobre precedente de los años anteriores.

En el terreno artístico, Andrés Roca Rey marcó la diferencia con esa aura de Elvis renacido. Nadie ha toreado como él ni nadie ha levantado semejante pasión en los tendidos. Ni en toda la Feria de Julio ni en Fallas. Era euforia pura. Esa de las grandes tardes. Esa que solo aportan las grandes pasiones. Él puso al rojo vivo el coso de Monelón tras una tarde llena de ambición y rotundidad, con dos faenas perfectas técnicamente.

Además de la buena presentación de los toros en líneas generales de las ganadería participantes, la verdad sin filtros de Ángel Téllez frente a la corrida de Fuente Ymbro y la madurez de Ginés Marín y Daniel Luque delante los toros de Luis Algarra han sido las otras notas positivas del serial.

Entre los novilleros, Fonseca destacó por estar ya preparado para el toro y Jordi Pérez, «El Niño de las Monjas», tuvo el triunfo en sus manos. Porque supo torear por momentos muy bien al natural a dos excelentes novillos de Montealto, la tónica general del envío de Agustín Montes.

Finalmente, las clases prácticas del certamen «València busca un torero», donde triunfaron los valencianos Marco Polope y Borja Navarro, merecen un mayor espacio en la feria para darles mayor visibilidad. Quizá el fin de semana anterior o posterior a los festejos mayores. Y más todavía cuando la entrada es gratuita.

La Feria de Julio merece sobrevivir. Por historia, respeto y memoria. Ahora o nunca. Le va la vida en ello. 

El inicio explosivo de Roca Rey frente a "Jungla", de Victoriano del Río CarlosGomez_litugo

Victoriano del Río, ganadería talismán en València


Los toros más bonitos, equilibrados en peso y hechuras, fueron los mejores de la feria. Los dos tuvieron la armonía del conjunto. «Jungla», número 90 y de 529 kilos, colorado de pinta; y «Manisero», número 49 y de 540 kilos, negro axiblanco, se lidiaron en tercer y quinto lugar la tarde de Victoriano del Río y sirvieron en bandeja el triunfo a sus lidiadores. El primero, al que Roca Rey le cortó las dos orejas, fue pronto, humillador y tuvo una gran profundidad en su embestida. Pero no cumplió en el caballo y, por tanto, no se mereció la vuelta al ruedo concedida por el presidente. El segundo, que también fue premiado con el pañuelo azul, pudo merecerse algo más los laureles de la gloria póstuma por su actuación en varas. Este «Manisero», elegido como el mejor toro del ciclo por la Diputación de València, tuvo las virtudes que más busca el ganadero madrileño en su divisa: la clase y la obediencia. El presidente concedió ambas vueltas al ruedo tras la petición mayoritaria del público. En ese cuadro de toros estrella de la Feria de Julio también entraría el quinto de Fuente Ymbro, lidiado por Álvaro Lorenzo. «Manirroto», número 54 y de 545 kilos, negro listón de capa, tuvo una embestida vibrante y fue aplaudido en el arrastre. Fue un torrente de calidad y exigencia para salir por la puerta grande.  

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