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Una mansada de Talavante en Algemesí

Víctor Hernández pasea la única oreja del día del debut con caballos del valenciano Javier Camps, silenciado en sus dos novillos

Víctor Hernández pasea la oreja del tercero de la tarde. Prensa2

La imagen de Matías Tejela a mitad de festejo resumió la gris novillada vivida este miércoles en la Setmana de Bous de Algemesí. El maestro madrileño, que acompañaba a Víctor Hernández en las labores de apoderado, comía frutos secos -señal inequívoca del aburrimiento- sentado en el esportón de su matador.

El tedio invadió el palenque del municipio de la Ribera en ese momento y eso que el ruedo estaba lleno de niños y niñas con capotes y muletas, una escena nada fácil de ver en otros sitios de la piel de toro.

Aquí los niños se asoman por la boca de las entradas para ver la emoción que desprende el novillo cuando sale por chiqueros aunque no tengan entrada. Aquí los niños saben diferenciar entre una novillada con picadores y otro tipo de festejo con el simple hecho de ver a los caballos de picar en plena calle durante la previa del paseíllo. Aquí los niños gritan “¡No volem escola!” para ir a las novilladas por la tarde con su mejor sonrisa.

Porque acudir a Algemesí es infiltrarse en un ritual cotidiano cada última semana de septiembre. Es un pueblo tremendo, una urbe preñada de emociones con cantidad de toreros jóvenes y ganaderías de categoría. Es la metrópolis expandida por la que respira el toreo estos días en Valencia.

El titular de la tarde es que Víctor Hernández cortó la única oreja de una mansada de Alejandro Talavante, matador que recibió el premio al mejor novillo de la feria en 2019 tras presentar un excelente ejemplar de vuelta al ruedo, de nombre "Compañero". En líneas generales, lidió cuatro novillos flojos, sin fondo y con poca entrega.

Hernández, que causó baja del cartel de la Setmana de Bous en 2019 por lesión, paseó un apéndice en el tercero de la tarde, el animal más toreable del encierro. Faltaron ciertas apreturas, pero sujetó al novillo y templó la embestida con profundidad, especialmente por el pitón izquierdo. Ahí surgieron los mejores muletazos del día y, tras un estocada rinconera, paseó la mencionada oreja. Antes, Marcos Prieto Carbajo se desmonteró en banderillas. En su primero se estrelló con un manso de libro y escuchó palmas.

El valenciano Javier Camps, que debutaba con picadores, pudo cortar una oreja en el cuarto y último de la tarde. Un novillo huidizo, al que tampoco le sobraron las fuerzas, y que le permitió expresar a medias lo que llevaba dentro: un concepto de marcado estilo clásico. Hubo suavidad, gusto y se apreció la voluntad de torear despacio. Pero el animal se apagó demasiado pronto, aunque su falta de oficio tampoco le ayudó. En ese novillo, el valenciano Sergio Pérez se jugó el tipo para banderillear y también saludó una ovación. El mal uso de los aceros emborronó sendas actuaciones. En su primero se mostró dispuesto. Pero nada más. Eso fue todo.

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