Borja Jiménez gana su apuesta en Las Ventas

El diestro sevillano se convierte en el triunfador de San Isidro después de tener en suerte a tres toros de gran categoría: 'Experto', de Santiago Domecq; 'Garañuelo', de Victorino Martín; y 'Dulce', de Victoriano del Río

Borja Jiménez sale por la puerta grande de Las Ventas el pasado viernes.

Borja Jiménez sale por la puerta grande de Las Ventas el pasado viernes. / Plaza 1

Jaime Roch

Jaime Roch

No era fácil. Pero Borja Jiménez, el torero revelación del año pasado que conquistó la gloria en la Feria de Otoño, logró ganar su apuesta en el penúltimo festejo de San Isidro tras tener la suerte de su lado en cada tarde. No podía estar mejor acartelado -tras una trabajada y tan acertada negociación de Julián Guerra- en la mejor feria del mundo: Santiago Domecq, Victorino Martín y Victoriano del Río como última bala en la recámara de su envite. Y en cada una de ellas tuvo tres toros de gran categoría: 'Experto', de Santiago Domecq; 'Garañuelo', de Victorino Martín; y 'Dulce', de Victoriano del Río.

Justo a la hora del paseíllo del viernes 7 de junio revoloteaba un ambiente de máxima expectación: era la última tarde de Andrés Roca Rey en la programación isidril y, con la presión casi belicista que ello conlleva, minutos antes, por los aledaños de Las Ventas, ya se había diseccionado de arriba abajo los toros de la ganadería de Guadalix de la Sierra que saldrían a partir de las 19 horas. Frente al restaurante ‘Puerta grande’, que se levanta como la sede de la Asociación del Toro de Madrid, había una especie de concentración de disidentes: apuraban una cerveza con serruchos de cartón en una bolsa como medida de protesta frente a los ejemplares elegidos por las figuras.

Antes de ese día, con el enésimo ‘No hay billetes’ de San Isidro en unos tendidos que perseguían el cataclismo de la emoción única que producen los toros, el diestro de Espartinas (Sevilla) -torero de infalible capacidad- tuvo en suerte otros dos animales de máxima importancia en la feria. El primero fue 'Experto', número 29, de Santiago Domecq, que rompió en extraordinario en su muleta, donde sacó su tremenda casta, su transmisión, su punto de fiereza incluso en un encuentro apoteósico, durísimo que fue entrega total por parte de los dos: el torero sevillano logró sobrevivir al vértigo tentacular de una embestida nada fácil y que también tuvo las virtudes de la humillación y la profundidad. Paseó una oreja previo pinchazo y estocada.

Un extraordinario muletazo de Borja Jiménez a 'Dulce', de Victoriano del Río

Un extraordinario muletazo de Borja Jiménez a 'Dulce', de Victoriano del Río / Plaza 1

Garañuelo, una locomotora de emoción

El segundo fue 'Garañuelo', número 78, de 590 kilos, de Victorino Martín. Y saltó en la Corrida de la Prensa, presidida por el rey Felipe VI. Jiménez, puesto sin pruebas, ataviado con un vestido de un color y con un bordado idéntico al que sacó 'El Niño de la Capea' la tarde de su gran faena a un "victorino" en la también Corrida de la Prensa de 1988, se encontró con un toro cortado a la medida del encaste Albaserrada: fue una locomotora de embestir en la muleta, sobre todo, por el pitón derecho, por donde exigió entrega, verdad y mucha capacidad. Qué manera de humillar y transmitir emoción tuvo el animal con su exigente forma de colocar el hocico. Desde su inicio tuvo los honores de la bravura… Así que pocos toros en 2024 han contado con esa clase sostenida de 'Experto', constante de principio a fin de faena, y esa exigencia de la bravura suprema en la embestida de 'Garañuelo'.

Los dos toros anteriores tuvieron en común la exigencia y la transmisión de la casta, en dosis y modos distintos, y el punto temperamental tan característico de los toros de Santiago Domecq y Victorino Martín, sangres tan distintas y, a veces, tan parecidas en su exigencia.

La puerta grande

Así que el día de los ejemplares elegidos por las figuras saltó en segundo lugar 'Dulce', un toro de bravura y clase excelentes que, si cabe, es más difícil de estar a la altura porque requirió imprimirle un ritmo a los muletazos tan comprometido, tan inaccesible muchas veces porque el animal se ralentizaba en el embroque y se entregaba en su profundidad máxima. La faena de Borja Jiménez fue tan honda como redonda. Por ajuste, por largo metraje en el número de sus muletazos y en el trazo de sus series. Fue un interminable manto hirviente de emoción en la plaza, sobre todo, por la hondura global de sus muletazos. Lo vio toda Las Ventas menos el presidente, José Luis González González, que le negó la segunda oreja. Una decisión que hizo rozar el escándalo público. Pero el diestro sevillano, que paseó una oreja de 'Dulce' y fue obligado a dar dos vueltas al ruedo, cortó otro apéndice a un sobrero de Torrealta en la tarde de su consagración: se fue a recibir a los tres toros a la puerta de chiqueros. Y es que el hambre de la gloria que le corre por dentro lo ha elevado a los cielos en la plaza más importante del mundo. Es lo que tiene ser tan buen torero.

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